Con este estribillo comenzamos el Vía Crucis. En esta breve invitación y respuesta, San Alfonso Ligorio captura la esencia del artículo del Credo que proclama que Jesucristo “padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado”.

La realidad de la muerte y resurrección de Jesús es el fundamento del relato histórico y testimonio personal encontrado en Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y a la cual se refieren en otras partes del Nuevo Testamento. Jesús fue arrestado, juzgado, sentenciado, sufrió el degradante y extremadamente doloroso Vía Crucis, fue crucificado, muerto y sepultado.

Las reproducciones del recorrido de Jesús a lo largo de la Vía Dolorosa nos marcan el terrible dolor y el sufrimiento que sufrió Jesús mientras hacía el recorrido hacia su muerte en la cruz por nuestra salvación. Mientras caminamos ahora con él, a lo largo de estas catorce estaciones, traemos a la memoria y a nuestro corazón la comprensión de que Jesús aceptó libremente todo ese tormento y agonía por nosotros - por cada uno de nosotros. Nosotros hemos sido rescatados por su sangre. Nuestra salvación y nueva vida fueron redimidas para nosotros por Jesús mientras colgaba de la cruz y moría por nosotros.

Oremos: “Que por tu santa cruz redimiste al mundo”.

PRIMERA ESTACIÓN: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

Aunque él era inocente de cualquier pecado o crimen, Jesús se sometió libremente a sí mismo al juicio de este mundo. ¿Acaso nosotros, como lo hizo Pilatos, cedemos algunas veces a las presiones de nuestros semejantes o a los intereses políticos, sabiendo que no estamos en lo correcto?.

Señor, con todo mi corazón me arrepiento de haberte ofendido.

SEGUNDA ESTACIÓN: JESÚS CARGA CON LA CRUZ

Libremente y por amor a nosotros, Jesús abraza su cruz. Él pide a cada uno de nosotros que hagamos lo mismo. Si quieres ser mi discípulo, toma tu cruz y sígueme. (Mt 8:34).

Cualesquiera que sea la cruz que llevamos, hagámoslo con amor. Concédeme que yo pueda amarte siempre, y luego haz conmigo lo que sea tu voluntad.

TERCERA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

Bajo el peso de la cruz Jesús cae de rodillas. Con frecuencia nosotros caemos por nuestras propias fallas, debilidades y pecados. Fue para ayudarnos a levantarnos de nuestras caídas que Jesús sufrió la suya.

Señor, nunca permitas que te ofenda de nuevo.

CUARTA ESTACIÓN: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU MADRE

Tanto Jesús como su madre comparten un desgarrador encuentro mientras Jesús arrastra su cruz hacia el lugar de su muerte. Sin embargo, María está allí, a pesar de su dolor, con su hijo. Ella pone un ejemplo para que nosotros aprendamos a caminar con Jesús, incluso en nuestro dolor.

Señor, concédeme que yo siempre te siga más de cerca.

QUINTA ESTACIÓN: SIMÓN AYUDA A JESÚS A CARGAR SU CRUZ

Aunque de mala gana, el espectador Simón da un paso al frente para ayudar a Jesús a cargar su cruz. Mientras nosotros recorremos nuestro camino en la vida no solamente somos llamados a cargar nuestra propia cruz, cualquiera que esta sea, sino también a estar allí para otros - para ayudarles de alguna forma a cargar la suya.

Mientras pedimos por la gracia para aceptar y cargar la cruz, preocupémonos siempre por las cruces de los demás.

SEXTA ESTACIÓN: LA VERÓNICA LIMPIA EL ROSTRO DE JESÚS

Con su acción, la Verónica intenta restablecer algo de la belleza al golpeado rostro de Jesús. ¿Somos nosotros capaces, o no, de manifestar más claramente en nuestras acciones las maravillas de la Iglesia de Cristo, de tal forma que otros puedan ver en nuestras acciones la belleza del Evangelio?.

Señor, renueva siempre en mí el espíritu que yo recibí en el Bautismo.

SÉPTIMA ESTACIÓN: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

Una vez más, Jesús colapsa bajo el peso de nuestros pecados. Cualquiera que sea el peso de la cruz sobre nuestros hombros que continuamente nos obliga a caer, nosotros tenemos el ejemplo de nuestro Señor. Esforzándose y adolorido, él se levanta. Él continúa su viaje.

Señor, que en todas mis tentaciones siempre encuentre fortaleza en ti.

OCTAVA ESTACIÓN: JESÚS HABLA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

Las mujeres que Jesús encontró en su Via Crucis se dieron cuenta tanto de su sufrimiento como de su inocencia. Y ellas lloraron. ¿No deberíamos nosotros llorar, también, tanto por el dolor de nuestras fallas, como por la tranquila alegría de saber que en la inocencia de Jesús está nuestra salvación?.

Señor, que yo siempre me arrepienta verdaderamente por mis pecados.

NOVENA ESTACIÓN : JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Con la mayor parte de sus energías agotadas, Jesús cae una vez más. Si embargo, Él se levanta de nuevo. En realidad, ni siquiera nuestras repetidas fallas caídas y pecados pueden alejarnos nunca del lado de Jesús, si nosotros estamos dispuestos a arrepentirnos y a levantarnos una vez más.

Señor, dame la fortaleza para sobreponerme a mis fallas humanas.

DÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

En este último ultraje, le son arrebatadas a Jesús sus ultimas pertenencias. Mirándolo a Él en esta condición se nos recuerda cuán fútil es nuestro apego a las cosas de este mundo, especialmente si las ponemos por delante a nuestro amor por el Señor.

Jesús, ayúdame siempre a amarte por sobre todas las cosas.



UNDÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ

Dentro de sus manos y pies son incrustados los clavos - clavos elaborados por nuestro propio orgullo personal, la avaricia, la ira y las fallas que aseguran a Jesús a la cruz que Él gustosamente abrazó por nosotros.

Señor, yo me arrepiento para siempre por haberte ofendido.

DUODÉCIMA ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Jesús aceptó libremente lo que requería la voluntad de su padre. “El Padre me ama porque yo doy mi vida para retomarla de nuevo… Nadie me la quita, sino que yo mismo la entrego” (Juan 10:17-18).

Que el amor libre y obediente de Jesús me inspire hacia una mejor apreciación del plan de Dios para mí, y que siempre ame a Dios con todo mi corazón.

DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN: JESÚS ES BAJADO DE LA CRUZ

El quebrantado cuerpo de Jesús es colocado en los brazos de su madre, quien reconoce en su Hijo a aquel que ha venido para hacer nuevas todas las cosas.

Que nosotros veamos siempre en Jesús, aún cuando su Evangelio contradice la sabiduría de este mundo, el camino, la verdad y la vida.

DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN: JESÚS ES COLOCADO EN LA TUMBA

Después de su muerte ignominiosa, el cuerpo de Jesús es colocado en la tumba, que después es cerrada y sellada. Sin embargo nosotros sabemos que la historia no termina allí. La muerte no puede reclamar dominio sobre Jesús, quien vino para que en Él nosotros pudiéramos tener vida, y tenerla en abundancia.

Señor, que mi fe sea siempre fuerte y que yo pueda reconocer en la tumba que tres días más tarde estaba vacía, una señal de tu gloriosa resurrección y la garantía de mi vida eterna.

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, que por tu santa cruz redimiste al mundo.

Él concluye invitando a la gente a rezar el Padre Nuestro:

Padre Nuestro

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, y perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.