La noticia de que nuestro Santo Padre ha aceptado la renuncia del cardenal Donald Wuerl como arzobispo de Washington me llena de profunda tristeza y, al mismo tiempo, profunda apreciación y admiración por el abundante y sacrificado amor del Cardenal por nuestra arquidiócesis, a la que ha servido incansablemente por los pasados doce años.

La decisión del cardenal Wuerl de pedirle al Santo Padre que le permita jubilarse se produjo después de la oración y la reflexión, en vista de las noticias que todos hemos confrontado. Esto incluye el escándalo del arzobispo McCarrick, las acusaciones del arzobispo Viganò y, en particular, el informe del Gran Jurado de Pensilvania. Este informe apuntó a seis diócesis en Pennsylvania y se refirió al mandato del cardenal como obispo de Pittsburgh entre 1988 y 2006 antes de convertirse en nuestro arzobispo. Desafortunadamente, el liderazgo pionero del cardenal en la mejora, implementación y cumplimiento de políticas de protección infantil históricamente innovadoras y rigurosas se vio opacado por las fallas del informe y su interpretación por parte de los medios.

El cardenal Wuerl reflexionó sobre el impacto que estas realidades han tenido en la arquidiócesis. Como lo refleja el Santo Padre en su carta, aunque se le hubiera justificado seguir adelante desafiando muchas de las afirmaciones que se le presentaron, el cardenal Wuerl decidió renunciar a su interés personal por amor a las personas que le fueron confiadas. Eligió tomar el paso que le permitiría a la arquidiócesis de Washington ir más allá de estas dificultades y concentrarse, bajo un nuevo liderazgo, en sanar, renovar y revitalizar nuestra hermosa comunidad arquidiocesana, que es la Iglesia de Washington.
     Hemos sido profundamente bendecidos de tener a este gran sacerdote como nuestro arzobispo y su decisión final de actuar en favor de las personas que amó y sirvió durante doce años es el testimonio más elocuente de la integridad de su ministerio y su legado. Estoy verdaderamente agradecido por su fidelidad inquebrantable y su compromiso valeroso y sacrificado con el futuro de la Iglesia en Washington.