El obispo Mario Dorsonville (centro) reunido con parte del equipo arquidiocesano que estará presente en el V Encuentro de Pastoral Hispana. (Foto/archivo)
El obispo Mario Dorsonville (centro) reunido con parte del equipo arquidiocesano que estará presente en el V Encuentro de Pastoral Hispana. (Foto/archivo)

Queridos hermanos y hermanas: No podríamos ignorar el convulsionado y penoso tiempo por el que atraviesa en estos momentos nuestra Iglesia. Parece ser que el tiempo se ha detenido y hemos regresado a los comienzos de este siglo, cuando en el año 2002  escuchamos y vivimos todos las terribles noticias del abuso a menores de edad por parte de los miembros consagrados de la Iglesia. Evidentemente, esto es un pecado muy grande y un crimen que desafortunadamente es muy difícil reparar. Nos sentimos profundamente avergonzados y debemos pedir perdón. 

Es este un momento muy especial en donde todos debemos orar por las víctimas de este crimen para que puedan sanar las heridas ocasionadas en el pasado y seguir construyendo su existencia con la fuerza del amor y la esperanza que todos, por nuestro espíritu cristiano, estamos llamados a ofrecerles en nombre de Jesús.  

Es necesario recordar y enfatizar que durante estos últimos quince años los esfuerzos han sido grandes por parte de las diócesis en Estados Unidos para evitar estos crímenes. Las políticas y regulaciones se han dado y se han puesto en práctica. Aunque las noticias no lo dicen, es importante saber que se ha avanzado y en un muy significativo número los casos de abuso han disminuido significativamente. 

Las nuevas generaciones de sacerdotes son una verdadera esperanza para la Iglesia de Dios. Su carisma por alcanzar la santidad de vida y el amor eucarístico, se hace palpable en el trabajo que a diario nuestros sacerdotes realizan en nuestras parroquias. También contamos con cientos de sacerdotes que por muchísimos años han vivido una vida santa y buena al servicio de la Iglesia particular de Washington. Ustedes lectores les conocen por su nombre y saben que han sido y son verdaderos instrumentos de Dios en sus vidas en sus familias. 

Oremos, oremos por toda la Iglesia que tiene la responsabilidad de trabajar por la salvación del género humano. Obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos somos un cuerpo al servicio de ese Espíritu Santo que nos guía y nos hacer ver claramente la ruta, que en nombre de Dios, debemos todos continuar caminando. 

Qué a las puertas del V Encuentro de Pastoral Hispana podamos ver y entender que es lo que la familia inmigrante necesita, de nosotros los consagrados al servicio de Dios, y descubriendo la voluntad de Dios no vacilemos en decir todos al unísono, Señor aquí estamos para ser tu voluntad, haznos fieles discípulos misioneros de tu amor. 

Qué Jesús que lleva la barca de la Iglesia durante la tormenta por su amor y deseo de salvación, calme las aguas y todos podamos vivir la paz de los hijos e hijas de Dios que nos lleva a proclamar con alegría la buena noticia de la salvación.