El cardenal Donald Wuerl, hace la señal de la cruz en una fiel católica durante misa del miércoles de ceniza en la catedral de San Mateo en el Distrito.
El cardenal Donald Wuerl, hace la señal de la cruz en una fiel católica durante misa del miércoles de ceniza en la catedral de San Mateo en el Distrito.
El miércoles 22 de Febrero en la Iglesia Católica, el Tiempo de Cuaresma, con la celebración del Día de la Ceniza. Esta etapa del año se va a caracterizar por una serie de ritos y de costumbres marcadas por la penitencia, el silencio y la introspección interior. La finalidad principal de esta etapa no es otra que preparar al seguidor de las doctrinas de Cristo a la gran fiesta de la Re-surrección, a la Pascua. Esta preparación tenía en sus primeros momentos una triple finalidad:

a) preparar a los catecúmenos, esto es, a los candidatos a recibir el bautismo, para la entrada en la Iglesia a través de la recepción del sacramento del Bautismo;

b) la penitencia pública de todos aquellos pecadores reconocidos como tales por la comunidad y que deseaban reconciliarse y volver a la misma; y

c), la preparación de toda la comunidad, pecadora o no, a la celebración del Misterio de Cristo Resucitado.

El simbolismo bíblico de los cuarenta días, como período de prueba y tentación, de éxodo a través del desierto, pero también de gracia y de acción di-vina en favor de su pueblo, han sido decisivos para configurar la fisonomía de la Cuaresma cristiana.

El tiempo de Cuaresma no es anterior al siglo IV de nuestra era, y en muchos lugares se empieza a celebrar en siglos posteriores. Sin embargo, la ce-lebración de la pascua contó siempre con una preparación, consistente en un ayuno de dos o tres días de duración. En los primeros siglos del cristia-nismo tan sólo se celebraba la Misa en los domingos, pero se ayunaba todos los miércoles y viernes del año, excepto durante el tiempo pascual. Esta es la razón por la cual el ayuno que precedía a la solemnidad de la Pascua, iniciado en realidad el miércoles precedente, terminó por abarcar la semana entera.

Ya en el siglo IV este ayuno se extiende a otras dos semanas más, dejando los domingos, en los cuales estaba prohibido ayunar. En esta etapa es cuando mayor impulso recibe otra importantísima institución pastoral de la Iglesia antigua: la penitencia pública de los grandes pecados, con el rito de la Reconciliación de los penitentes en la mañana del Jueves Santo. Aunque este modo de obtener el perdón de los pecados duraba varios años, al comenzar el período de preparación a la Pascua y a su término, en la mañana del Jueves Santo, se celebraban los ritos de entrada en el Orden de los Penitentes y el rito de la re-conciliación respectivamente.

Entre una y otra celebración terminaron por transcurrir cuarenta días, sin duda por influjo del ayuno de Cristo en el desierto. A finales del siglo IV, en la comunidad cristiana de Roma ya se tenía así organizada la Cuaresma, participando en ella no solamente los catecúmenos y los penitentes, sino toda la Comunidad Cristiana. El rito de entrada en la Penitencia Pública es lo que ha dado origen a la celebración del Miércoles de Ceniza.

En la actualidad el tiempo de Cuaresma dura desde el Miércoles de Ceniza hasta las primeras horas de la tarde del Jueves Santo. Dado que en la actualidad el Miércoles de Ceniza es jornada laboral, podemos afirmar que la Cuaresma, en sentido práctico, comienza el Primer Domingo de Cuaresma. La Cuaresma, por tanto, va a descansar sobre los cinco domingos, añadiéndosele el Domingo de Ramos o de Pasión.

Dentro de la Cuaresma ocupa un lugar importante el primer día, el Miércoles de Ceniza, originalmente destinado a introducir a los penitentes en la penitencia pública, entre otros ritos, mediante la imposición de la ceniza. El gesto es de origen bíblico, como señal de luto y de dolor. Cuando en el siglo IX la Penitencia Pública de los pecadores empezó a dar paso a la absolución individual de los pecados, el rito de la imposición de la Ceniza, lejos de desaparecer, fue aplicado a todos los fieles. Hoy en día la Ceniza es contemplada como un signo de una voluntad de conversión y de renovación interior.

La Cuaresma, con todas sus penitencias y sus oraciones, no ha estado ausente del folklore y de las tradiciones populares de todos los pueblos de tradición cristiana. Uno de los lugares donde esta etapa se hace presente es en la mesa. Menús de Cuaresma los hay en todos nuestros pueblos hispanos, ocupando ciertamente un lugar especial todos aquellos platos elaborados a base de pescado. Desde el potaje español hasta la fanesca ecuatoriana, pasando por el ceviche peruano y las habichuelas con dulce dominicanas, tenemos un amplio menú cuaresmal.

La definición de Cuaresma más curiosa que he oído fue aquella que un judío me dio en Jerusalén: La Cuaresma es el Ramadán de los Cristianos.