Con danzas folclóricas, música de mariachi y una procesión mariana, fieles de distintas culturas y diócesis se unieron el sábado 10 de octubre en el Santuario Nacional de Santa Isabel Ana Seton para elevar una misma oración por la paz mundial y celebrar la diversidad cultural de la fe compartida.
Becca Corbell, directora de programas del citado santuario, explicó que la actividad fue concebida “como un espacio para reunir a personas de distintas culturas en una misma oración por la paz mundial y, en particular, por Estados Unidos”, destacando el significado de celebrar el encuentro en un lugar vinculado a santa Isabel Ana Seton y a la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe.
Previo a la procesión, los participantes disfrutaron de presentaciones de danza folclórica, música de mariachi y espacios de convivencia que permitieron celebrar la riqueza cultural y la fe compartida por las comunidades reunidas de unas 15 parroquias de varios Estados de la región.
La presencia de monseñor Evelio Menjívar, obispo de Wheeling-Charleston, fue recibida con especial entusiasmo por los peregrinos procedentes de parroquias de la Arquidiócesis de Washington, donde el prelado salvadoreño es muy querido. Menjívar encabezó la procesión, ofreció reflexiones espirituales y celebró la Eucaristía.
Los fieles recorrieron -en procesión- los alrededores del santuario mientras rezaban el Rosario acompañados de imágenes de diversas advocaciones de la Virgen. Estandartes parroquiales, trajes típicos y expresiones de devoción popular dieron un colorido testimonio de la universalidad de la Iglesia y de la fe profunda de las comunidades participantes.
Katherine Almeida Ramos, gerente de programas de alcance comunitario del santuario, señaló que la iniciativa buscó ofrecer a las familias un ambiente de fe, convivencia y acogida, inspirado en el legado de hospitalidad que caracteriza al lugar. “El alma de esta organización es el Señor, y hoy la protagonista es la Virgen María”, expresó Almeida.
La organizadora destacó la alegría de recibir a peregrinos procedentes de distintos estados y culturas, y manifestó su deseo de que este sea el primero de muchos encuentros que continúen fortaleciendo la comunión entre las comunidades católicas de la región.
La familia como escuela de paz
En su reflexión, monseñor Menjívar, destacó que la paz se construye en primer lugar dentro del hogar, mediante el diálogo, el perdón y el respeto mutuo. Invitó a las familias a convertirse en signos de reconciliación en una sociedad marcada por divisiones y conflictos.
El obispo también recordó la cercanía de la Virgen de Guadalupe con los pueblos de América y señaló que María conoció la experiencia del desplazamiento cuando la Sagrada Familia huyó a Egipto para escapar de la violencia de Herodes.
“María misma fue refugiada. Ella sabe lo que significa dejar atrás el hogar, vivir la incertidumbre del camino y buscar protección para su familia”, expresó.
Al citar las palabras de Jesús en el Evangelio, “Fui forastero y me recibieron”, Menjívar invitó a los presentes a reconocer la presencia de Cristo en los migrantes y refugiados.
“Nos llama a construir una Iglesia en la que nadie se sienta extranjero, sino donde todos encuentren un hogar”, concluyó monseñor Menjívar.
Voces de peregrinos
Para los asistentes, la jornada representó una oportunidad para fortalecer la fe, compartir las tradiciones de sus países de origen y encontrarse con otros hispanos que viven su misma experiencia de fe en Estados Unidos.
Miryan Cabrera, oriunda de Paraguay, feligresa de la parroquia Santa María y empleada de la parroquia San Matías, destacó el valor de reunir a comunidades de distintos países bajo una misma celebración.
"Es un buen comienzo para esta actividad que planean hacer de ahora en adelante. Es una buena iniciativa para que nosotros los latinos podamos vivir y compartir nuestra fe con amigos de otras razas y culturas”, precisó Cabrera señalando que una de las riquezas del encuentro fue la oportunidad de conocer las distintas advocaciones marianas representadas por los participantes.
