Personas buscan los nombres de parientes desaparecidos. (Foto/cortesía ourparentsbones.org)
Personas buscan los nombres de parientes desaparecidos. (Foto/cortesía ourparentsbones.org)

Salvadoreños-americanos que sufrieron, y siguen sufriendo, por la desaparición forzada de sus padres durante la guerra civil en El Salvador, están impulsando la campaña internacional “Los Huesos de Nuestros Padres”. Su meta es encontrar los restos de los desaparecidos en El Salvador, compartir las trágicas vivencias de esa época, hallar respuestas, sanar las heridas de un pasado violento. Aspiran cerrar los capítulos inconclusos en la historia de vida de sus padres, tíos y abuelos. "Nunca más los volvimos a ver y dejaron atrás familias, amigos y preguntas... Ayúdanos a encontrar la verdad, la paz y la reconciliación", dijeron algunos familiares de desaparecidos recientemente en Washington.

No sólo llegaron de otras ciudades estadounidenses a la capital a compartir sus testimonios, también a cabildear para que se hagan públicos los archivos (en El Salvador y en EEUU) relacionados con las desapariciones, a instar a otros salvadoreños a romper el silencio y exigir la verdad.

Alexandra Aquino contó cómo perdió a su padre Mauricio, quien no había sido acusado de ningún crimen y fue secuestrado en su propia casa en medio de la noche cuando ella tenía 21 meses de edad. Nunca recibimos ni su cuerpo, ni evidencia del caso -dijo esta abogada de California, con postgrado en Harvard, y cofundadora de la organización que impulsa la iniciativa sin fines de lucro."Lo que queremos ahora es recuperar los cuerpos de nuestros seres queridos", expresó defendiendo el derecho de todo ser humano a morir con dignidad.

Sara Aguilar contó que aunque su padre desapareció en 1981, aún se le hace difícil afrontar el asunto con normalidad. El tema despierta emociones y se le hace difícil hablar con su madre de lo ocurrido. Aunque vive en Los Ángeles está conciente de que el círculo de violencia aún continúa en su patria.

Se estima que más de 10 mil personas conforman la lista de desapariciones pendientes en El Salvador. Fueron víctimas de secuestros por parte de las fuerzas militares o de seguridad durante la guerra civil acaecida entre 1979 y 1992. No tenían acusación formal, juicio ni sentencia por violación de la ley.

"Con ayuda de los Estados Unidoss, se impuso el terrorismo de estado que desencadenó en masacres generalizadas y fue la población civil la que sufrió los estragos", afirmó el abogado Jimmy Ortiz. Dos de sus tíos fueron secuestrados por la 1ra. brigada de infantería. Contó que su abuela comenzó a convulsionar, toda la familia quedó abatida y fue su abuelo quien dio el paso de iniciar las investigaciones. Un sargento le confirmó que él había capturado a sus familiares y los remitió a la guardia nacional. También le confesaron que los cuerpos los tiraban en el crater del volcán. Jimmy asegura que así comenzó el calvario de su abuelo que duró 34 años hasta el día de su muerte. "Es una tortura para los familiares que los recuerdan día tras día y se echan culpas. No quisiera que se repita lo que mi familia ha sufrido. Ese dolor de mi abuelo me motivó a buscar justicia", dijo quien aspira que la democracia se ponga en ejercicio y los responsables sean llevados a juicio.

Capítulo inconcluso

Según estos familiares de desaparecidos, El Salvador no ha dado muestras de que la impunidad haya terminado, la gente tiene una pena profunda y miedo de hablar. Lo que critican es que ninguna de estas desapariciones han sido investigadas por las autoridades. David Morales, procurador de los Derechos Humanos de El Salvador, se unió a esta reunión para hablar de los casos no resueltos, la situación actual en su país y los retos que enfrenta el sistema de justicia penal salvadoreño.

"En los acuerdos de paz nunca se pactó la impunidad, más bien los textos incluyen la vigencia de los derechos humanos y la reconciliación. Se acordaron juicios ejemplares a ambos bandos", dijo a nombre de un grupo que ha participado en reuniones en el Departamento de Estado y en el congreso para presionar en este asunto.

Reconoce que el crimen organizado se ha posicionado actualmente de la región generando gran violencia y tragedia. "Si se hubiera hecho una reforma judicial, la historia hubiera sido diferente."

Las desapariciones siguen ocurriendo -dijo poniendo el ejemplo de tres personas secuestradas por efectivos militares en 2015-.

El congreso salvadoreño se niega a autorizar la firma de los tratados internacionales contra las desapariciones forzadas, ni el presidente ni militares ni líderes han dado pasos para resolver estas atrocidades.

Morales critica que las fuerzas armadas niegan toda responsabilidad y hay jueces que favorecen la impunidad, mientras la policía niega los hechos y archiva los casos, nadie mueve un dedo y los familiares sufren. "Las desapariciones, masacres y ejecuciones representan un terrible dolor para las familias. La desaparición es un delito perverso diseñado para que no haya rastro: No hay cuerpo, no hay delito y los familiares son señalados como locos y mentirosos."

Cuenta que los afectados fueron extorsionados en ese entonces por inescrupulosos que les ofrecían información de los desaparecidos, viven en la incertidumbre y sufren de síndrome post-traumático. "Es un sufrimiento prolongado en el tiempo", dijo quien respalda esta nueva campaña y pide que los jueces salvadoreños apliquen la justicia. "Buscar a los desaparecidos es una obligación. Hay que crear una comisión a fin de que las fuerzas armadas ya no se nieguen a dar información ni argumenten que hubo destrucción de archivos militares. Ellos pueden colaborar y se están negando a hacerlo", dijo quien igualmente insta a Estados Unidos a cooperar para esclarecer estos casos porque toleró, financió, cooperó con el terrorismo de estado y también tiene responsabilidad.

"Necesitamos sanar las heridas del pasado para fortalecernos y seguir hacia adelante", expresó Abel Nuñez, director de la organización comunitaria CARECEN para quien la violencia es un círculo que se repite en El Salvador. En los años '80, los salvadoreños huían de su país por la guerra civil y ahora están huyendo otra vez por la violencia y la inseguridad generada principalmente por las pandillas.

Esta campaña tiene como misión la resolución de los casos de desapariciones forzadas, la erradicación de la impunidad (en el gobierno y sistema judicial) y la construcción de instituciones democráticas basadas en la verdad y la reconciliación en El Salvador. Aspiran construir una cultura política más transparente y responsable.

Para conocer más historias, sumarse a la campaña o brindar su tiempo como voluntario, visite el portal de la Fundación Mauricio Aquino, la cual impulsa esta iniciativa. A los interesados en el tema se les insta a organizar una reunión en su casa, iglesia o centro comunitario para exponer esta injusticia. En el portal se puede firmar una petición, registrarse para recibir emails informativos y contribuir con donaciones. Además, es un recurso para compartir la historia de un familiar desaparecido: www.ourparentsbones.org/send-your-story

Quienes sufren por la desaparición de un ser querido en El Salvador y desean respuestas, pueden escribir a Angelina Godoy, directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Washington (Seattle) al correo [email protected] Esa universidad lleva adelante una investigación de crímenes de lesa humanidad, está documentando los casos y ya han obtenido información sobre algunos operativos que desencadenaron desapariciones forzadas. Asisten a los familiares en el trámite de solicitar información al gobierno y los acompañan en un proceso que es largo. No tienen miedo y son tenaces, prueba de ello es que están demandando legalmente a la CIA porque les ha negado información.