Para los católicos el mejor sitio para que los niños aprendan a amar y a rezar es el hogar. Solo viendo el amor y la oración de los padres, los hijos pueden entender que sus progenitores son reflejos del amor de Dios. Es por eso qu siempre en todas las parroquias se repite que ‘la familia que reza unida, permanece unida’, y si permanece unida se amarán entre sí como Dios ha amado a cada uno de ellos.

También es cierto que cuando las familias están desunidas, ya sea por el pecado o la avaricia, la mayoría de los niños crecen sin saber cómo amar ni rezar. El desconcierto y la soledad siempre empujan a muchos jóvenes a entregarse a las drogas o violencia para escapar del sentimiento de no ser amados.

Con el propósito de aprende a elevar los niveles de oración, el pasado sábado más de un centenar de padres de familia de la Arquidiócesis de Washington, se reunieron en el centro Cardenal McCarrick para participar de un taller sobre la importancia de rezar en el hogar.

El obispo auxiliar de Washington, Francisco González, explicó que el trabajo en el mundo moderno condiciona severamente al matrimonio y a la familia, pero que es obligación de todos evitar que se afecte la comunicación y el amor entre sus miembros.

Indicó que los hábitos, actitudes, conductas y decisiones que desarrolla una familia siempre la hace más consciente del amor a Dios, por lo que la oración se convierte en algo fundamental para todos.

“La oración en la familia es importante. Es vital que se haga con devoción, que no se limite a las palabras, sino que se transforme en hechos y testimonios de fe”, señaló González.

Agregó que todos debemos confiar en la presencia de Jesucristo Nuestro Señor y de María Santísima, lo cual implica que la familia tenga una participación más activa a nivel parroquial.

“Nunca deben olvidar que la familia que reza unida, siempre permanece unida”, acotó el obispo auxiliar de Washington.

Rezar en familia

La oración al interior del seno familiar es un factor de cambio muy importante, que ayuda a superar los momentos difíciles e introducir el mensaje de Dios en cada momento de nuestras vidas.

Para la teóloga Dora Tobar la oración en familia tiene que convertirse en una actividad normal, pero respetando sus ritmos y sus momentos. “El primer paso lo tiene que dar la pareja aprendiendo a orar ellos juntos. Una oración en pareja, sencilla, normal, sin demasiadas complicaciones, hace bien a la pareja creyente y es la base para asegurar la oración en los hijos”.

Puntualizó que es necesario que los hijos vean rezar a sus padres en el hogar. “Si ve a sus padres rezar sin prisas, quedarse en silencio, cerrar los ojos y ponerse de rodillas, los niños captan intuitivamente la importancia de esos momentos y perciben la presencia de Dios en el hogar”.

Tobar enfatizó que los niños aprenden a orar rezando con sus padres, por lo cual hay que hacerlos participar en la oración, que aprendan a hacer los gestos, a repetir algunas fórmulas sencillas, algún canto, a estar en silencio hablando a Dios.

“Cada familia tiene un estilo propio y ha de encontrar el modo concreto de integrar la oración en la vida del hogar. Pero se pueden ofrecer algunas pistas concretas como rezar abrazados, antes de cada comida o al momento de irse a la cama”, concluyó Tobar.

El taller concluyó con la Santa Misa, oficiada por el padre Federico Alcamán, y un almuerzo de confraternidad donde se informó sobre la ‘Escuela de Padres’.



Ayuda

El Instituto de Liderazgo Laical, responsables de organizar el referido taller, pertenece a la Arquidiócesis de Washington y que de forma permanente ofrece cursos religiosos y de formación profesional. Más información llamando al (301) 946-1621.