Selección nacional de Croacia (Foto/EFE)
Selección nacional de Croacia (Foto/EFE)
El paso de las horas suavizará el dolor por la derrota en el estadio Luzhniki, donde Croacia se dejó los sueños de campeón, y apreciará el valor del reconocimiento a Luka Modric, encumbrado en Moscú como el mejor de todo el Campeonato del Mundo.

Croacia contempla con pena el paso de una ocasión única que tal vez no vuelva. El tránsito por una Copa del Mundo y la posibilidad de ser campeón. No suele ocurrir que un país pequeño, prácticamente inexperto, irrelevante hasta ahora en la gran competición tenga a mano tanta grandeza.

Fue como un sueño para la selección croata su transitar por Rusia 2018. El equipo con más desgaste de la competición, que tuvo que recurrir a los treinta minutos extra en cada uno de sus compromisos por eliminación, llegó hasta la final de forma inesperada.

Un fútbol de inspiración manejado por un grupo de futbolistas plagados de talento, amenazados por las limitaciones físicas, llegó hasta donde no pudieron llegar equipos tan reputados, tan consolidados como Alemania, Brasil, Argentina o España, adornados de una trayectoria que en Rusia les apartó del desastre.

Croacia, en escena de la alta competición desde la Eurocopa de Inglaterra 1996 y con el estreno mundialista marcado en Francia 1998, llegó con solo cuatro participaciones como bagaje. Fue precisamente en su estreno, en Francia, donde obtuvo su nota más alta.

Amparado en una generación histórica liderada por Davor Suker y secundada por hombres como Zvonimir Boban, Robert Prosinecki, Robert Jarni, Mario Stanic y Goran Vlaovic, entre otros, llegó a ser tercera del mundo.

Rusia 2018 puede haber supuesto la última participación en un Mundial de la camada vigente. La que ha salido de Moscú como subcampeón. Luka Modric representa el talento y la competitividad de una promoción que estaba bajo sospecha. Que había dado tiros al aire en los últimos grandes torneos y que no terminaba de explotar.

Croacia impactó en su comienzo. Con una victoria de autoridad sobre Nigeria y una excepcional frente Argentina, donde se disparó su proyección. Ganó también a Islandia para completar una fase de grupos redonda.

No fue tan solvente el acceso a las eliminatorias. Padeció el grupo de Zlatko Dalic una prueba de madurez y resistencia en cada uno de los duelos. Tumbó a Dinamarca en los penaltis, tras una serie dramática. Igual sucedió con el anfitrión, Rusia en cuartos. Y también contra Inglaterra en la semifinal, a la que batió en la prórroga, antes de la suerte de los once metros.

Hecha la historia Croacia fue a más. No cayó hasta la final. Contra Francia. Donde no renunció a su sistema hasta que fue víctima de las adversidades. No se escondió y buscó la gloria hasta el final.

Fue el éxito de Zlatko Dalic, un preparador al que su federación recurrió casi sin tiempo para sustituir a Ante Cacic no hace ni un año. El técnico de origen bosnio reactivó a sus hombres, que lograron un triunfo agónico contra Ucrania para acceder a la repesca de la clasificación para lograr ante Grecia, a ida y vuelta, el billete para Rusia 2018.

Luka Modric se ganó el derecho a disponer de un capítulo particular. El liderazgo del futbolista del Real Madrid convenció al resto de sus compañeros. El capitán de los Vatreni impuso el ritmo, la gestión, el convencimiento. Hizo mejor al resto Modric, que conservó su magnitud desde el primer partido hasta el final. Sin flaquear.

A punto de invadir y de asumir el tramo final de su carrera el fútbol fue justo con Luka, coronado en Moscú, a pesar de la derrota, en el mejor futbolista del Mundial. EFE