Inmersos en un mar de gente, cientos de miles de jóvenes –casi todos estudiantes– en Washington, DC, Parkland, Los Ángeles, Londres, París, Berlín, Amsterdam, Sidney y otras ciudades del planeta, enviaron un diáfano y brioso mensaje en la reciente global ‘Marcha por Nuestras Vidas’: nunca más –a los tiroteos en las escuelas– y acabar con la inacción de los políticos que no hacen nada para prevenirlo. Para miles de jóvenes, que participaron en la marcha, es su primer acto de protesta. El comienzo de un despertar cívico que los políticos no podrán ignorar más. Esas recias voces juveniles se escucharon con nitidez: “Si ellos continúan ignorándonos para solo pretender escucharnos, entonces tomaremos acciones donde realmente cuenta…” en las urnas. La inacción de los adultos ha empoderado a una nueva generación de activismo político. La solución que los marchantes desean dependerá, ciertamente, del hecho de ganar elecciones. Por lo pronto, el primer barómetro serán las elecciones de medio periodo en noviembre próximo.

Para los jóvenes, el control de armas es un tema provida. Protejer la vida en todas su formas y en todos sus estados. Hacer todo lo posible para preservar y salvar la vida de las personas. Lo que suceda de ahora en adelante estará atado a la ‘Marcha por Nuestras Vidas’, una vívida toma de consciencia de la espiral de violencia en la que estamos inmersos, que no hubiera sucedido de no ser por los estudiantes que salieron a las calles a decir “nunca más” luego del tiroteo en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, que dejó un saldo de 17 muertos. Las marchas, en sí mismas, son una forma de generar una nueva conciencia colectiva y promover la solidaridad a mayor escala. Y no hay nada más democrático que ello desde la perspectiva de la opinión ciudadana. Las protestas tienen también su lado romántico y principista al margen de sus resultados innmediatos. Aun así se diluya como la sal en el agua queda siempre su presencia implícita, la idea de que algo pueda darse.

En que derivará la marcha. Eso está por verse. Mas, los mensajes son inequívocos. Pruebas al canto: ‘Este no es un momento, es un movimiento’ (Boston). ‘Joven furioso, listo para el cambio’ (Filadelfia). ‘América ama a tus niños, no a las armas’ (Sidney, Australia). ‘Los tiroteos masivos son americanos’ (Londres). ‘Marcha y vota’ (Parkland). ‘Puedes silenciar tus armas, pero no nuestras voces’ (Forth Worth). ‘Mi parte favorita de la Segunda Enmienda es donde dice: una bien regulada milicia’ (París). ‘Nunca más’ (New York). ‘¿Tus armas son más valiosas que nuestras vidas?’ (Amsterdam). ‘Nuestras vidas comienzan a terminar, el momento que decidimos quedarnos en silencio sobre los temas que importan’ (San Francisco). ‘Protejamos a los niños, no a las armas’ (St. Paul). ‘Libros, no balas, no armas’ (Austin). ‘¿Quién en tu familia tiene que morir por la violencia de las armas para que apoyes el control de armas? (Las Vegas). ‘Si no estás furioso, no estás prestando atención’ (Salt Lake City). ‘Ya no acepto más las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar’ (Phisfield). ‘Las balas no son útiles escolares’ (Jackson). ‘Respeta nuestra existencia o espera nuestra resistencia’ (Atlanta). ‘Las zonas escolares no deberían ser zonas de guerra’ (Houston). ‘Tengo un sueño, niños antes que las armas’ (Oklahoma City). ‘El derecho a la vida’ (Portland). ‘Las armas han evolucionado, la Segunda Enmienda no’ (Fort Worth).