El cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, recibe las ofrendas durante la misa del Domingo de Pascua en la Catedral de San Mateo. (Foto/Jaclyn Lippelmann)
El cardenal Donald Wuerl, arzobispo de Washington, recibe las ofrendas durante la misa del Domingo de Pascua en la Catedral de San Mateo. (Foto/Jaclyn Lippelmann)

En una espléndida mañana primaveral que invitaba a salir y a disfrutar de la luz que lo inundaba todo, el cardenal Donal Wuerl dijo, a la abigarrada multitud que colmó la catedral San Mateo el Apóstol, que el domingo de Pascua o de Resurrección es un día de júbilo y que todos debemos estar verdaderamente alegres porque el hijo de Dios, hecho hombre, ha vencido a la muerte, ha resucitado, ¡Aleluya!

El cardenal recordó que durante 2.000 años los cristianos se han reunido para celebrar la Resurrección de Jesús, y que lo hacen recordando el evento y escuchando la voz de los testigos, sus discípulos. “Nosotros no estuvimos presentes en el jardín de Pascua, en la tumba vacía, por eso necesitamos oír de nuevo el testimonio de los que sí estuvieron”.

Históricamente, la cruz se ha considerado un símbolo de la victoria de Cristo sobre la muerte. No en vano, la planta de la catedral de San Mateo tiene forma de cruz latina. En el interior de este magnífico templo se congregó, el domingo 16 de abril, una multitud de creyentes, unidos por la esperanza cristiana y por la fe en la vida eterna.

Ellos asistieron no sólo para escuchar de nuevo la proclamación de que Jesús ha resucitado de entre los muertos, sino porque, según proclamó el cardenal Wuerl: “Nosotros también podemos compartir su Resurrección. A través de los sacramentos, compartimos la esperanza de nuestra propia resurrección”.

Y esa luz dominical que inundaba el exterior, también se hizo presente en el interior del templo. Donde los feligreses congregados, inundados por un sentimiento de alegría, pudimos percibir la luz de Cristo resucitado. Tuvimos una nueva oportunidad de renovar nuestra fe. ¡Aleluya!