El Sacramento de la Santa Eucaristía. (Foto/archivo)
El Sacramento de la Santa Eucaristía. (Foto/archivo)

Son muchas las malas y tristes noticias que nos perturban y a lo mejor cuando estas son de nuestra propia Iglesia, podríamos llegar a sentirnos un tanto confundidos. Sin embargo, en vez de mirar una pequeña parte de un cristal roto de un gran vitral, estamos todos invitados a mirar ese gran vitral –que es La Iglesia– fundada por El señor Jesús, que por más de 2.000 años no ha cesado de dar frutos de santidad y profundo compromiso con la vocación a la que hemos sido llamados todos desde el mismo día de nuestro bautizo. Y, en la promoción y el amor al prójimo en la persona de Jesucristo, somos sus instrumentos y queremos servirle hasta que Él nos tenga en este mundo.

En cada misa dominical, durante la recitación del credo, a la Iglesia la profesamos como una santa, católica y apostólica. Si Cristo nos hace uno en la Eucaristía, no debemos olvidar que es a Cristo a quien vamos a encontrar en la vida sacramental de la Iglesia, no a los hombres, sino a Dios. Los hombres somos tan solo  instrumentos de ese amor de Cristo, el sacerdote bueno y santo que cada domingo lleno del Espíritu Santo y amor por el pueblo de Dios celebra la Eucaristía nos hace presente la vida de Dios que pasa a ser vida en nosotros por el Sacramento de la Santa Eucaristía.

Así pues, queridos hermanos y hermanas en Cristo, continuemos orando por nuestra Iglesia particular de Washington, para que Jesús Eucaristía nos ilumine en la tribulación y nos dé siempre la alegría y el gozo de poder confirmar con nuestra voluntad de amarle, el deseo infinito de seguirle y cumplir en nuestra diaria vida su voluntad.
 
Con mi bendición y oración por todos y cada uno de ustedes.