A vivir los misterios pascuales con esperanza, amor y solidaridad, exhortó el obispo auxiliar de Washington, Evelio Menjívar Ayala, en la misa del Domingo de Ramos celebrada en la catedral de San Mateo Apóstol, el 29 de marzo de 2026.
El obispo Menjívar, celebrante principal y homilista, recordó que la pasión y resurrección de Jesús continúan siendo hoy un acontecimiento relevante para los creyentes, quienes celebraron con fe “la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén”.
Con la misa del Domingo de Ramos se inició la Semana Santa, tiempo en el que la Iglesia en todo el mundo recuerda el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
“Vivamos con fe lo que hizo Jesús por nosotros, por nuestra salvación, para traernos la sanación de nuestras almas, la liberación de las cadenas del pecado y de la muerte, y la posibilidad de una vida nueva”, dijo, en su homilía, monseñor Menjívar.
La ceremonia litúrgica del Domingo de Ramos comenzó con la bendición de las palmas y ramas de olivo o laurel que llevaron en sus manos los fieles, rememorando el pasaje evangélico con un regocijo espiritual, propicio para reafirmar su fe.
El obispo Menjívar estuvo acompañado por el párroco de la catedral de San Mateo, Ronald Jameson; y el padre Isaac Sagastume, vicario parroquial. Los religiosos guiaron el recorrido simbólico, acompañados por cientos de fieles que participaron con devoción.
Luego de la bendición de palmas, la congregación procesionó por calles adyacentes a la iglesia, recordando el momento en que el pueblo salió al encuentro del Señor, reconociéndolo como Rey.
El Domingo de la Pasión “es una celebración de triunfo y tragedia, de alegría y tristeza, al igual que sucede en nuestras vidas”, acotó el obispo Menjívar, destacando que “a veces, en un mismo día, podemos experimentar la alegría y la tristeza, el éxito y la derrota”.
En la liturgia del Domingo de Ramos, el pasaje de la entrada de Jesús a Jerusalén montado en un burro proclama el inicio de la misa, durante la procesión con los ramos, detalle que el obispo retomó para explicar su significado y actualidad en la vida de fe.
“Nos parecemos al burrito que menciona hoy el Evangelio. Por una parte, nos alegramos de poder caminar sobre las alfombras que encontramos por el camino, pero, a la vez, sufrimos el tener que cargar un peso que a veces sobrepasa nuestras fuerzas”, subrayó el homilista.
Más de 1.700 catecúmenos y candidatos serán bautizados o recibidos plenamente en la Iglesia católica durante la Vigilia Pascual en las parroquias arquidiocesanas, la cifra más alta en más de 15 años para la Iglesia de Washington, algo que entusiasma al obispo.
“Hay muchas razones para ser optimistas y muchas más cosas que nos llenan de esperanza. Hoy vemos a tantas personas entrando en la vida sacramental de la Iglesia, sobre todo jóvenes”, dijo.
Hay un despertar en la fe y un deseo grande de involucrarse en la vida parroquial y comunitaria, algo positivo —afirmó el obispo—. Especialmente en tiempos en que muchos sufren de aislamiento que es cuando la fe, la solidaridad y la vida comunitaria se presentan nuevamente como una alternativa real a la soledad y el desarraigo.
“Al mismo tiempo, ¿cómo no estar preocupados por las historias de miedo y ansiedad que siguen viviendo muchos inmigrantes en nuestra comunidad?”, preguntó el obispo Menjívar, al expresar que “para muchas personas este es un peso casi imposible de llevar sobre sus espaldas”.
Desde que fue nombrado obispo auxiliar de Washington, monseñor Menjívar se ha convertido en una voz firme y visible en defensa de los migrantes, denunciando con claridad las presiones y políticas migratorias que siembran miedo y vulneran la dignidad humana.
El obispo estuvo recientemente en El Paso (TX) y en Ciudad Juárez (México), participando en una vigilia y una marcha por la vida y por los inmigrantes en conmemoración del martirio de san Óscar Romero.
“Tuve la oportunidad de compartir con familias inmigrantes que se han quedado varadas al otro lado de la frontera, en Ciudad Juárez, y pude escuchar sus historias de ansiedad, angustia y desesperación al no saber qué pasará con sus vidas”, explicó.
En El Paso —afirmó— la situación no es menos dolorosa, ya que la ciudad se está convirtiendo en una “ciudad cárcel” ante la proliferación de centros de detención masivos de inmigrantes, donde las personas permanecen en condiciones precarias, muy preocupantes y escandalosas.
Mencionó también el sufrimiento causado por las sangrientas guerras y conflictos en el mundo, señalando que lo más grave es que estas guerras fratricidas están cobrando muchas vidas inocentes de niños, lo que “traerá más pobreza, más migración forzada, resentimientos y división en el mundo”.
“Cada uno de nosotros, quizá, carga con el peso de una culpa que agobia, con una humillación oculta, con la herida de una traición que sangra por dentro. La Pasión de Cristo no es algo del pasado; está sucediendo ahora mismo, es algo real y actual”.
El homilista destacó que la pasión y la humillación que soportó Jesús no se pueden entender ni tienen sentido sin tener en mente la razón por la que Él, siendo Dios, acepta el sufrimiento: el amor obediente.
Explicó que el amor de Jesús es desinteresado y, por lo tanto, siempre implicará el dolor de la entrega y la donación total. “No es que tengamos que permitir que nos usen, que nos falten el respeto o que nos humillen, pero cuando ponemos las necesidades de los demás por encima de las nuestras, encontramos un grado de sufrimiento y rebajamiento”.
Agregó que “cuando somos solidarios con los pobres, con los inmigrantes y con quienes son rechazados, así como cuando defendemos la verdad, la vida, la paz, la justicia y la igualdad, siempre corremos el riesgo de ser incomprendidos, menospreciados y ridiculizados”. Sin embargo, subrayó que este sacrificio amoroso trae consigo verdadera alegría, satisfacción, realización personal y la promesa de vida y felicidad eterna.
“Entremos, pues, en este tiempo santo con un sentido de reverencia y aprecio por lo que Jesús hizo por nosotros. Vivamos estos misterios con esperanza, con amor y con solidaridad, y ondeemos las palmas con alegría para recibir a nuestro Rey, humilde y sencillo. Son palmas que anuncian, aun en medio del dolor, el triunfo del amor”, acotó.
