Monar Aubbistiar  toma juramento por su hijo Tom (nacido en Pakistán) en la sede de USCIS de Fairfax.
Monar Aubbistiar toma juramento por su hijo Tom (nacido en Pakistán) en la sede de USCIS de Fairfax.

La migración ha cambiado el rostro de Estados Unidos. Anualmente, miles de adultos y niños participan en diversas ceremonias de naturalización con la esperanza de seguir construyendo una nueva vida en la Unión Americana. Hace unos días un grupo de 35 niños, procedentes de 22 países juraron fidelidad a la bandera estadounidense en una ceremonia llena de colorido e inocencia. 

A pesar de su corta edad, ellos recibieron sus certificados de naturalización vestidos de manera informal, luciendo atuendos típicos de sus países de origen o disfrazados como sus héroes favoritos. Pero la fantasía infantil no impidió que el evento se desarrollara según indica la ley.     

La ceremonia tuvo lugar en el edificio del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) de Fairfax (Virginia), en donde los funcionarios se olvidaron de los discursos protocolares y les tomaron el juramento tradicional entre divertidos juegos. Donde todos se pusieron serios –padres e hijos– fue al momento de cantar el himno nacional. 

“Estamos contentos de tenerlos en nuestra casa. Son niños alegres, maravillosos y tienen unos padres ejemplares. Todos deben saber que Estados Unidos les da la bienvenida. Dios nos bendiga a todos y ustedes son el futuro de esta gran nación”, manifestó Sara Taylor, directora de USCIS Washington.   

Mario Lizano (6) y Sherly Sambrano (4) son dos de los nuevos rostros de Estados Unidos. Él llegó procedente de El Salvador cuando tenía tres años de edad, mientras que ella abandonó Honduras cuando solo tenía unos meses de nacida. Ambos pequeños aún no tienen plena consciencia de la importancia de convertirse en ciudadanos estadounidenses, pero la alegría reflejada en el rostro de sus padres evidencia la satisfacción por el deber cumplido.

“Estoy contenta porque mi hijo ya es ciudadano y estoy segura de que tendrá muchas oportunidades para estudiar, trabajar y ser un hombre de bien. Cuando dejé San Miguel para venir a Virginia siempre soñé con el día en que mi hijo se convierta en ciudadano. Hoy todo es una realidad y estoy feliz”, comentó emocionada Ana Castro de Lizano.

Roxana Mejía, madre de Sherly, no podía ocultar su alegría al ver a su pequeña en una ceremonia de juramentación. “Ella nació en un pueblito hondureño llamado Talanya y verla hoy convertida en ciudadana me parece un sueño. Aquí están presentes su papa Erlin y hasta su abuelo Juan.     

Este es un acontecimiento familiar que nunca olvidaremos”.            
En la ceremonia de ciudadanía participaron niños originarios de Afganistán, Alemania, Bangladesh, China, Ghana, Egipto, El Salvador, Etiopía, Honduras, India, Irán, Iraq, Irlanda, Marruecos, Nepal, Pakistán, Filipinas, Senegal, Sudan, Togo, Emiratos Árabes y Vietnam.