Cada minuto, unas 20 personas sufren abusos físicos por parte de su pareja en Estados Unidos. Esto le ocurre a más de 10 millones de mujeres y hombres al año, según la Coalición Nacional contra la Violencia Doméstica.
En el Mes de la Concientización sobre la Violencia Doméstica, que se celebró en octubre, el grupo Católicos para la Educación sobre la Paz Familiar e Investigación sobre Abuso Doméstico organizó una misa en la Basílica de la Inmaculada Concepción.
En el servicio religioso, se hizo hincapié en el crucial papel de los esfuerzos que se hagan -dentro de la Iglesia- para crear conciencia en la comunidad sobre los recursos disponibles a través de organizaciones locales y nacionales.
El párroco de Nuestra Señora de la Misericordia, Charles Antonicelli, dijo en su homilía que el abuso puede venir en forma de "abuso físico, sexual, mental, emocional, verbal o espiritual entre cónyuges o hermanos o padres e hijos".
"Ante este mal que afecta a personas y familias en todos los sectores de la sociedad, nos unimos para crear conciencia, rezar y ayudar a quienes se ven afectados por él a encontrar paz y seguridad, curación y esperanza. Queremos romper el silencio, romper el ciclo, comenzar la sanación", dijo el sacerdote.
Católicos por la Paz Familiar ofrece un "paquete para párrocos" en su sitio web (catholicsforfamilypeace.org) que incluye consejos sobre cómo abordar la violencia doméstica en sus homilías, junto con avisos en los boletines, oraciones y mensajes en las redes sociales.
"Jesús encontró en el pozo a la mujer samaritana, socialmente marginada, cuya propia experiencia con el matrimonio y la familia era de lo más infeliz. En esta misa dedicada a la concienciación sobre la violencia doméstica, nos enfrentamos de manera similar a la trágica realidad de lo que debería ser 'muy bueno' en palabras de Dios, siendo sustituido por algo muy malo", dijo Antonicelli.
Los abusadores pueden minimizar o culpar a sus víctimas "restando importancia al maltrato y no tomándose en serio (sus) preocupaciones al respecto", dijo, subrayando que las víctimas no tienen la culpa de lo que soportan.
"Quienes sufren abusos pueden incluso culparse a sí mismos, mientras que los abusadores pueden parecer justificarlos. Pero seamos claros: Ninguno de los dos casos es cierto. La violencia doméstica nunca puede justificarse, y sus víctimas nunca la merecen", afirmó monseñor Antonicelli.
Sharon O'Brien, directora y cofundadora de Católicos por la Paz Familiar, dijo: "Soy católica de cuna y nunca había oído a nadie hablar de la violencia doméstica, pero sabía que todas las demás religiones importantes lo hacían".
Afirmó cuánto la violencia doméstica puede llegar a aislar a las víctimas, y que es importante comprender que hay comunidades y apoyo disponibles.
"Para la víctima, creo que es imperativo darse cuenta de que no está sola -agregó-. Todo el mundo piensa: 'Soy el único católico que pasa por esto'. La realidad es que no es cierto. Las estadísticas dicen que una de cada tres mujeres y uno de cada diez hombres sufren violencia física grave por parte de alguien que dice amarlos. Esa cifra se mantiene independientemente de la religión, lo cual es lamentable. Nos encantaría pensar que la fe es un factor de protección, pero la fe es un recurso".
La violencia doméstica suele ser el resultado de un ciclo de abusos emocionales, psicológicos y físicos. Sin embargo, O'Brien dijo que hay esperanza para que los afectados rompan con el patrón de abusos.
"Las mujeres, en particular, son buenas para no continuar el ciclo. Es más difícil para los hombres que han crecido en un hogar violento aprovechar las oportunidades de aprendizaje para darse cuenta de que hay otra forma de tratar a las personas, especialmente a una esposa, a una compañera y a la madre de mis hijos. Sí, se puede romper. Tenemos muchas historias de gente que ha roto el ciclo. Que es de lo que se trata: esperanza, ayuda y curación", dijo O'Brien.
El padre Chuck Dahm, quien trabaja en la formación sobre violencia doméstica de los miembros del clero para que identifiquen los abusos en sus comunidades, dijo que, desgraciadamente, el clero no suele recibir formación sobre esto: “En los seminarios no se habla de ello. Nosotros sí lo hacemos en el seminario de Chicago. Nunca se habló de ello hasta que lo llevé al seminario e insistí en que hablaran de ello".
Añadió que es importante incorporar la discusión de los abusos cuando se predica, "porque cuando te subes al púlpito, llegas a las mujeres que han sufrido abusos y a los hombres que han sufrido abusos, llegas a los agresores, y llegas a los niños, y llegas a los familiares, llegas a todo el mundo, y hablas de ello. Lanzas una red enorme".
Cuando se les forma, dijo, algunos consejos incluyen cómo manejar conversaciones delicadas y cómo intervenir y hacer preguntas.
"Si alguien dice en el confesionario: 'Mi marido y yo nos peleamos, o tuvimos una gran discusión', etcétera. Si no se hacen preguntas sobre en qué consistió y por qué existió, no se descubrirá la violencia doméstica", dijo el padre Dahm recomendando, también preguntar a las parejas que quieren bautizar a su hijo: "¿Cómo les va como pareja? ¿Cómo van las cosas en su matrimonio?".
Es importante hacer esas preguntas a los individuos por separado y si hacen esas preguntas, descubrirán que (la violencia doméstica) es muy frecuente en su parroquia, indicó.
Los signos físicos pueden ser señales de abuso potencial dentro del hogar a los que hay que prestar atención: "Si alguien lleva lentes de sol o camisa de manga larga cuando no debería, que se tapen moretones, que se hayan retraído de participar o que no quieran hablar de su relación con su familia". Otros atributos incluyen signos de depresión, que incluyen dormir demasiado o muy poco, y una caída en la higiene personal y la apariencia.
"Si ves eso en alguien, tienes que decirle: Me gustaría hablar contigo por separado. Entonces decirle: He notado esto en ti y estoy preocupado. ¿Qué está pasando?", acotó el padre Dahm.
DERECHO: En el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica, el canon 1153 establece que "si uno de los cónyuges pone en grave peligro espiritual o corporal al otro o a la prole, o de otro modo hace demasiado difícil la vida en común, proporciona al otro un motivo legítimo para separarse, con autorización del Ordinario del lugar y, si la demora implica un peligro, también por autoridad propia".
SEGURIDAD: “La Iglesia católica tiene una posición muy clara de que nadie debe realmente permanecer en un matrimonio abusivo y enfatiza que la seguridad de las personas es más importante. Algunas personas están confundidas sobre el divorcio, pensando que, si pueden divorciarse, no pueden comulgar. Eso no es verdad. El divorcio no es pecado si tienes una buena razón para hacerlo, obviamente, tu conciencia te dicta que debes protegerte a ti mismo y a tus hijos”, dijo el padre Chuck Dahm.
AYUDA: Cualquier persona que sufra violencia doméstica o conozca a alguien que la esté sufriendo, la Línea Nacional de Ayuda contra la Violencia Doméstica ofrece intervención en situaciones de crisis y proveedores de servicios locales. Las personas pueden llamar al 800-799-SAFE (7233) o al 800-787-3224 (TTY). Para más información, visite www.thehotline.org o https://espanol.thehotline.org/
* Catherine Buckler escribe para el Catholic Standard, periódico de la Arquidiócesis de Washington.
