El cardenal Donald Wuerl habla con los sacerdotes 
de la Arquidiócesis de Washingtonsobre la importancia del trabajo pastoral.  Foto/Jaclyn Lippelmann
El cardenal Donald Wuerl habla con los sacerdotes de la Arquidiócesis de Washingtonsobre la importancia del trabajo pastoral. Foto/Jaclyn Lippelmann

Una de las notas más claras que durante estos años he podido constatar y valorar es el gran celo pastoral que todos los sacerdotes, religiosos y religiosas tienen en el ministerio parroquial por toda la feligresía de nuestra arquidiócesis. La preocupación constante por la evangelización de nuestras comunidades, la disponibilidad al acceso de un servicio social y la apertura misma de todas nuestras parroquias a la comunidad inmigrante es evidente. Ese celo pastoral y trabajo constante, muchas veces silencioso, tanto de consagrados al ministerio sacerdotal como a la vida religiosa, se torna en un auténtico testimonio de vida cristiana que infunde una gran mística en la vida diaria de la comunidad de creyentes.

Nos colma de esperanza que no solo tenemos sacerdotes hispanos sirviendo a nuestros inmigrantes, sino que también contamos con veinte sacerdotes anglosajones que hablan español o que todavía continúan aprendiéndolo. Y, como bien lo dicen muchos de ellos, no solo aprendemos el español, sino también las diferentes culturas de la región. Cada uno de ellos se ha dado cuenta que para favorecer un encuentro se necesita una herramienta fundamental de comunicación que es un idioma en común para asegurar un verdadero entendimiento. Recientemente escuchaba a un sacerdote que está aprendiendo español, cómo con gran gozo reconocía el valor de poder tener esa herramienta que le permite administrar los sacramentos a quienes lo necesitan y también acompañar en los momentos tan difíciles que muchas de nuestras familias están atravesando en el presente.

Podemos afirmar, por tanto, que la solidaridad nace del encuentro de todo ser humano con su semejante, con el conocimiento de su realidad y del amor y servicio que se le pueda brindar. Especialmente el acompañamiento que hace humana y cercana la convivencia humana. A lo mejor esa es una de las más claras experiencias de la predicación del Evangelio, Jesús acompaña a quien está en necesidad. Dios no vuelve la espalda al necesitado.

En esta semana previa a Pentecostés pidamos en la novena al Espíritu Santo por todos aquellos inmigrantes que se encuentran en momentos de necesidad y de angustia, para que todos y cada uno de nosotros seamos instrumentos del amor del Señor Jesús y así podamos comprometernos en la construcción de un mundo pleno en el amor y en la misericordia y solidaridad, con quienes están a lo mejor en sus propias casas o familias. La caridad comienza en casa y de allí se extiende a la comunidad, a la sociedad y al mundo entero.