Tener un bebé durante la adolescencia tiene repercusiones en los padres y en el niño. La mitad de esas madres no se gradúan de secundaria antes de los 22 años y sus hijos tienden a abandonar la escuela secundaria, tener más problemas de salud y convertirse en padres durante la adolescencia.

La historia no siempre se va a repetir en la siguiente generación si los jóvenes padres hacen algo por romper el círculo.

Precisamente es el caso de Ariel y Naraya Ventura, una pareja de esposos que a sus 25 años batallan para salir adelante, ser buenos padres, lograr sus metas como familia y para ofrecerle a su pequeño Ariel (5) un mejor futuro.

Se conocieron siendo niños en la Iglesia, a los 15 se hicieron novios y el embarazo ocurrió cuando Naraya estaba en el grado 11 y tenía 19 años.

"Abortar no fue una opción porque mi esposa siempre supo lo que quería. Antes de fallecer de lupus, su madre le había enseñado muy bien que a los bebés en camino hay que tenerlos bajo cualquier situación", contó Ariel.

Estaban estresados, llenos de dudas y miedos, pero se dedicaron a trabajar: él como guardia de seguridad y ella como anfitriona en un restaurante.

A pesar de las dificultades, Naraya se graduó de secundaria en el 2012, cuando su padre acababa de fallecer de cirrosis y el pequeño tenía dos años.

Estos jóvenes estadounidenses, de raíces centroamericanas, planean avanzar académicamente (como sus padres les inculcaron desde niños) y convertirse en la primera generación de la familia en llegar a la universidad. "Pensamos en ese plan desde que nació nuestro hijo porque queremos darle un ejemplo y porque sabemos que la universidad abre puertas", dijo Naraya.

Su esposo está convencido de que la única forma de ascender y mejorar el salario es con una maestría. "Sé que con la educación es que podremos salir adelante."

Con la ayuda de la organización Generation hope, Ariel está estudiando administración y Naraya educación temprana en el colegio comunitario NOVA y planean transferirse a la Universidad George Mason.

Es el tercer año que reciben el subsidio anual de 1.200 dólares cada uno para la matrícula y Hope les seguirá ayudando financieramente y con el apoyo de mentores hasta que se conviertan en profesionales.

"Generation Hope es como mi familia, ellos han llenado ese vacío que han dejado mis padres. Me están empujando hacia la universidad, tal cual como ellos harían si estuvieran vivos", afirmó la joven madre. Para información sobre Generation Hope: www.supportgenerationhope.org o (202)656-8705.