Acorralado por una condición hereditaria con la que se vio obligado a vivir por años, Stanley Marshall tuvo la suerte -justo antes de iniciarse en el tortuoso camino de la diálisis- de recibir el riñón que necesitaba para vivir.

Jacinta Marshall, una panameña que inmigró a este país hace ya casi cuarenta años, no sólo ha sido la compañera constante y dedicada de su esposo por 38 años, sino que se ha convertido, como él en una activista decidida a fomentar la donación de órganos y a acabar con los mitos y temores que existen a su alrededor.

“Hay mucho mito, no existe un entendimiento en la comunidad hispana en lo que se refiere a la donación de órganos”, afirma Jacinta, haciendo énfasis en que si ella y su esposo pueden hacer algo para que las personas entiendan la importancia de convertirse en donantes lo harán.

El camino de la familia Marshall a través de la enfermedad que Stanley heredó -riñones policísticos- no fue nada fácil, pero ninguno de los dos desistió a pesar de que la salud de Stanley decrecía en la medida en que aumentaban los índices de creatinina en su sangre.

Cuando los niveles de creatinina superan el límite de resistencia del organismo es necesario iniciar un proceso de Diálisis, un complicado mecanismo que extrae y 'limpia' la sangre que los riñones no pueden procesar.

Stanley estaba listo para iniciar ese proceso, pero el primero de febrero del 2006 llegó la llamada que cambiaría su vida.

Había un donante. El riñón se acopló firmemente a su nuevo organismo y empezó a trabajar una vez instalado. Disminuidos los niveles de creatinina, las cosas empezaron a funcionar mucho mejor.

A pesar de que Stanley ha tenido que visitar al doctor más de una vez desde el transplante, hoy en día lleva una vida normal y lo más importante: continúa siendo parte de la familia que creó y que lo ha apoyado a lo largo de su vida.

“Creemos realmente que Dios está en la mitad de todo esto, hemos sido bendecidos”, declara Stanley, con una sonrisa saludable que hace juego con la paz y la tranquilidad que se respira en su casa.

Pero, ¿es esta realmente una posibilidad para todos?

De acuerdo con la familia Marshall, uno de los más graves problemas que enfrenta la comunidad hispana es la falta de información en cuanto a los recursos disponibles de salud, en todos los sentidos.

A la espera del riñón de Stanley, que tardó 17 meses en llegar, los Marshall, por ejemplo, descubrieron que tenían la posibilidad de anotarse en varias listas de espera, si estas no eran del mismo estado, así, pocos días antes de recibir el llamado del Johns Hopkins Hospital, donde se realizó el transplante, hubo una llamada del Washington Hospital Center de Washington.

“La gente ignora que hay posibilidades”, anota Jacinta, indicando que hay que romper las barreras que se han creado en torno a la donación de órganos y que están relacionadas en muchos casos con malos entendidos de orden religioso, miedo o simple ignorancia.

“Dios me ha dado un regalo extra de vida, si no tuviera este riñón no estaría aquí”, apunta Stanley, un hombre que 'volvió a nacer' gracias a la generosidad de Beverly Keefer, una donante convencida que al partir dejó regalos de vida en más de una familia necesitada.

No es una prioridad

Estudios recientes demuestran como los hispanos se rehusan a hacer parte del sistema preventivo de salud y caen con frecuencia víctimas de enfermedades previsibles.

“Los hispanos ponemos la salud en segundo plano, y eso es lamentable”, indicó de su lado, Faviola Donato Galindo -especialista en educación comunitaria de la Comunidad Regional de Transplantes de Washington.

Resaltó que uno de los males de nuestra comunidad es el de no creer en el sistema de salud estadounidense y pensar que hay una 'mafia' detrás de las instituciones dedicadas a promover la donación de órganos, sin tener en cuenta que ambos son objeto de un riguroso control por parte del gobierno federal.

Según Donato, el miedo que aqueja a muchos es infundado. Hay quienes creen, por ejemplo, que si aparecen como donantes su salud no va a ser prioridad para los médicos a la hora de una emergencia; otro de los mitos infundados en torno a la donación de órganos.

“No deben tener ningún temor, donar es un acto heroico de amor al prójimo”, sostiene Donato, agregando que en la práctica casi todos podemos ser donantes, ya que no existe limite de edad y una vez que fallecemos es el médico el que determina, de acuerdo a ciertas exigencias médicas y legales, si podemos o no extender la vida de otro ser humano con uno o varios de nuestro órganos.

Un sistema enfermo

Si es cierto que la comunidad hispana, además de no estar educada en cuanto a prevención y cuidado de la salud se refiere, también es cierto que es víctima de un sistema de salud deficiente y altamente excluyente que muchas veces deja a muchos fuera.

Sin embargo, hay que recordar que existen muchas organizaciones privadas y fundaciones dedicadas a ayudar a aquellos que más lo necesitan y lo importante es explorar las alternativas, preguntar, tocar las puertas, siempre hay alguna que se abrirá, no hay que perder la esperanza.

“Hay opciones, hay muchas fundaciones que ofrecen recursos económicos para aquellos que no los tienen”, afirma Donato.

En Estados Unidos más de 99 mil personas están esperando un órgano que les salve la vida, el 16 por ciento de ellos son hispanos. Entre los nuestros las posibilidades de padecer diabetes y enfermedades renales son mucho más altas que entre los norteamericanos caucásicos.

Mientras usted lee este articulo, 11 mil hispanos de todo el país esperan un transplante de riñón; conseguirlo se complica por la ausencia de donantes y por la serie de estrictos requisitos médicos y legales que deben acompañar la donación.

“Cada caso se evalúa individualmente”, explica el doctor Carlos Fernando Bueno, director médico de la Unidad Regional de Transplantes de Washington.

Bueno explica que muchas veces, una persona puede necesitar más de un órgano para vivir y que esa condición es más frecuente en los niños que pueden llegar a requerir dos o tres órganos; un hígado un páncreas y un intestino o un corazón y un riñón.

Para que una persona se convierta en donante, debe comprobarse, entre otras cosas, su muerte cerebral.

“Una vez que se va el reflejo de respiración no hay manera de volver para atrás”, explica Bueno, resaltando que existen una serie de pautas establecidas por la Academia Nacional de Neurólogos a través de las cuales se establece científicamente, sin espacio para dudas, que hay muerte cerebral.

La verdad es que al iniciar el camino de retorno, podemos permitir a través de nuestra generosidad, que aquellos que no han terminado su jornada, continúen viviendo.