Abogados brindan asesoría legal a inmigrantes que asisten a la parroquia St. Martin de Tours. (Foto/Javier Diaz)
Abogados brindan asesoría legal a inmigrantes que asisten a la parroquia St. Martin de Tours. (Foto/Javier Diaz)

La negligencia de los niños y jovencitos que cruzan solos la frontera, usualmente con el visto bueno de sus padres, se convierte en un dolor de cabeza para los familiares que se ven obligados a acogerles en Estados Unidos.

Griselda Portillo (17) llegó hace poco más de un mes al área metropolitana de Washington. Salió de El Salvador junto con otros menores y tuvo la osadía de cruzar la frontera de Guatemala, la de México y la de Estados Unidos sin coyotes ni guías. El grupo fue creciendo a 200 a medida que avanzaban en la travesía y se iban incorporando más chicos, incluso originarios de Honduras y Nicaragua. En el camino se iban quedando, algunos de ellos no podían continuar y otros se perdieron. Después de tres meses de arriesgada travesía, al llegar a la zona fronteriza (a la altura de Texas), Griselda fue capturada por los agentes de la patrulla fronteriza y dio los datos de sus familiares en Maryland.

Así lo narró hace unos días en la parroquia San Martín de Tours, de Gaithersburg, Maryland, la tía política de Griselda, quien junto a su esposo ahora cuida de la menor.

"Voluntarios de organizaciones caritativas ayudaron a mi sobrina a salir del centro de detención de migración. Ellos están ayudando a estos menores capturados en la frontera, para que sobrevivan y no se mueran de hambre", contó esta madre de familia luego de escuchar una charla sobre leyes de inmigración y mientras esperaba para una consulta legal gratuita.

No quiso dar su nombre, pero compartió esta conmovedora historia en medio de su indignación. "Los padres no deben permitir que sus hijos se lancen a cruzar la frontera hacia Estados Unidos. En este grupo en que venía mi sobrina, había niños tan pequeños como de nueve años... ¡Me parte el corazón! Los padres estaban al tanto y no los detuvieron. Tienen que detenerlos a como dé lugar", dijo bajo anonimato quien es ciudadana estadounidense.

Reconoce que ciertamente algunos menores están siendo amenazados por las pandillas en el llamado triángulo norte y que no todos pertenecen a estos grupos. "Pero muchos menores vienen hacia el norte impulsados por lo que ven en la televisión y convencidos de que 'alguien' de buen corazón les va a ayudar".

La tía de Griselda dice que esa fue la razón determinante que impulsó a su sobrina a dejar un hogar pobre de nueve hermanos en Centroamérica. Sin duda, otras razones para su decisión de emigrar han sido la pobreza y seguir a los familiares. Una hermana de la menor llegó hace poco al área y se casó con un ciudadano, pero no tiene ni documentos ni recursos económicos para mantener a Griselda.

La joven recién llegada ya está estudiando en el noveno grado en el sistema escolar público del condado de Montgomery. Mientras su prima le ayuda con las tareas en inglés, está tratando de ambientarse a su nueva realidad.

"Nosotros no sabíamos que ella iba a venir y, la verdad, es una responsabilidad y un reto para nosotros", dijo la señora que ya tiene tres hijos adultos.

Aunque no tuvo que vivir la odisea de cruzar la frontera, está consciente de los riesgos que implica y lo difícil que puede ser para un adolescente acoplarse a una cultura diferente. "No sabemos cómo va a responder al cambio, pero estamos dispuestos a ayudarla", dijo preocupada.

Esta familia salvadoreña aún no ha recibido ninguna comunicación sobre el caso, ni fecha para ir a la corte, por eso la señora acudió al taller de Caridades Católicas de la Arquidiócesis de Washington para averiguar las implicaciones que tiene este asunto especialmente para su esposo que ahora tiene la custodia legal y es responsable de Griselda.

Según los expertos legales del Centro Católico Hispano, este caso tiene pocas posibilidades de prosperar bajo las actuales directrices de inmigración.

Para iniciar un trámite de cambio de estatus, Griselda (u otro menor de 21 años) debe demostrar que ha sufrido abuso, abandono o negligencia por parte de uno o ambos padres en Estados Unidos o en el exterior (antecedentes que desconocemos). Si la chica tuviera menos de 16 años, sus tíos podrían adoptarla.

Dentro de uno a dos años, tendrá que presentarse ante la corte y aceptar una salida voluntaria de Estados Unidos. Si no abandona el país, la sentencia se convertirá en orden de deportación y el indocumentado recibirá un castigo de diez años sin poder legalizarse.

Si la chica no se presenta en corte, recibirá una sentencia de deportación en ausencia. Entonces, esta persona se convertiría en prioridad de deportación y las autoridades la buscarían en su casa. Tantos sacrificios para cruzar la frontera, no valdrían la pena.