La elección del cardenal Robert Prevost como sucesor del papa Francisco evidenció la necesidad de la Iglesia de continuar con la misión evangelizadora, promoción de la paz, defensa de los migrantes, refugiados e impulso a la sinodalidad, con lo cual se mantiene viva la esperanza de consolidar el catolicismo global. Estos conceptos fueron expuestos por los biógrafos Austen Ivereigh y Christopher White durante una charla organizada por la Iniciativa sobre el Pensamiento Social Católico y la Vida Pública de la Universidad de Georgetown el 17 de marzo.
A casi un año del fallecimiento del papa Francisco, tanto Ivereigh como White, destacaron el legado del papa argentino y las primeras señales del nuevo liderazgo en la Iglesia por parte del pontífice estadounidense.
Para Ivereigh, autor de tres libros sobre la labor pastoral de fallecido papa argentino, uno de los aportes centrales fue anunciar el Evangelio con gestos pastorales mostraran una Iglesia cercana a las personas, especialmente a los más vulnerables: “Francisco nos enseñó que la evangelización no se trata solo de lo que creemos, sino de cómo vivimos nuestra fe y cómo tratamos a los demás”.
Agregó que el pontificado de Francisco, que duró más de una década, se caracterizó su liderazgo moral durante la pandemia de Covid-19 y su empeño en apostar por la sinodalidad, un proceso que promueve una Iglesia más participativa donde obispos, sacerdotes y laicos disciernen juntos los desafíos del presente.
Según White, quien escribió un libro sobre el cónclave donde se eligió al papa León XIV, los cardenales no entraron a la votación con un candidato definido, sino con un perfil claro de lo que necesitaba la Iglesia: “Buscaban a alguien capaz de continuar el camino iniciado por Francisco, pero también de institucionalizar esas reformas dentro de las estructuras de la Iglesia”.
Señaló que en ese contexto emergió la figura del cardenal Robert Prevost, misionero agustino nacido en Chicago, pero con una larga experiencia pastoral en Perú, muchos cardenales lo percibieron más como un pastor global que como un representante de Estados Unidos.
Austen Ivereigh y Christopher White coincidieron en señalar que durante décadas “se consideró improbable que un estadounidense fuera elegido papa debido al peso político de Estados Unidos en el mundo”, sin embargo, su trayectoria internacional y su experiencia como líder de la orden agustina ayudaron a generar consenso entre los electores.
Para los biógrafos, el hecho que el cardenal Robert Prevost eligiera el nombre de León XIV, en referencia directa a papa León XIII, históricamente conocido por su defensa de los trabajadores y por sentar las bases de la doctrina social moderna de la Iglesia, fue una clara señal de continuidad con la preocupación social del pontificado anterior.
Asimismo, White destacó que el papa León XIV insiste en la necesidad de que la Iglesia actúe como puente en un contexto internacional cada vez más polarizado: “Siempre habla de la paz mundial y de construir puentes de unidad, así como pedir a los católicos aprender a escuchar a todos”.
Ivereigh consideró que esta transición refleja un momento histórico para el catolicismo global, que, a diferencia de siglos anteriores, cuando el centro de la Iglesia se encontraba principalmente en Europa, hoy el catolicismo se expande con mayor fuerza en América Latina, África y Asia.
Los dos biógrafos concluyeron que el desafío del pontificado del papa León XIV será consolidar las reformas iniciadas por Francisco y guiar a una Iglesia por las sendas de un mundo en profunda transformación.
