Madre Teresa durante su visita a Washington, DC. (Foto CNS/Michael Hoyt)
Madre Teresa durante su visita a Washington, DC. (Foto CNS/Michael Hoyt)
No es difícil encontrar imágenes de santos en Tijuana. Pero, hay una imagen, en particular, que es un excepcional retrato doble maravilloso. En un edificio modesto, donde abundan monjas vestidas en saris blancos con tres tiras azules, hay una fotografía de la Madre Teresa de Calcuta sonriente, mirando la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe en sus manos. La foto nos recuerda la historia de Madre Teresa en Tijuana y sus alegres relaciones con América Latina.

La beata Madre Teresa -nació hace 102 años en agosto, murió hace 15 años en septiembre y recibió el título de beata hace 9 años en octubre- estableció su hermandad, Las Misio-narias de Caridad, en la India. Tan pronto como la ley de la Iglesia le permitió expandirse fuera de la India, ella llegó, con la invitación del obispo local, a Cocorote en la Zona Negra de Venezuela.

Con el tiempo, Madre Teresa fue invitada a casi todos los países latinoamericanos: México (1976), El Salvador (1977), la Argentina y Panamá (1978) y Brasil y Perú (1979). Antes de su fallecimiento, Las Misionarias se habían establecido en 65 ciudades y pueblos desde Santiago de Chile hasta Tijuana, México. Y en áreas de numerosas poblaciones latinas en Estados Unidos

En Venezuela, las hermanas mostraron versatilidad, en la India habían pasado por situaciones de pobreza rural deplorable y ahora las hermanas se encontraban remediando necesidades rurales, viajando en un jeep con gasolina donada, de un campo pequeño a otro. Ofrecían sus servicios a los pobres, a los jóvenes y a los moribundos. También llevaban la Eucaristía a los que la necesitaban en los pueblos donde no había sacerdote. Trataban de reunir a familias separadas y hasta reparar techos de edificios afectados por las tormentas. Eran las mediadoras entre los residentes del pueblo y los que venían de las montañas buscando trabajo.

Madre Teresa insistió, no solo en ayudar a los pobres, sino en acompañarles en sus dificultades -visitándoles cada día, atendiéndoles o pasando tiempo con ellos. Aprendió esto de niña cuando acompañaba a su madre, quien tenía una rutina diaria de visitar a los desamparados en su pueblo nativo, Skopje, Macedonia. Entre ellos había un alcohólico, File, que ellas cui-daban y le limpiaban las llagas. La primera regla de la Hermandad que La Madre Teresa puso como obligación: no solamente ayudar al desamparado, pero también “visitarles asiduamente” y “vivir el amor de Cristo para ellos.” Esa teología es central en sus hospicios. Sin escrúpulo ante la muerte, Madre Teresa respetaba la dignidad de cada ser que atendió, hasta el momento del fallecimiento. Un hombre en un hospicio indiano comentó que había vivido como un animal pero iba a morir como un ángel, amado y cuidado.

Madre Teresa, migrante

Teresa podía entender muy bien las necesidades de los migrantes. Ella, a los 18 años, salió de su ciudad natal en Macedonia para Calcuta, un megalópolis de la India, donde por 17 años enseñó como monja de Loreto. Pero a los 36 años, durante un largo viaje de tren hacia un retiro, ella recibió la primera de varias conversaciones y visiones en que Cristo le habló, diciéndole: “Sé mi fuego de amor entre los pobres (o como ella dice ‘los más pobres de los pobres’) los enfermos, los moribundos y los niños pequeños”. Al volver del retiro, pidió permiso a la Iglesia para fundar las Misioneras de la Caridad. A los 2 años, se trasladó a barrios bajos para vivir su vocación.

¿Quiénes son “los más pobres de los pobres” en una ciudad llena de pobres? Las hermanas se enfocaron primero en la estación central de Calcuta. Las tensiones hindú/musulmán y la creación del estado de Pakistán obligaron al éxodo a millones: la estación parecía un campo enorme de gente desplazada y de refugiados. Para servir a estos viajeros desesperados, Madre Teresa estableció muchas de las escuelas, hogares para mujeres y niños, y hospicios que sirvieron como modelos para sus obras. Casi siempre los refugiados son los más pobres en cualquier sitio, Teresa se hizo la experta para conocer las necesidades de los refugiados. Durante las 2 últimas décadas, vivió como una persona desplazada con sus viajes de un país a otro. Estableció casas donde sus hermanas estarían siempre disponibles.

