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El sueño en la adolescencia, más parecido al de los adultos que al de la infancia

Las características de las fases del sueño en la infancia son muy diferentes en los adolescentes. Foto/Román RíosEFE/

El patrón de sueño en la adolescencia es más parecido al de la edad adulta de lo que se pensaba. Por el contrario, difiere más del que se tiene en la infancia. Son las conclusiones de un estudio, que apuntan a que tal vez no hay que aplicar siempre criterios pediátricos a la hora de tratar problemas relacionados con el sueño de los adolescentes.

Se trata de un estudio observacional realizado por el servicio de Neurofisiología de la Clínica Universidad de Navarra (CUN), a partir de polisomnografías nocturnas -técnica utilizada en medicina del sueño para el diagnóstico de diferentes patologías en este ámbito-. Incluyó los datos de 419 niños y adolescentes entre 1 y 18 años, evaluados por la posibilidad de que tuvieran trastornos respiratorios del sueño.

Los resultados, publicados en la revista «Clinical Neurophysiology», indican que el tiempo de sueño total es mayor en niños pequeños (preescolares) y que va disminuyendo con la edad, sobre todo en la adolescencia.

Además, a medida que el menor avanza hacia la vida adulta necesita más tiempo para quedarse dormido y tiene una menor proporción de descanso en la fase REM, con más microdespertares.

El sueño en niños, adolescentes y adultos

Según explica a EFE Salud la responsable de la Unidad del Sueño de la Clínica Universidad de Navarra y una de las investigadoras, Elena Urrestarazu, no se sabe por qué, por ejemplo, los bebés prematuros tienen tanto sueño en fase REM.

Esta fase del sueño se distingue por una actividad cerebral intensa y es donde se experimentan los sueños más vividos.

«Creemos que puede tener una función madurativa al inicio de la vida. Los cambios son progresivos. Hay unas características de las fases del sueño en la infancia y no se sabía en qué momento empiezan a parecerse a las de los adultos», señala Urrestarazu.

En el estudio, señala la especialista en Neurología y en neurofisiología clínica, se ha visto que el sueño del adolescente «no es tan parecido al de niño que está en una fase madurativa, sino es mucho más parecido al del adulto».

«El niño pequeño tiene mucho sueño profundo. Empieza a dormir desde fase sueño activo, que es lo que luego llamaremos REM. En cambio, en un adulto sería superanormal dormir directamente en esa fase de sueño que es lo normal en el prematuro y en el recién nacido», abunda la experta.

Urrestarazu incide en que no se sabe exactamente que función tiene eso, solo que es así. Lo lógico, añade, es pensar que no es lo mismo el sueño de un cerebro madurando, que el de un cerebro ya maduro.

La fase REM

La fase REM es importante para la memoria, pero aquella que recuerda a hacer cosas -como montar en bici- más que la de recordar algo concreto, como lo que uno estudia en una noche. Además, en esta fase, el contenido emocional es bastante importante.

«Una de las teorías apunta a que esos sueños vividos y tan abigarrados, que sufrimos o disfrutamos son una manera de que el cerebro aprenda a afrontar esas situaciones en un entorno seguro», afirma la investigadora.

Criterios pediátricos vs criterios para adultos

El trabajo de la Unidad del Sueño de la CUN demuestra, según las investigadoras, que en la adolescencia el sueño cambia de forma clara y se asemeja más al del adulto. Por eso, consideran que hay argumentos para defender evaluaciones más individualizadas cuando los menores en esta etapa tienen problemas asociados al sueño, de forma que no habría que aplicar siempre criterios pediátricos en este sentido.

«La duda es en qué momento no tienes que tratar al adolescente como a un niño. Todavía no sabemos dónde poner el límite y nuestro estudio es un poco para ayudar a eso» señala la doctora.

Urrestarazu pone el ejemplo de la apnea del sueño, algo que califica como una epidemia, porque hay muchos adultos que la padecen, pero también muchos menores, en este caso por la obesidad, cuando antes había menos casos y se debía, fundamentalmente, a un problema amigdalar.

Se considera algo anormal cuando un niño tiene una apnea cada hora, aproximadamente, mientras que en el adulto es a partir de cinco.

«¿Y en el adolescente dónde está el límite? No sabemos todavía dónde cuadrar y qué es lo normal o lo anormal (…) Estamos todavía en fase de conocimiento», subraya.

El gran problema de la falta de sueño

Al margen del estudio y preguntada por los problemas que afectan al sueño en la adolescencia, Urrestarazu destaca sin lugar a dudas la falta de horas de descanso: Se estima que más del 50 % de los adolescentes duerme menos de lo que necesitan cada día (lo recomendado es entre ocho y diez horas).

«El reloj interno del adolescente es tardío. Y a ese gran retraso natural metemos pantallas con luz, que retrasan la melatonina, con lo cual todavía lo retrasamos más de lo que es fisiológico. Además, el horario de entrada a clase no ha cambiado, siguen entrando temprano», señala la experta.

Se duermen tarde, se levantan temprano, lo que repercute en el rendimiento escolar y en su estado de ánimo.

«Van a estar más irritables. También se relaciona mucho con un estado de ánimo bajo o con ansiedad. Es un gran problema», insiste.




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