La familia ocupa un lugar central en el plan de Dios y constituye el primer espacio donde las personas aprenden a amar, compartir y construir vínculos que las acompañan durante toda la vida, afirmó el cardenal Robert McElroy, arzobispo de Washington, durante una reflexión con motivo del Día Catequético 2026, celebrado el 17 de octubre en la escuela católica DeMatha, en Maryland, con la participación de más de 700 personas.
Señaló que todos, especialmente los catequistas, están llamados a contribuir al fortalecimiento de la vida familiar y a renovar la misión de la Iglesia frente a los desafíos del mundo contemporáneo. Subrayó que Dios no creó al ser humano para vivir aislado, sino para formar parte de una comunidad de amor.
“La familia representa un hogar, un espacio de formación y una fuente de pertenencia que contribuye al desarrollo humano y espiritual. Su importancia se relaciona con la fe cristiana en Dios Padre, creador de la vida y fuente de las bendiciones que acompañan a la humanidad”, expresó el cardenal McElroy.
También advirtió que la vida familiar enfrenta dificultades cada vez más complejas, entre ellas las tensiones culturales, el aislamiento y los efectos de la revolución digital, la inteligencia artificial y las redes sociales.
“La atención constante a los teléfonos celulares y a las pantallas puede debilitar la comunicación entre padres e hijos, reducir los momentos de convivencia y afectar la calidad de las relaciones familiares”, indicó.
Frente a esta realidad, el arzobispo de Washington afirmó que las familias necesitan acompañamiento, comprensión y apoyo para superar sus dificultades: “La respuesta de la Iglesia no debe partir del juicio ni de la condena, sino de la invitación, la acogida y la manifestación concreta del amor de Dios”.
En este contexto, consideró oportuno replantear la misión de los catequistas, llamados a transmitir una imagen de Dios que no se limite a la de un juez que vigila y castiga, sino que revele a un Padre que ama, sostiene y permanece junto a las personas, especialmente en los momentos de mayor necesidad.
Durante su reflexión, el cardenal McElroy también hizo referencia a la Santísima Trinidad- Padre, Hijo y Espíritu Santo- como una comunidad de amor cuyo vínculo se extiende a toda la humanidad.
Asimismo, explicó que la familia es un lugar privilegiado para experimentar el amor, la generosidad y la entrega mutua: “Es por eso que los catequistas deben situarla en el centro de su labor pastoral, reconociendo tanto sus fragilidades como su capacidad de renovación”.
Agregó que hoy el desafío consiste en construir comunidades que acompañen a las familias, promuevan el diálogo entre sus integrantes y contribuyan a recuperar los vínculos humanos en una sociedad marcada por la tecnología y el individualismo.
Vida eterna y relaciones humanas
Al concluir la reflexión por el Día Catequético 2026, los participantes asistieron a una misa celebrada en el gimnasio de la escuela DeMatha, presidida por el cardenal Robert McElroy.
Durante la homilía, el arzobispo de Washington destacó que la vida eterna no representa una ruptura con la existencia terrenal, sino la continuidad y la plenitud de las relaciones que dan sentido a la vida.
“Nuestra vida incluye la familia, los amigos y los vínculos construidos desde el amor. El cielo se presenta como una experiencia de alegría plena y permanente en la presencia de Dios, donde desaparecerán los resentimientos, el egoísmo y todo aquello que nos separa”, expresó el cardenal.
Asimismo, señaló que la esperanza cristiana tiene una dimensión que se manifiesta en la vida cotidiana mediante actitudes de cuidado, compasión y sacrificio, incluso en los momentos difíciles.
Explicó que la eternidad ofrece la esperanza de reencontrarse con Dios y con los seres queridos, así como de comprender plenamente el valor de los vínculos y las experiencias que dieron sentido a la existencia.
Voces de catequistas
Los participantes en el Día Catequético 2026 compartieron sus experiencias y reflexionaron sobre los desafíos que enfrentan en sus comunidades parroquiales, así como sobre la importancia de fortalecer la formación espiritual y acompañar a las familias en su camino de fe.
-Ramiro Espino y Damaris Herrera (Santa María de Landover Hills)
“Al convertirnos en catequistas, asumimos el compromiso de ser un ejemplo como esposos y como familia. Durante las clases dominicales, contribuimos a la evangelización de niños y jóvenes, y siempre sentimos la presencia del Señor en esta labor. Nuestra parroquia recibe cada semana a numerosas familias hispanas que buscan que sus hijos crezcan en la fe católica y mantengan vivas sus creencias”.
-Fidel y Edis Granado (Santa Catalina Laboure)
“Nuestro trabajo como catequistas está centrado en la familia. Por eso, este tipo de retiros nos ayuda a prepararnos mejor y a crecer cada día en nuestra misión. En la parroquia somos conscientes de los problemas que afectan actualmente a nuestra comunidad y, a través del Evangelio, buscamos ofrecer orientación, respuestas y soluciones que contribuyan al bienestar de las familias y el crecimiento de nuestra Iglesia”.
-Justina Tiburcio (Santa Rosa de Lima)
“Ser catequista es una labor muy hermosa, pero también exige una gran responsabilidad. Trabajo con decenas de niños y madres de familia hispanas que desean profundizar en su fe y fortalecer su devoción a la Virgen María. Acompañarlos en ese camino espiritual es una experiencia muy gratificante y un compromiso que asumo con mucha dedicación”.
-Jorge Gatica (San Martín de Tours)
“Como diácono, considero que este retiro catequético ayuda a los catequistas a comprender que son instrumentos de paz y que están llamados a dar testimonio de su fe, compartir sus experiencias de vida y acompañar a sus hermanos para que permanezcan unidos, trabajen con esperanza y fortalezcan su compromiso con la Iglesia. En nuestra parroquia desarrollamos un programa integral de catequesis enfocado en los jóvenes y la respuesta de la comunidad es evidente en la numerosa asistencia a las cinco misas en español que celebramos los fines de semana”.
-Selvin López (San Camilo)
“Nuestra comunidad atraviesa momentos difíciles debido a los problemas migratorios y económicos. Sin embargo, la presencia de las familias hispanas en la parroquia San Camilo y en la Misión de Langley Park sigue siendo numerosa. Esta participación nos motiva, como catequistas, a continuar aprendiendo, fortalecer nuestra preparación espiritual y estar mejor preparados para acompañar a las familias y respaldar la misión evangelizadora de la Iglesia”.
