El cardenal Donald Wuerl siempre mostró su preocupación por las personas desvalidas y desempleadas. Su presencia en la repartición de alimentos calientes en las puertas de Caridades Catolices de Washington era frecuente. (Foto/archivo)
El cardenal Donald Wuerl siempre mostró su preocupación por las personas desvalidas y desempleadas. Su presencia en la repartición de alimentos calientes en las puertas de Caridades Catolices de Washington era frecuente. (Foto/archivo)

El papa Francisco ha aceptado mi renuncia como Arzobispo de Washington. Tuve el privilegio de reunirme con él para hacerle saber el dolor, tristeza y confusión de ustedes por lo que se ha dado a conocer en estos últimos meses. Con pesar en mi corazón, le dije que ya no podría servirles de la forma que ustedes merecen. Lo que se necesita ahora es un nuevo liderazgo para que todos ustedes, fieles de esta Iglesia, puedan comenzar a enfocarse en la sanación y el futuro.

Lo siento y pido la sanación de todos aquellos que fueron tan profundamente heridos por parte de los ministros de la Iglesia. También pido perdón en nombre del liderazgo de la Iglesia a las víctimas que fueron heridas de nuevo cuando vieron a estos sacerdotes y obispos trasladados y promovidos.
En particular, lo siento por todos ustedes, fieles miembros de la Iglesia, quienes han tenido que enfrentar la vergüenza de estos escándalos y ser testigos de dudas y perplejidades entre sus familiares y amigos. Mi dolor incluye también a mis hermanos sacerdotes que han buscado vivir una vida sacerdotal alegre y fiel, pero ahora enfrentan el reto de la desconfianza. Sin embargo, les pido que en ellos vean tanto bien que se está haciendo junto con ustedes en sus parroquias en el esfuerzo por vivir el Evangelio de Jesús.

Al concluir mi ministerio como pastor de esta Iglesia, me llevo conmigo una profunda gratitud por la gracia de trabajar al lado de ustedes, quienes manifiestan tan bella y consistentemente el Evangelio de Jesucristo. He tenido el privilegio de reconocer, gracias a ustedes, una Iglesia viva en la obra del Espíritu Santo. Queridos hermanos y hermanas, todo lo que tienen que hacer es mirar a su alrededor todas las cosas extraordinarias que hacen en el nombre de Cristo. Ha sido una enorme bendición para mí experimentar una pequeña parte de la profunda fe de ustedes, su compromiso con la esperanza y expresión del amor de Dios.

Finalmente, cuando mi tiempo tratando de servirles bien como su arzobispo llega a su fin, quiero que sepan de mi afecto por todos ustedes. Aprecio a nuestros sacerdotes y religiosos que sirven con tanta alegría y generosidad, los amo a ustedes, fieles laicos, que manifiestan el reino en nuestras parroquias y en tantos ministerios diversos y fructíferos. La renuncia es mi forma de tratar de expresar mi gran y perdurable amor por ustedes, la gente de esta arquidiócesis. Ahora que cierro este capítulo en mi vida, quiero que sepan que mi corazón está lleno del amor de Jesús por ustedes.
Como todas las heridas graves, la curación requiere tiempo, cuidado, atención y amor. Me siento inspirado de que muchos de ustedes ya hayan dado los primeros pasos en el camino hacia esa recuperación que solo encontramos en la redención que Jesús consiguió para nosotros en el madero de la Cruz. Me uno a ustedes en esa ferviente oración para que el Señor que destruyó el pecado y la muerte, traiga nueva vida y sanación a nuestra Iglesia.

Apenado por mis fallas, en gratitud por la fe y fidelidad de ustedes a Cristo y con gran amor por ustedes, me suscribo a ustedes

Fielmente en Cristo,

Cardenal Donald Wuerl

* Esta carta fue publicada el 12 de octubre de 2018.