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Amor, sacrifico y compromiso

En todos los renglones de la vida, el amar no es opcional. ¡O se ama, o no hay vida! ¿Exageración? Pues, a lo mejor, … para aquellos que todavía no saben de qué se trata. La vida se origina en el mismísimo Creador quien, según creemos, es AMOR (I Juan 4:7). Nacidos en el amor y por amor, toda criatura encuentra su pleno desarrollo y felicidad cuando abraza con pasión la experiencia de amar. Cierto, que parece sencillo, pero como la vida misma enseña, no es tan fácil ni tan sencillo. Amar siempre conlleva una entrega, que por supuesto, implica sacrificio personal. Aquí no se refiere a lo que la mayoría piensa que es el amor. No, no es solo un deleite, una atracción, una búsqueda de placer y complacencia personal. Amar es un misterio, queriendo decir, que nadie lo entiende a cabalidad. El amor es más grande que la misma vida. La experiencia de amar comienza con una atracción, se desarrolla al inicio como un sentimiento que ennoblece al enamorado, al punto que se arriesga y toma la decisión de amar.

En el proceso existe el temor, la inseguridad, la intriga. Se estimula la dimensión humana de lo sexual, al extremo que la atracción puede deteriorar y caer solo, en la búsqueda de una gratificación sensual. Todo depende de los principios morales de los envueltos en la relación. El peligro y riesgo, en toda la experiencia, es de no saber o no poder controlar esos impulsos sensuales que son normales. Aquí, el hombre, usualmente, es el más vulnerable y el más impetuoso. Al extremo que, en su imprudencia y falta de control personal, la relación puede ser ofensiva y afectar su continuidad. Es en el desarrollo lento de la familiaridad en la pareja, que se van conociendo con mayor profundidad. Se descubren rasgos y cualidades de la personalidad de cada uno, que pueden decepcionar o desilusionar la relación, como por supuesto, pueden también hacerla más atractiva.

Al tiempo del noviazgo, y después de haber compartido honestamente, sus ideales, sus planes y sus diferencias, aprenden a manejar los conflictos normales, con sus consabidos enojos, corajes y malos ratos. Cada uno en la relación, procesa los desaires de modo diferente. Aunque esos momentos de contratiempos, sean desagradables, son los que sirven de mayor provecho en descubrir el verdadero carácter de cada uno en la pareja. Se aprende a sacrificarse uno mismo, motivados por un amor genuino. La experiencia de aceptar ‘sufrimiento’ porque se está enamorado, es la lección para toda la vida. Precisamente, si se descubre que la relación no es fuente de felicidad, que, aunque sí, se siente atracción, pero exige más de lo que uno puede ofrecer, entonces, a cabalidad, se termina el noviazgo. Usualmente, es la mujer la que siente mayor temor en dejar al novio. Es culturar el pensar negativo de una mujer, ‘que se queda para vestir santos’, como suele ser la expresión popular. De hecho, también son los padres de la chica, los que muestran cierta ansiedad, cuando su hija ‘no consigue novio”.

Otra verdad, que no debe de ignorarse, es que muchas veces, el ‘nene de mami’ no ha logrado la madurez emocional necesaria para sacrificarse por lo que él, supuestamente, dice que ama. La modernidad arroja consecuencias que no siempre son tomadas en cuenta. Una de ellas, que ha afectado a todos, es la mentalidad de ‘lo desechable’. ¡Nada parece ser permanente! El aspecto de que el sacramento del matrimonio es para toda la vida, muchas veces lleva a la pareja a la decisión de ‘convivir’ juntos, sin la formalidad de un casamiento. Algunos optan por un ‘matrimonio a lo civil’, por aquello de tener la ventaja de vivir protegidos por la ley. El concepto de un compromiso por vida es lo que más amenaza a la pareja. La inseguridad, la duda, el interrogante si de veras se es capaz de la entrega permanente, predomina e influye tanto en el novio como la novia. Sí, se sienten enamorados, y por eso el noviazgo puede extenderse hasta varios años, con el riesgo de que ya se entreguen sexualmente, pero ‘sin compromiso’. Esto ocurre con mayor incidencia hoy en día. Los novios aparentan no tener ninguna prisa. Y por supuesto, si ya están teniendo relaciones sexuales, mucho menos la insistencia de un casamiento.

Amor, sacrificio y compromiso son esenciales para un matrimonio feliz y duradero. Un amor hecho a la medida del egoísmo y la inmadurez resulta, en la mayoría de los casos, en una separación y divorcio. Ironía de la vida es que una pareja que se amó profundamente termine en divorcio, es consecuencia de un descuido en la relación. El amor es como una plantita, necesita cuido constante para poder crecer y florecer. Cuando se acaban las ‘dulces tonterías’ del noviazgo, no queda mucho en que sostener la relación. Durante el noviazgo, andaban de manitas y en el auto, parecían un conductor con ‘dos cabezas’. Después de casados, se ignoran esas expresiones de amor, y lentamente, se infiltra el cansancio y la dejadez. La rutina de ‘lo mismo de todos los días’, amenaza la pareja que siente que el amor se ‘está muriendo’. De hecho, es de gran sabiduría, el detectar un decaimiento de amor en la relación. Entonces, ¿ahora qué? Pues, con seriedad de propósito, sacudir ese sentimiento de ‘letargo amoroso’, y no permitir que llegue a afectar la relación. Ayuda muchísimo, evitar a toda costa, el ignorar ese ‘síntoma’ de que algo anda mal, y que hay que remediarlo.

Por supuesto, lo primordial es recordar que este es mi único matrimonio, y que, en la vida conyugal, el amar no es opcional, como ya he mencionado.



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