Madre soltera le enseña a utilizar la computadora a su pequeño hijo.(Foto/Rafael Crisóstomo)
Madre soltera le enseña a utilizar la computadora a su pequeño hijo.(Foto/Rafael Crisóstomo)
La Iglesia se alegra y admira el coraje de las madres hispanas que, aun en condiciones poco favorables, aceptan con valor y amor la vida que han engendrado y tratan siempre de ofrecer lo mejor a sus hijos.

El fenómeno de las madres solteras, solas o abandonadas por sus parejas tiene una triste y larga historia en los países latinoamericanos.

Aproximadamente el 23 por ciento de las mujeres embarazadas, menores de 20 años son abandonadas por sus parejas al enterarse del embarazo. Un 32 por ciento de las madres son abandonadas por sus parejas antes de cumplir 35. Además, el 43 por ciento de las madres se quedan sin sus parejas entre los 40 y 50 años y sólo el 42 por ciento de estas madres alguna vez se casó. Para más detalles, visite: www.jazztelia.com/crianza.

Este fenómeno persiste en Estados Unidos donde el 42% de los niños hispanos nacidos en Estados Unidos (datos del 2006) son hijos de madres solteras, en comparación con el 26% de los niños anglosajones y el 13% de los asiáticos (Pew Hispanic Center, 2006).

Posibles causas

Entre las madres solteras, al igual que las que pierden a sus maridos, hay muy pocas que escogieron su condición. La mayoría no desearon explícitamente negarles a sus hijos un padre y un hogar completo, pero ahora están solas asumiendo su maternidad.

Debido a múltiples vacíos en la educación y conciencia frente a la sexualidad y al matrimonio, muchos jóvenes hispanos terminan engendrando criaturas en relaciones que resultan ser mucho menos estables de lo que pensaron.

En muchos países hispanos se acepta aún con mucha ligereza que los jóvenes se vayan a vivir juntos o “se acompañen,” sin darse cuenta que sólo el compromiso serio de quien es capaz de jurar ante el altar y la comunidad que amará a su pareja, puede dar mejores garantías de amor y fidelidad a su pareja y a sus hijos. El machismo y la ignorancia, que a veces le restan importancia al rol del padre en la vida de los hijos, contribuyen también con esta realidad.

A esta mentalidad, se ha sumado hoy en día el influjo hedonista y superficial que predomina en muchos sectores de la juventud estadounidense y que lleva a que muchos jóvenes hispanos prefieran cohabitar o “ensayar” relaciones ligeras y sin gran compromiso antes de pensar en una relación seria que los “comprometa” para siempre.

Consejos

Con todo, y sea cual sea la causa de esta situación, la Iglesia se alegra y admira el coraje de las madres hispanas que aceptan la vida y buscan lo mejor para sus hijos.

La comunidad en general debe igualmente ser muy sensible y apoyar en la medida de lo posible la ardua tarea de estas madres. Pues así como Jesús tuvo siempre especial predilección por las viudas y los huérfanos, que en su tiempo eran las personas de mayor necesidad, también hoy debemos colocar a las madres solas y sus hijos entre nuestras prioridades.

Los hijos siempre necesitan de un padre o de una figura paterna. Por eso, el reto de estas madres es minimizar en lo posible las consecuencias de la falta de un padre, tanto a nivel económico como moral y psicológico. Esto supone:

• Hacer de padre y madre. Esto es, junto al amor y las caricias tiernas de una madre, y sin confundir autoridad paterna con violencia, estas madres deben crear la disciplina y ambiente de orden y respeto que todo niño necesita. Asistir a los cursos de formación para padres que se ofrecen en muchos centros del gobierno puede serles de gran ayuda.

• Relacionar los hijos con miembros de la familia o de la comunidad que sean una presencia masculina positiva. Los niños aprenden por imitación. Por eso, el abuelo, el tío, el entrenador de fútbol o el ministro de la Iglesia que sea un líder ejemplar, puede ser una imagen buena masculina para los hijos.

• Evitar hablar mal del padre en presencia de los hijos. Ya sea que el padre les haya abandonado o que haya habido un divorcio difícil, los problemas de pareja son diferentes de la relación de los hijos con el padre. Y si no hay nada bueno que comentar, por lo menos evitar las críticas.

