Graduados de la escuela católica St. Francis celebran su graduación a la salida de la ceremonia en la iglesia San Camilo en Silver Spring, MD. (Foto EP/Rafael Crisóstomo)
Graduados de la escuela católica St. Francis celebran su graduación a la salida de la ceremonia en la iglesia San Camilo en Silver Spring, MD. (Foto EP/Rafael Crisóstomo)
La Escuela Internacional St. Francis de Silver Spring, Maryland, celebró su primera ceremonia de graduación el jueves pasado. Para los exitosos y dichosos alumnos de la primera promoción, los mejores legados que les ha dejado esta escuela parroquial son: una fe fuerte, educación de calidad, amor por los demás y la riqueza de la diversidad.

“Me gustaría ir a la universidad y poder hacer lo que mis padres no pudieron. Si no lo hago, sé que voy a ser pobre”, comentó David Echeverría (14) antes de la ceremonia. Es uno de los cinco hispanos que conforman la primera promoción de 39 graduados, el que tiene las mejores notas y la clara meta de ser abogado de inmigración.

“Quiero ayudar a los inmigrantes que no tienen documentos, viajar y ser un ejemplo para mi hermanita”, expresó quien tiene raíces salvadoreñas/colombianas, nació en Estados Unidos y se considera latinoamericano.

Gracias a su familia y a los 45 minutos diarios de clases de español que ha venido recibiendo en St. Francis, David puede hablar, entender, leer y escribir perfectamente el idioma de sus padres.

Continuará sus estudios con cinco de sus compañeros en la escuela católica Don Bosco Cristo Rey, donde todos los estudiantes participan en el programa de estudio-trabajo. De este modo, ellos financian la mayoría de los costos de su educación, obtienen experiencia en el mundo laboral, aumentan su autoestima y se dan cuenta de la relevancia de su educación.

Con apenas 14 años, reconoce que le pone un poco nervioso la idea de trabajar algunas horas a la semana, pero sabe que es un trampolín para ingresar a una universidad en Florida. David sabe muy bien lo que quiere, escucha a sus padres y tiene muchos sueños.

El amor a Dios que la escuela y su familia han sembrado en él se puede percibir en sus palabras.“Dios es quien me va a guiar siempre en mi vida”, afirmó.

El joven de 13 años, Josué Castillo, reconoce que se está graduando de una escuela distinta a las demás. Aseguró que ha disfrutado y aprendido de la experiencia de interrelacionarse con alumnos de diferentes escuelas y culturas, lo cual le ha ayudado a ampliar su visión del mundo.

Por la fuerte influencia de su familia y su escuela católica internacional, Josué se ha convertido en un muchacho de fe, latino de corazón y abierto al multiculturalismo. “Sin Dios uno no puede hacer nada”, exclamó quien tiene padres salvadoreños y se siente latino.

El valor de un idioma más

Estudiar en la escuela parroquial St. Francis es como viajar por el mundo sentado en el salón de clase. Lo que la hace diferente y la enriquece es su diversidad, según lo considera la profesora de español Janet Cardona Glotnis. “Los estudiantes aprenden entre sí sobre las diferentes culturas, a su vez le enseñan a sus padres y profesores”.

Esta docente afirma que incorporar el español en el currículo académico de una escuela es muy importante hoy en día cuando vivimos en un ambiente globalizado. “Es el segundo idioma en esta nación y, además, para competir en el mundo laboral actual es fundamental conservarlo”.

Sus alumnos aprenden arte, ciencias sociales, cocina mientras aprenden el idioma de sus padres o conservan el idioma del lugar donde nacieron.

Janet les dice a sus alumnos lo afortunados que son al poseer lo mejor de dos mundos: La herencia latina y la cultura de Estados Unidos que también es muy rica. “No tienen que deshacerse de una de las culturas, pueden conservar las dos para ser exitosos”.

Saint Francis International School es una escuela regional y multiétnica, cuyos alumnos pertenecen a 24 diferentes parroquias de la arquidiócesis de Washington. Un 75 por ciento del alumnado es católico, el resto son estudiantes evangélicos, anglicanos, bautistas, metodistas, etíopes ortodoxos, luteranos, testigos de Jehová, budistas y musulmanes.

Precisamente, la ceremonia de graduación reflejó esa riqueza que hace única a St. Francis. No sólo fue en inglés y español; también en francés, creolé (Haití), tagalog (Filipinas), etiope (Etiopía) y swahili (este de África).

“Esta primera graduación representa esperanza, un futuro más consolidado para la escuela”, según

dijo el director Tobias Harkleroad. Su escuela cataloga a los mejores alumnos por trabajar fuerte tras el éxito académico, ser activos en el aprendizaje y en su comunidad, aportar como voluntario, tener interés en los demás y un buen comportamiento.

Explicó que tienen el compromiso de ser inclusivos y no dejar que los alumnos inmigrantes se queden rezagados de la oportunidad de estudiar en una escuela católica.

St. Francis tiene 440 alumnos que cursan desde preescolar (a partir de dos años) hasta 8vo. grado. Un total de 68 son inmigrantes y un 25 por ciento del estudiantado son hispanoamericanos. El plantel está ubicado en 1500 St. Camillus Dr., Silver Spring, MD 20903. Para información e inscripciones, llame al (301) 434-2344 (atención en español).