Monseñor Mario Dorsonville, obispo auxiliar de Washington, imparte el sacramento de la confirmación a una joven hispana en la parroquia de San Bernardo en Maryland. (Foto/Jaclyn Lippelmann)
Monseñor Mario Dorsonville, obispo auxiliar de Washington, imparte el sacramento de la confirmación a una joven hispana en la parroquia de San Bernardo en Maryland. (Foto/Jaclyn Lippelmann)

A mediados de junio concluirán las celebraciones de las confirmaciones en las parroquias de la Arquidiócesis de Washington. Para los confirmados y los que se van a confirmar hay un momento especial, en su preparación espiritual y en su vida de oración, que es el recibir la invitación a identificarse con la vida de un santo y tomar su nombre para el día de la Confirmación.

Los santos han jugado un papel muy importante en la vida de la Iglesia. Su testimonio de vida en el amor a Cristo y seguimiento de su Evangelio han sido un principio enorme de inspiración para muchos de abrazar la vocación a la santidad de vida. 

Desde el comienzo de la Iglesia, todos los santos, hombres y mujeres, se han apasionado en el seguimiento de Cristo y han podido descubrir en el rostro de las personas que les rodean, el rostro de Jesús. De esta manera, después de más de veinte siglos, la Iglesia sigue inspirándose en esos modelos de vida cristiana que hoy más que nunca debemos pedir por su intercesión y, a la vez, seguir su ejemplo.

Nos llena de alegría que nuestros jóvenes confirmados siempre eligen un nombre de un santo para su confirmación con un especial énfasis en el servicio y el amor a Dios y al prójimo. 

La virgen María es regularmente escogida en muchas ocasiones en diferentes advocaciones. La Madre Teresa es siempre un nombre que constantemente es elegido. Los  nombres de los apóstoles y  de los santos pontífices y aún de algunos obispos son también frecuentemente inscritos en el pecho de nuestros confirmados. Evidentemente, si pensamos bien, San Juan Pablo II tiene tanto que decirles a los jóvenes. El beato, próximamente santo, Óscar Romero también con su vida y martirio inspira a muchos de nuestros jóvenes salvadoreños que, desde la perspectiva de la historia, entienden muy bien cuál fue el sacrificio del buen pastor que cuidó del rebaño.

Lo más importante es que nadie olvide el nombre del santo en el día de su Confirmación. Los santos son también los caminos que nos llevan a la presencia de Jesús cuando recibimos la invitación del Espíritu Santo a seguir imitando sus vidas y virtudes. Los jóvenes –como constantemente suelo decirles– no son el futuro de la Iglesia, sino el presente más importante de la Iglesia porque sin ellos no tendremos ningún futuro. 

Ustedes queridos padres de familia esfuércense para que sus hijos continúen acercándose a la Iglesia los domingos y participen con sus amigos de las diversas oportunidades de evangelización que la comunidad parroquial les brinda a cada uno de ellos.

Oremos por la familia hispana y especialmente por su misión de continuar educando en la fe a todos nuestros niños, adolescentes y jóvenes.