Monseñor Mario Dorsonville, obispo auxiliar de Washington (centro), rodeado de parte del equipo de líderes hispanos que representará a nuestra arquidiócesis en el V Encuentro. Foto/Jaclyn Lippermann
Monseñor Mario Dorsonville, obispo auxiliar de Washington (centro), rodeado de parte del equipo de líderes hispanos que representará a nuestra arquidiócesis en el V Encuentro. Foto/Jaclyn Lippermann
En días pasados fui invitado a celebrar la Santa Eucaristía con la comunidad de Langley Park, Maryland, que pertenece a la parroquia de San Camilo, donde existe –ya por algunos años– la tradición de hacer una misión parroquial, que consiste en salir a evangelizar casa por casa a quienes estén abiertos a la invitación de Jesús a seguirlo, a participar en la eucaristía dominical de la comunidad y a ser parte integrante de un grupo concreto de creyentes. 
Me asombró el encontrar en la citada comunidad a por lo menos 120 misioneros motivados a participar en la santa eucaristía dominical, en donde fueron enviados a esta misión que se está realizando en la parroquia durante todo el mes de julio.
En los rostros de los misioneros y en la forma que la comunidad celebra el encuentro con Jesús, en la fracción del pan, se hace evidente un verdadero compromiso y presencia del Espíritu Santo. Es la vida de todas las familias y la alegría de estos misioneros que asumen su papel de ser enviados de una forma radical y con gran celo apostólico, sabiendo que todos ellos no son más que simple instrumentos del poder y el amor de Jesús en la vida de quienes a lo mejor se sienten, en estos momentos de tanta tensión para la comunidad inmigrante, un tanto solos y olvidados. 
Somos solidarios, no indiferentes. Por esta razón el V Encuentro de Pastoral Hispana Nacional, nos continúa invitando a ser lo mejor que podamos para facilitar la evangelización en nuestro tiempo.
Ya hemos celebrado el Encuentro a nivel diocesano y de nuestra Región. Estos días de reflexión y profundización a nivel de fieles y liderazgo latino, nos ha colmado de profunda fe y esperanza en el futuro que la Iglesia en Estados Unidos tiene por la presencia hispana en nuestras diócesis a lo largo y ancho de la nación. 
La Iglesia Católica crece porque todos estos misioneros y misioneras extienden una invitación de Jesús y  con su testimonio de vida enriquecen y hacer fuerte esa llamada de Dios.
Vamos todos adelante, con gran alegría a continuar dando lo mejor de nosotros mismos que no es otra cosa, sino la experiencia de Jesús vivo en la vida sacramental de la Iglesia. El Espíritu Santo confirma nuestros pasos y penetra los corazones de aquellos que necesitan escuchar la voz de Dios.
Con mis oraciones por todos y cada uno de ustedes.