Más de medio millar de fieles hispanos de la parroquia Sagrado Corazón del barrio de Mount Pleasant de Washington se congregaron el domingo 4 de octubre para conmemorar el VIII centenario de la muerte de San Francisco de Asís, en una jornada marcada por la oración, la convivencia familiar y el compromiso de promover la paz.
La celebración adquirió un significado especial por la mayoritaria presencia de niños, adolescentes y jóvenes, muchos de ellos pertenecientes a familias hispanas trabajadoras y de recursos económicos limitados, pero profundamente arraigadas en su fe católica y comprometidas con la educación cristiana de sus hijos.
La jornada formó parte del Año de San Francisco, establecido por la Iglesia con motivo de los 800 años del Transitus -paso de la vida terrenal a la vida eterna- del santo de Asís. El período jubilar comenzó el 10 de enero de 2026 y se extenderá hasta el 10 de enero de 2027. El decreto de la Penitenciaría Apostólica invita a los fieles a seguir el ejemplo de San Francisco y a convertirse en testigos constantes de la paz.
Celebración de familias
Desde tempranas horas, numerosas familias llegaron a la parroquia Sagrado Corazón para participar en una jornada que combinó la celebración de la Eucaristía con actividades de carácter social, deportivo, comunitario y de catequesis.
Uno de los aspectos más llamativos fue la presencia de cientos de niños pequeños, muchos de ellos acompañados por sus padres y abuelos. Las primeras bancas del templo estuvieron ocupadas por los menores que participan regularmente en la catequesis dominical, junto a sus catequistas y voluntarios.
Para muchas de estas familias, la celebración representó algo más que la conmemoración de una figura santa e importante de la Iglesia. Fue una nueva oportunidad para transmitir la fe y las tradiciones religiosas de una generación a otra y para enseñar a los niños que la vida cristiana también se expresa en la sencillez, el servicio, el respeto al prójimo y el cuidado de la creación.
La presencia de tantos niños y jóvenes hispanos reflejó la vitalidad de una comunidad hispana que, pese a las dificultades económicas que enfrentan algunas de sus familias, procura mantener la vida parroquial como un espacio de formación, encuentro y esperanza en el seno de la Arquidiócesis de Washington.
Y es que la celebración del octavo centenario dejó así una imagen particularmente significativa: padres que llevan a sus hijos a la Iglesia, niños que aprenden sobre San Francisco en la catequesis y jóvenes que comienzan a asumir como propios los valores que recibieron de sus familias.
Inspiración para la vida cotidiana
Durante su homilía, el padre Anthony Baetzold, párroco del Sagrado Corazón, recordó que la figura de San Francisco invita a comprender que los valores cristianos se construyen también a través de las pequeñas decisiones de cada día.
El sacerdote destacó el ejemplo del santo italiano como una llamada a vivir de manera más consciente, sencilla y comprometida, especialmente con quienes atraviesan situaciones de dificultad.
Explicó que San Francisco enseñó a desprenderse de lo innecesario y a descubrir la riqueza de las cosas sencillas: “Su espiritualidad también recuerda que todas las personas están llamadas a reconocerse como hermanos y que las relaciones humanas deben estar fundamentadas en el respeto, la cercanía, la solidaridad y el cuidado mutuo”.
El párroco animó a los fieles a continuar cuidando la “casa común”, recordando la admiración y gratitud con las que San Francisco contemplaba la creación divina.
Para el padre Baetzold la paz siempre debe ocupar un lugar central en la vida cotidiana: “Trabajar por la paz y por el bien común constituye una manera concreta de llevar esperanza a las familias, las comunidades y las escuelas”.
Jóvenes y San Francisco
Entre los participantes destacaron numerosos adolescentes y jóvenes hispanos. Para ellos, San Francisco no representa únicamente una figura del pasado, sino un santo cuyo mensaje continúa teniendo significado en una sociedad marcada por las divisiones, la discriminación racial, las dificultades económicas, la violencia y la preocupación por el futuro.
Para el guatemalteco Juan Velasquez (23) San Francisco siempre le recuerda que no es necesario tener muchas cosas materiales para ser feliz: “Hoy la vida de un inmigrante en Washington es difícil, pero se hace más manejable cuando entiendes que las limitaciones económicas o injusticias migratorias no son impedimento para disfrutar de las riquezas espirituales que Dios nos regala todos los días”.
La hondureña Lary Rodríguez (23) admitió que reflexionar sobre la sencillez y compromiso de San Francisco con sus semejantes le ayudan a renovar su fe en la Iglesia y valorar el rol de la familia: “La fe y valorar las cosas espirituales que importan son de mucha ayuda para los inmigrantes como yo. Yo sueños con ayudar a construir un mundo basado en la paz y el bien común. Lo material siempre debe estar en un segundo plano”.
Hilda Sánchez (28) opinó que en la vida uno se convierte en “rico” cuando está al servicio a los demás, cuando es solidario con las personas necesitadas: “Yo nací en Guatemala y desde muy chica aprendí a no tener miedo de expresar mi fe. Aquí en Estados Unidos trato de seguir siendo igual y ayudando a los hermanos migrantes que recién con esperanza en conseguir algo mejor. Tengo fe que pronto terminará esta “pesadilla migratoria” contra quienes solo queremos trabajar”.
El salvadoreño Wiliam Díaz (26) consideró que la fiesta de San Francisco es un ejemplo perfecto de los que debe ser la transmisión de la fe dentro de las familias: “Yo pienso que es importante asistir a la catequesis y mantener vivo el deseo de continuar siendo parte activa de la Iglesia. Hoy debemos tener presente el amor de San Francisco por la naturaleza y rol que le corresponde a los jóvenes de cuidar el medioambiente. Tengo un hijo de un mes y medio de nacido y yo quiero que cuando crezca vea, disfrute y comparta la naturaleza que Dios nos entregó”.
Bendición de mascotas
El sábado 3 de octubre se realizó en Monasterio Franciscano de Washington la tradicional bendición de las mascotas con motivo de la fiesta de San Francisco de Asís, reconocido por la Iglesia como patrono de los animales y de la ecología.
Una vez más, los fieles llevaron a sus perros, gatos, aves y otras mascotas para pedir la bendición de Dios sobre los animales y agradecer por la alegría y compañía que brindan a sus hogares.
