Estudiantes de escuelas católicas de 
la arquidiócesis de Washington cantan durante un servicio religioso. (Foto/Jaclyn Lippelmann)
Estudiantes de escuelas católicas de la arquidiócesis de Washington cantan durante un servicio religioso. (Foto/Jaclyn Lippelmann)

La semana pasada cerca de 200 re-presentantes de -las escuelas de la Arquidiócesis de Washington y más de 50 sacerdotes que trabajan en el Ministerio Hispano asistieron a un curso que la Universidad de Notre Dame (Latino Enrollment Institute) desarrolló en la facultad de Estudios Religiosos de la Universidad Católica de América. 

Fue una jornada muy positiva en donde se hizo una constante invitación para acercar los programas educativos de nuestras escuelas a las comunidades parroquiales, que de muchas maneras está a disposición de los estudiantes que nuestras escuelas tanto necesitan. La pregunta que los padres de familia siempre se hacen cuando se habla de la educación privada católica es si el precio corresponde al monto económico que este servicio representa. 

Miramos la labor educativa de la Iglesia no como  un negocio, sino como una misión, donde todos están llamados a colaborar. No hay educación privada gratuita, pero tampoco podemos seguir manteniendo la creencia de que no se pude financiar la formación de los hijos en un plantel educativo católico en el cual se asegura que los valores morales y religiosos van a la par de los científicos. 

No olvidemos que la mejor herencia que se le puede dar a los hijos es la educación. Esta se mantiene a lo largo de la vida y representa la mejor herramienta que un ser humano tiene para desarrollar su existencia en una sociedad. Si reflexionamos a fondo tenemos que reconocer que a nadie se le puede quitar o privar de lo que ha aprendido y forma parte integral de su ser. 

Por tanto, deseo invitarles a ustedes padres de familia y a lo mejor abuelitos a que consideren visitar la escuela de su parroquia o la parroquia vecina, a lo mejor se van a llevar una muy buena sorpresa al descubrir que sus hijos o nietos pueden ser parte de esa comunidad educativa. La educación y la enseñanza no es un privilegio para unos pocos, sino que es una necesidad de muchos. Por esta razón nuestras escuelas católicas buscan matricular a muchos de nuestros niños hispanos. Gracias a Dios, podemos decir que hoy al menos algunas familias están llevando a sus hijos e hijas a las escuelas parroquiales del la Arquidiócesis de Washington, una muestra de que nuestras aulas podrían albergar a más niños hispanos. 

Como decían nuestros mayores, la peor diligencia es la que no se hace, hablar con el párroco y el director de la escuela, hacer una visita para conocer el establecimiento, coordinar a lo mejor con amigos que tienen hijos para poder hacer un balance económico, y aplicar al mismo tiempo a becas, podría ser el mejor camino para que nuestros niños no tan solo crezcan en la sabiduría que ofrece la ciencia, pero también en el conocimiento de Dios y el espíritu cristiano. Nuestros niños son el presente y el futuro de la Iglesia y de la sociedad, debemos todos ser responsables de su educación. 

Con mi oración por la gran familia hispana presente en la vida de nuestra amada Iglesia particular de Washington.