Portada del nuevo libro del cardenal Donald Wuerl: Seek First the Kingdom: Challenging the Culture by Living Our Faith.
Portada del nuevo libro del cardenal Donald Wuerl: Seek First the Kingdom: Challenging the Culture by Living Our Faith.
La ‘búsqueda del reino’ comienza en casa. En ese peregrinaje, a través de la lectura del nuevo libro del cardenal Donald Wuerl, Seek First the Kingdom: Challenging the Culture by Living Our Faith, caminamos y enfrentamos juntos, en un mundo inmerso en el materialismo, el gran reto de compartir con los demás el Regalo Perfecto, convenciéndoles e invitándoles a ser partícipes de ese regalo. En Seek First the Kingdom, el arzobispo de Washington nos lanza el guante de ser activos evangelizadores, y lo hace de manera elocuente: mostrándonos la vitalidad de nuestra fe a través de historias que, a guisa de parábolas, son experiencias acumuladas en su vida como sacerdote y obispo. A continuación extractos de la entrevista sostenida con el cardenal Wuerl.

En su libro menciona que el secreto mejor guardado es la Doctrina Social de la iglesia, ¿cuál sería la mejor forma de acercarnos/evangelizar al libre pensador? Este último entendido como un río subterráneo que desemboca en el mar sin antes haber fertilizado una sola semilla.

La enseñanza social de la Iglesia es el umbral a través del cual las personas son conducidas a aprender más plenamente la verdad de la enseñanza de la Iglesia basada en la revelación divina y la ley moral natural o el derecho natural moral. Muchos están dispuestos a ayudar a otros en respuesta a la doctrina social de la Iglesia. Mas, también, debemos ayudarles a reconocer que el valor de esa enseñanza social proviene del mensaje del evangelio y de la verdad del mensajero: Jesucristo.



En un mundo altamente secularizado, ¿cuál sería la mejor manera de acercarnos a los católicos y no católicos?

La necesidad de llegar a los que se han alejado de la práctica de su fe y a los que no han escuchado el evangelio es la médula del llamado de la Nueva Evangelización. Hoy es importante que a los bautizados se les provea de la suficiente catequesis que les permita comprender plenamente el gran regalo -el regalo perfecto- que es su fe.



Los laicos tenemos un gran papel en la transformación de la sociedad, como lo menciona en su libro, en nuestro caso (inmigrantes), cuál sería la mejor forma de hacerlo en términos de educación, inmigración o salud, por ejemplo.

La comunidad hispana aporta a esta arquidiócesis muchos regalos. Muchos de nuestros inmigrantes de habla hispana vienen con una gran tradición de la fe y un gran aprecio por los sacramentos en su vida. Obviamente, la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe es un distintivo aporte de lo mucho que brindan los miembros de nuestra familia de habla hispana. La Iglesia continúa intentando brindar toda la ayuda pastoral y espiritual posible, mientras que al mismo tiempo se promueve políticas públicas que atiendan las necesidades de todos, incluyendo a nuestra comunidad hispana e inmigrante.

¿Cómo motivar a las familias a ser los evangelizadores primarios en la búsqueda del Reino de Dios?

La fe se transmite inicialmente, y ante todo, en el contexto de la familia. Cada padre y madre tiene la responsabilidad personal de transmitir la fe, empezando con sus niños. Lo hacemos a través de cosas tan simples como enseñándoles a decir sus oraciones, llevándoles a misa, enseñándoles a aprehender los elementos rudimentarios de nuestra fe: la historia de Jesús y su amor para con nosotros.



¿Cómo animar a los católicos inactivos a buscar el Reino?

Pienso que el esfuerzo debe empezar primero con los católicos que ya participan en la vida de la Iglesia, invitándoles a asumir el desafío de reevangelizar a los católicos inactivos. Una de las maneras de hacerlo es invitando a los que conocemos a que vayan con nosotros a misa. El más sencillo y simple acto de la nueva evangelización es la invitación a las personas de nuestro entorno más cercano a que nos acompañen a la misa, a que regresen y vengan con nosotros a celebrar la eucaristía.



Los católicos debemos reconocer que nuestra primera ciudadanía es el Reino de Dios, mas ¿cómo hacerlo?

Cada uno de nosotros está hecho de un cuerpo y un alma. Hay una dimensión espiritual en cada uno de nosotros. Aun inmersos en todo lo que sucede y hacemos en este mundo, necesitamos que se nos recuerde esa calidad espiritual de nuestra vida, la gracia de Dios en acción en nosotros que es la evidencia más clara de que nuestra ciudadanía, no únicamente en este mundo, sino en la vida por venir -en el Reino de Dios.

En una sociedad multicultural, donde las personas tienen diferentes tradiciones, ¿considera importante acoger esas tradiciones cómo esas personas las celebran en sus países de origen?

Una de las grandes bendiciones de nuestro país es la riqueza en la variedad de tradiciones culturales, los antecedentes y la herencia son parte de nuestra identidad de quiénes somos. Parte de esa riqueza incluye las tradiciones de nuestra fe, nuestras celebraciones de piedad popular y la manera en que vivimos nuestro compromiso con el evangelio. Necesitamos asegurarnos de que esas tradiciones sean acogidas y celebradas, así como las celebramos, porque nos enriquecen a todos.



En su libro comenta sobre el histórico legado de la libertad religiosa de Maryland y de las crecientes amenazas a nuestra libertad religiosa. ¿Qué tan oportuno es su mensaje para los católicos de la Arquidiócesis de Washington que viven en Maryland y en la capital del país?

Hoy estamos siendo confrontados con un desafío extraordinario, uno de los más preocupantes en la historia moderna: la erosión de la libertad religiosa y la desteñida atención a la libertad de la conciencia de nuestra sociedad. Me gustaría que el libro Seek First the Kingdom fuese una contribución a la discusión en torno a la defensa de la libertad religiosa y la preservación de la libertad de la conciencia que es parte de la herencia estadounidense.

¿Cómo afrontar el tema de llevar nuestra fe a la arena pública, donde muchos laicos y funcionarios públicos católicos definen su fe como un asunto privado?

Los católicos, al igual que todos los que viven en una democracia, tienen la obligación de participar en los procesos de elección de funcionarios públicos y en el desarrollo de la política pública. Se espera que un creyente lleve consigo sus principios, sus más caros ideales y sus valores al diálogo sobre el bien común. Las convicciones de nuestra fe tendrán siempre un impacto en la política pública porque la persona que es un ciudadano es, también, la mayor parte de las veces, un creyente, un participante en la vida de la Iglesia.

La cita frecuente de la separación de Iglesia y estado nunca intentó separar los valores religiosos, morales y humanos del orden político. De hecho, implica lo contrario. La protección de la libertad religiosa fue para garantizar que la voz de la convicción religiosa siempre esté presente en nuestra sociedad.