Una transeunte duerme al lado de una estatua que representa a las personas sin hogar en la entrada principal del edificio de Caridades Católicas de Washington. Foto/CNS
Una transeunte duerme al lado de una estatua que representa a las personas sin hogar en la entrada principal del edificio de Caridades Católicas de Washington. Foto/CNS
Para muchos de nuestros inmigrantes el invierno siempre será una época del año un tanto dura de llevar, puesto que el frío, los días cortos y la ausencia del sol, producen siempre cierta nostalgia y afecta nuestro estado de ánimo. Sin embargo, siempre Dios proporciona las condiciones para que este frío pueda ser llevadero y poco a poco los meses van pasando y con la ayuda de los adelantos del presente, ciertamente el invierno puede irse sin que nos percatemos de los días y las noches largas y frías que en las calles se pueden llegar a sentir.?
Desafortunadamente no es así para todas las personas que viven en el área metropolitana de Washington. Hay muchos hermanos y hermanas que durante el invierno y su inclemencia, están sumidos en el frío de una banca de un parque o en los cartones que  sirven de colchón en una estación del metro. Muchas veces con lágrimas en sus ojos dicen esta noche es fría, muy fría, y mañana en la mañana será aún más frío y la vida debe  continuar para cada uno de nosotros. En otras palabras, parecería que la esperanza de la calidez de un techo se desvanece puesto que la calle no ofrece el ambiente cálido que el ser humano por naturaleza necesita durante el frío implacable del invierno.??
Sin embargo, es verdaderamente sorprendente el constatar que no existe una persona indigente que se queje, que no sonría o no exprese siempre su profundo agradeci-miento por la conversación, el café, la sopa, el abrigo o la visita que un grupo de jóvenes pueden hacerle en momentos cuando el frío y la soledad pueden ser los únicos compañeros. En estos rostros un tanto paralizados por el frío se encuentra el rostro de Jesús, que aunque un tanto descompuesto por el rigor del invierno, no vacila en apreciar y acoger a quien se le acerca. Verdaderamente mes tras mes todos los que pueden visitar a nuestros hermanos y hermanas que viven en las calles se llevan una verdadera lección de amor. Reflexionemos queridos lectores acerca de lo que nos preocupa y por lo que nos quejamos, comparado con lo que otros tienen que soportar y llevar a cuestas parecería que realmente no tendríamos que decir absolutamente nada.?
La vida brinda retos y en ellos encontra-remos siempre posibilidades para amar y servir a los otros. El mejor camino para salir de nuestras insatisfacciones y pesares de nuestro corazón, es el brindarnos con caridad y solidaridad al otro. Cuando salimos de nuestros egoísmos, encontramos el verda-dero sentido de nuestra vocación al seguimiento de Cristo. Vivir Jesusmente es decidirnos a salir de nuestro propio entorno, para encontrar el verdadero significado de la realización de nuestra vocación que es dar más que recibir. Qué en el comienzo de este nuevo año todos podamos preguntarnos qué estamos haciendo por nuestros hermanos y hermanas que necesitando nuestra presencia aguardan en el silencio de su soledad, la presencia de Dios que por nuestras obras y palabras pueden hacerse realidad en sus vidas.
Qué Dios nos bendiga y nos dé siempre un corazón noble que sepa entender y acoger a quien necesita tanto de nuestra presencia y solidaridad.