• Reafirmar en los hijos la idea de que ellos han sido siempre deseados y esperados con amor, por parte de su madre, y recibidos con alegría en el seno de la familia de la madre, ayudará a los hijos a minimizar su sensación de ser “indeseados” o “ilegítimos”.

• Si la madre encuentra otra pareja y se casa, es necesario incluir a los hijos de relaciones precedentes en las decisiones y ajustes a la nueva vida. Es muy importante asegurar igualmente que el padrastro no abuse de su autoridad, ni física, ni moralmente, y mucho menos sexualmente, como sucede con más frecuencia de la que se sospecha.

• Finalmente, familiarizar a los hijos con el amor a Dios, lo cual les dará la base para saber que más allá de todos los vacíos emotivos que los errores humanos puedan acarrearles, sus vidas fueron siempre deseadas y amadas por Él, quien además cuidará siempre de ellos. Enseñarles también que en la Iglesia tienen una familia universal que los acoge y nutre con su fe.

• Y para todas estas madres solas, la compañía maternal y solidaria de María, la Madre de Dios, será un consuelo y guía en la formación de su familia.

Beneficios del matrimonio

El matrimonio es el inicio de una vida familiar propia de la cual deben salir personas sanas, alegres y capaces de amarse y amar a los demás.

El matrimonio es la empresa más importante de la vida. Es el lugar donde se puede, no sólo realizar la vocación al amor y al servicio, también crecer y permitir que crezca la pareja. Puede llegar a ser el ambiente de compañía, de confianza, de unidad, de solidaridad.

Es el espacio donde el amor puede abrirse al milagro de una nueva vida. Es la mejor condición para que nazca y crezca un niño.

A continuación, beneficios del matrimonio en diferentes aspectos.

Datos científicos han demostrado que la estabilidad y gracia de este sacramento aporta a las parejas enormes beneficios tanto a nivel físico como psicológico, a la vez que les da una vida más segura y de mayor satisfacción sexual e íntima.

Los beneficios del matrimonio para la salud van desde brindar un espacio donde las personas están más protegidas de accidentes y mejor cuidadas, como de favorecer hábitos alimenticios que evitan la obesidad y otras muchas enfermedades.

Las estadísticas muestran igualmente que el número de casados que manifiestan ser felices es dos veces mayor que entre los divorciados o los adultos que nunca se han casado. Así mismo, las personas casadas viven por más largo tiempo que las no-casadas. El índice de alcoholismo y de abuso de drogas es menor entre los casados.

El riesgo de contagio por enfermedades de transmisión sexual es infinitamente menor entre personas casadas y fieles que entre parejas ocasionales o que conviven.

Las mujeres, especialmente, obtienen un alto grado de beneficios sicológicos de sus relaciones matrimoniales que se comprueba por su bajo índice de depresión y suicidio. El divorcio en cambio aumenta el riesgo de suicidios en más del doble, comparado con los casos de suicidio entre los casados.

En general, las mujeres casadas son en menor proporción víctimas de un abuso. Los casos de abuso doméstico entre casadas es del 5 por ceinto, mientras que entre las mujeres que cohabitan sin casarse el abuso es de un 14 por ciento.

El matrimonio evita igualmente que las personas sean o víctimas o agentes de algún crimen.

Mujeres divorciadas son en un cuatro o cinco por ciento más susceptibles de estar entre las víctimas de un crimen violento. Así mismo, los hombres no casados son cuatro veces más susceptibles que los casados de ser víctimas de crímenes violentos.

Además, las parejas casadas, aunque tienen una vida sexual tan activa como las parejas que cohabitan, reportan experimentar mayor satisfacción emocional en sus relaciones sexuales.

El matrimonio tiene otros beneficios de índole ecónomico.

Los estudios confirman que los hombres casados ganan entre un 10 a 40 por ciento más que los hombres no casados. Las mujeres divorciadas o madres solteras son igualmente las personas de mayor riesgo de caer en la pobreza extrema.

El matrimonio reduce el riesgo de pobreza de los niños, protege la salud física y mental de los hijos.

El matrimonio da a los hijos el contexto de seguridad, protección y alimento emocional que ellos necesitan para crecer y ser felices.Los hijos necesitan no sólo padres casados sino que vivan un buen matrimonio, en el marco de una familia, la verdadera escuela de amor.

Para más información, visite: www.usccb.org/prolife sino www.portumatrimonio.org.