La familia es la escuela de oración y el lugar propicio para crecer en el conocimiento de la persona de Jesucristo. (Foto/archivo/Jaclyn Lippelmann)
La familia es la escuela de oración y el lugar propicio para crecer en el conocimiento de la persona de Jesucristo. (Foto/archivo/Jaclyn Lippelmann)

Nuestro pastor, el cardenal Donald Wuerl, ha escrito un Plan Pastoral que ha de ser implementado en los meses que vienen y que tiene por objetivo la aplicación –en la vida de nuestras comunidades parroquiales y movimientos apostólicos–  de las enseñanzas que el Santo Padre nos habla en su reciente carta sobre el valor de la familia titulada ‘La alegría del amor’ (Amoris Laetitia).

Esta es una gran oportunidad para que una vez más las enseñanzas de la Iglesia confirmen la irremplazable necesidad que la humanidad y particularmente nuestra Iglesia tienen de fomentar el valor de la familia. Sabemos todos muy bien que sin la estructura y el don de la familia no hay futuro para la humanidad. El señor cardenal comenzará una seria de comunicaciones en inglés y español que serán insertados semanalmente en el boletín parroquial de su parroquia.

Los temas a referir son un resumen de la carta pastoral del papa Francisco que nos recuerda elementales, pero fundamentales, aspectos que favorecen el crecimiento de una familia y el aprecio que las nuevas generaciones deben tener por la misma. 

La familia es escuela de oración y lugar propicio para crecer en el conocimiento de la persona de Jesucristo. Es lugar de convivencia y de solidaridad para con las familias que sufren y son desmembradas por diferentes circunstancias de la vida. 

En el Plan Pastoral el señor cardenal desea continuar formando en los elementales consejos de diálogo, perdón mutuo y vivencia del amor a las familias de la arquidiócesis. Fortaleciendo la institución de la familia, ella se continúa proponiendo como la primera evangelizadora de los niños y los jóvenes. La familia está llamada a ser la educadora de la fe.

La familia a la vez debe nutrirse de la vida sacramental de la Iglesia. Los padres están invitados y por fe deben transmitir el conocimiento de Dios trinitario por la recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana de los hijos. 

El Bautismo, la Comunión y la Confirmación son sacramentos que infunden la gracia de Cristo y que día a día alimentan la vida   espiritual de padres e hijos. Nadie puede crecer en la vida espiritual lejos de la presencia y el amor de Cristo. 

Con gran entusiasmo deseo invitarles a que se acerquen a sus parroquias para poder participar en este proceso que nos llevará a todos a un serio compromiso por fortalecer nuestras familias y la educación que las familias están en la obligación de dar a los hijos.   
Mi bendición y oración por la gran familia hispana.