(Fotos/Rafael Crisóstomo)
Jesús es azotado por los soldados romanos durante la representación del Via Crucis el pasado Viernes Santo.
(Fotos/Rafael Crisóstomo) Jesús es azotado por los soldados romanos durante la representación del Via Crucis el pasado Viernes Santo.
La conmemoración de la pasión y muerte de Jesucristo tuvo una marcada presencia hispana en varias de las parroquias de la Arquidiócesis de Washington. La participación durante el Triduo Pascual, los tres días en que los católicos celebramos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, fue masiva en cada uno de los eventos programados para el Jueves Santo, hasta la tarde del Domingo de Pascua.

Previamente, los feligreses evidenciaron una significativa participación durante la celebración de la Misa del Domingo de Ramos, en donde todos escucharon la invocación del papa Benedicto XVI llamando a los hombres a “convertirse en Dios”.

En las diferentes parroquias los fieles ondearon ramas de olivo y pencas de palma al comienzo de la liturgia que conmemoraba la entrada triunfal de Cristo a Jerusalén cinco días antes de su crucifixión.

Este año la representación del Via Crucis (Pasión de Cristo) y la solemne Vigilia Pascual en parroquias como San Camilo, Nuestra Señora de los Dolores, Sagrado Corazón, Nuestra Señora Reina de Las Américas, Santa Catalina de Labouré y Monasterio de San Francisco, así como en la catedral de San Mateo, congregó a miles de feligreses de habla hispana del área metropolitana.

Todos los presentes, que viven en Estados Unidos desde hace algunos años, se unieron en procesión para revivir el ‘camino de la cruz’. Más de uno recordó las conmemoraciones vividas años atrás en sus países de origen y que aún perduran en el tiempo.

“Para todos, en especial los hispanos, la representación de la Pasión de Cristo es algo muy tradicional y forma parte de la expresión de su religiosidad. Allí se aprende sobre el amor que Dios tiene por sus hijos, pero también sirve para reforzar nuestra fe y nuestra unión como comunidad", dijo el sacerdote Jacek "Jacinto" Orzechowski, de la parroquia San Camilo, quien dirigió la representación del Via Crucis este año.

En esta ocasión participaron numerosos voluntarios de las parroquias Nuestra Señora de los Dolores, San Camilo y Sagrado Corazón, procedentes de El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Honduras, Perú, México, Colombia y Venezuela. Fueron ellos quienes personificaron los diversos pasajes vividos por Jesucristo camino hacia el Gólgota, nombre bíblico para el lugar donde Jesús fue crucificado. Todos los feligreses participaron de las 14 estaciones.

Bajo una persistente lluvia el último viernes miles de fieles siguieron paso a paso como Jesús fue condenado a muerte, cargando la cruz, el encuentro con su madre María. También la ayuda prestada por Simón el Cirineo para llevar la cruz y cómo Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén. Los actores escenificaron con dramatismo cuando Jesús es despojado de sus vestiduras, azotado y clavado en la cruz.

Precisamente, este año en la VIII Estación, justo cuando Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén, se habló del drama que hoy viven cientos de madres hispanas que viven en los apartamentos de Langley Park, quienes en los próximos meses corren el peligro de ser desalojadas por la ejecución de un millonario proyecto urbanístico.

El padre Orzechowski explicó que el Via Crucis es muy expresivo para los hispanos, pues el vestuario, escenografía, representación de los personajes y los hechos que son mostrados de una forma tan real, terminan sensibilizando tanto a actores como al público.

“Los integrantes de nuestra parroquia durante meses se prepararon para representar el Via Crucis. Tuvieron muchas horas de ensayo y oración”, comentó el sacerdote franciscano.

Tanto en la parroquia San Camilo como en el Sagrado Corazón la Semana Santa recordó los padecimientos de muchos inmigrantes en Estados Unidos. Se reflexionó sobre el programa Comunidades Seguras que ha causado deportaciones de inmigrantes.

Asimismo, se recordó que en el condado de Prince George (Maryland), un padre de familia fue deportado, después de haber sido detenido por un policía por haber cometido una pequeña infracción de tráfico.

“Nosotros hemos querido mostrar el padecimiento de Jesucristo, pero también cómo su dolor se identifica con lo que diariamente viven familias hispanas inmigrantes que han sido separadas por este injusto sistema de inmigración. Ellos están llevando la pesada cruz de la desintegración familiar, la pobreza y la marginación”, acotó Orzechowski.
“Participar del Via Crucis es solidarizarse con los problemas que viven los hispanos. La falta de seguro médico o empleo muchas veces ponen a prueba nuestra fe, pero la entrega de Jesucristo nos enseña que no estamos solos y que Dios entregó a su propio hijo para salvarnos del pecado”, dijo Teresa Hinistroza (El Salvador).

“El drama que vivimos los inmigrantes indocumentados, salvando la distancia, es muy parecido al Via Crucis que vivió Jesucristo. Nosotros vivimos en carne propia la desigualdad, persecución y deportación solo por el simple hecho de ser trabajadores sin tarjeta de residencia”, dijo Eduardo Alvarez (Bolivia).

“Hemos venido con la ilusión de construir un futuro mejor para nuestros hijos. Sentimos que algunas personas nos discriminan, pero seguimos adelante con la verdad y la palabra de Dios”, dijo Enriqueta Seminario (Nicaragua).

“Necesitamos que termine el acoso contra los indocumentados. Los hispanos somos víctimas de la violencia definitivamente, siempre hemos sido víctimas de la violencia”, dijo Edith Rivera (México).

Según las estadísticas el año pasado casi 400.000 personas indocumentadas fueron deportadas, la mayoría hispanos.