"Es muy bonito que cada país esté compartiendo a su patrona. Así conocemos las diferentes advocaciones de la Virgen", agregó.
También reconoció el trabajo de la hermana Judith Rojas, de las Hijas de la Caridad, y de todos quienes han impulsado la iniciativa de convocar a parroquias del área de Washington, Pensilvania y otros estados cercanos.
"Es un buen comienzo el hecho de que celebremos todos juntos nuestra herencia y nuestra fe", acotó.
Sobre la importancia de estos espacios para las familias inmigrantes, dijo: "La Iglesia es nuestro refugio y punto de unión en este país que hemos hecho nuestro hogar. Compartir nuestra fe y nuestras culturas es muy importante y enriquecedor porque nos permite ofrecer lo que traemos de nuestros países".
Para Camilo Acosta, de la Comunidad Misionera del Santo Rosario, la procesión, el rezo del Rosario y la oportunidad de escuchar la prédica de monseñor Menjívar fueron motivos suficientes para viajar hasta Emmitsburg y participar en la jornada.
“Para nosotros es una bendición apoyar esta actividad para la comunidad hispana, especialmente porque en esta parroquia del santuario de Isabel Ana Seton aún no tenemos una presencia muy activa”, comentó Acosta.
Asimismo, expresó su deseo de que, tal como lo han planteado los organizadores, esta Caminata con María pueda celebrarse cada año y continúe reuniendo a fieles de distintas comunidades.
David, feligrés de la parroquia Santa María de Landover Hills, subrayó el carácter espiritual de la jornada: "Es una gran oportunidad para reunirnos y orar juntos como comunidad hispana por la paz mundial, acercarnos a Dios y a nuestros hermanos para alabar juntos al Señor".
Carmen Claros, boliviana residente de Springfield, Virginia, manifestó su alegría por participar en la celebración: "Todo está muy bonito y venimos por nuestra devoción a la Virgen".
Para Teresa Hernández, de la parroquia Cristo Redentor en Sterling, la motivación fue sencilla y profunda: "El amor a Dios me motivó a venir".
La salvadoreña María Elena Ramírez, feligresa de la parroquia Todos los Santos de Manassas y representante de los Hogares de Santa María, destacó el ambiente de fraternidad: "Estoy muy contenta y me encantó ver la gran hermandad con la que todos rezamos el Santo Rosario por la paz en el mundo".
Al referirse al santuario anfitrión, destacó la presencia espiritual de santa Isabel Ana Seton: "Que la Virgen nos ayude a tener más fe en nuestro corazón y más confianza en Dios; que entendamos que, si dejamos todo en sus manos, Él provee lo que necesitamos para nuestra vida".
Por su parte, Martha María Morales, quien sirve en la Arquidiócesis de Baltimore, destacó la riqueza espiritual y cultural de los hispanos: "Me encanta que en este mes de octubre nos reunamos en este santuario para recordar la riqueza que los hispanos traemos a Estados Unidos, porque siempre podemos encontrar refugio en la Madre Iglesia que nos acoge a todos".
Morales señaló que uno de los momentos más emotivos fue la procesión mariana: "Fue impresionante ver la procesión de personas cargando imágenes de las diferentes advocaciones de la Virgen".
Subrayó el papel de la Iglesia como hogar para quienes llegan al país en busca de nuevas oportunidades: "Saber que la Iglesia es madre y que tiene los brazos abiertos para toda persona que emigra a este país es un bálsamo de alivio".
La jornada concluyó con una misa de vigilia bilingüe celebrada en la basílica del santuario, donde las lecturas, oraciones y cantos fueron proclamados en inglés y español. La celebración reflejó la riqueza multicultural de la Iglesia y el deseo de los participantes de encomendar a María la paz de sus familias, sus comunidades y el mundo entero.