Decir la verdad a los poderosos

Madre Teresa también negociaba y a veces confrontaba a los poderosos. En su primera visita a México (1975), donde asistió al Congreso Internacional del Año de la Mujer, pasó un día en la modesta municipalidad de Nezahualcoyoti. Antes de salir para el aeropuerto, recibió una llamada para visitar al presidente Luis Echeverría, quien la invitó a trabajar en México. Las relaciones entre el partido de Echeverría y la Iglesia Católica eran problemáticas, Madre Teresa explicó que solo podría aceptar la invitación si el liderazgo de la iglesia local la invitaba. Echeve-rría consintió. La invitación llegó y las hermanas establecieron su primera casa en México al lado del enorme basural Borda de Xochiaca, donde vivieron y trabajaron entre la gente que se gana el pan buscando algo de valor en la basura.

En el documental, Mother Teresa, presentada por Anne y Jeanette Petrie (1986), vemos como, después del terremoto de-vastador de 1976, el gobierno guatemalteco le ofrece a la Madre Teresa un sitio para su hospicio, pero una oficial guatemalteca le dice que necesitan el sitio para un mercado. “Pues -responde Teresa- somos el mejor mercado. Estamos vendiendo amor”. La mujer retruca: “Ustedes venden amor por los pobres, pero hay mucha gente tratando de salir de la pobreza”. Teresa objeta: “Pero deben tener mucho terreno, en otro sitio”. “Si -dice la oficial-, pero este sitio está en el mismo centro de la plaza. Ustedes pueden recibir mucho terreno pero no en esta plaza”. “No -interpone Teresa-, prefiero quedarme donde estamos”. Hace una pausa y continúa: “Si no es posible, no es la voluntad de Dios para nosotras”. Luego, se oye la voz de Teresa: “Últimamente, nos dieron el terreno por 50 años y más terreno también. Estábamos orando continuamente. ‘Tenemos que dejar que Jesús lo haga’. Y Él lo hace de una manera preciosa”.

Algunos activistas en ese tiempo intentaban aliviar la pobreza con cambios políticos. Madre Teresa no estaba de acuerdo: su misión era dirigirse a individuos, y no a estructuras. Sin embargo, se dirigió a la gran diferencia económica entre los ricos y los pobres. A los ricos, Teresa les dijo: “Tenemos que meternos de lleno en la pobreza, vivirla y compartirla”.

Una ciudad en México

Los obispos de Tijuana invitaron a las Misionarias de Caridad en febrero de 1988, y las hermanas llegaron la siguiente semana. Meses después, los Padres, Misionarios de Caridad, llegaron para ayudar a las hermanas. Hoy, Tijuana es la oficina central de los Padres. Al poco tiempo, llegó un grupo de hermanas contemplativas. En la década de los 90, cuando aumentó el número de migrantes a Estados Unidos, el obispo solicitó a las monjas establecerse en la estación central de autobuses, donde ellas fundaron un comedor de beneficencia, una casa para abuelitos y un refugio temporal para hombres en tránsito a Estados Unidos. Con el tiempo, la comunidad edificó en la ciudad un santuario dedicado a la Madre Teresa para la población local -donde se encuentran 2 imágenes: a la derecha está el imagen de la monjita de Calcuta; y a la izquierda está el de Nuestra Señora de Guadalupe.

Santa de lo ordinario

Teresa abrió centros para sus hermanas en casi todos los países del mundo y llegó a ser símbolo de amor desinteresado para todos, incluyendo a los no católicos. No es extraño que la Madre Teresa recibiera el Premio Nóbel de la Paz.

Después de su fallecimiento, el Vaticano renunció a una de sus reglas para facilitar el comienzo inmediato del proceso para su canonización. En 2002 reconocieron su “virtud heroica”, no solo por su servicio “a Jesús mismo, oculto bajo el rostro doloroso del más pobre de entre los pobres”, como la citó el papa Juan Pablo II, pero también por su fidelidad durante tantas décadas de “la noche oscura del alma”, comparable con otros peregrinos espirituales como San Juan de la Cruz. Su postulador, el padre Brian Kolodiejchuk, también acentúa la importancia de Madre Teresa como un “apóstol de lo ordinario”…”muy imitable” que entendió muy bien que un gran amor no requiere de grandes gestos y se puede realizar de persona-a-persona, uno por uno. Kolodiejchuk remarca: “Cosas ordinarias, amor extraordinario”.

En 2002, el Vaticano anunció la intercesión de Madre Teresa en la cura milagrosa de una mujer en la India en 1998. Para confirmar la santidad de una persona, se necesitan 2 milagros. El padre Kolodiejchuk está revisando 4.200 reportes de favores supernaturales, gracias a la intercesión de Madre Teresa. La más reciente investigación es de un milagro en Colombia, un reflejo de la larga relación de La Madre Teresa con América Latina.

*Autor de la biografía ilustrada, Mother Teresa: The Life and Works of a Modern Saint. El libro estará disponible en español a fines de septiembre bajo el título, La Madre Teresa: la vida y las obras de una santa moderna.