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La mujer hispana soltera

Dos jóvenes solteras disfrutan del verano y juegan con un chorro de agua en una plaza pública. Foto/EFE/ Jennifer Gómez

Cada cultura forma y moldea al ser humano. Su comportamiento, mentalidad, sentimientos, su manera de razonar, interpretar la vida y relacionarse, son acondicionamientos propios y diferentes. Un ejemplo concreto: usualmente, los nacidos en países cálidos tienden a hablar con voz alta. En contraste, aquellos nacidos en áreas frías, en una tonalidad moderada. En ese caso, ¿qué es lo normal? Pues, lo normal es algo relativo, según lo propio de cada cultura. La explicación de esa realidad es ésta: en tierras adonde el clima es caluroso, se vive con ventanas y puertas abiertas. Lo normal al hablar, es un tono de voz alta, porque se está compitiendo con los ruidos de los alrededores. En áreas frías, se vive encerrados. Y esto, por supuesto, por mantener la calefacción y un ambiente cómodo. El tono de voz es moderado. Se muda un caribeño a Chicago y se enfrenta a un continuo ser corregido, sugiriendo que baje la voz.

Son muchos los ejemplos similares, que se podrían mencionar, respecto a este tema del impacto cultural en el comportamiento humano. Ya se ha mencionado que la cultura implica, el modo en que el ser humano es ‘cultivado’, o sea, ‘nacido, criado y madurado’. Es el lugar geográfico y el medio ambiente que influye, acondicionando a que cada cual sea diferente. Los sureños en Estados Unidos, por ejemplo, delatan su origen tan pronto comienzan a hablar. Su acento es muy marcado y notable. Así lo es también con los hispanos de la cuenca del Caribe. No, no es que hablan mal, como alguien erróneamente observó. Ninguna criatura, hija de Dios habla bien o mal. Hablan según su cultura, …los españoles con su ‘sonseo’ y los caribeños, con su español cortado (ej. ‘pa’quí y pa’llá). Bueno, se admite que esta aseveración es debatible, pero ese no es el propósito del tema actual. El enfoque es solo mostrar la variedad cultural de la lengua.

Notable es la situación cultural de la mujer hispana. (¡Son generalizaciones, por supuesto, y como tales, debatibles!) La mujer casada, como ya se ha mencionado, es el eje de la familia. El marido es quien tiene la autoridad, pero es la mujer quien la ejerce, con sutileza y gran destreza. Su creatividad, su sacrificada entrega, su puro ingenio, es quien mantiene el timón de la familia. En marcado contraste, está la mujer hispana soltera. (El riesgo al hablar de este tema, es el simplismo o la exageración). En la doctrina católica, existen tres posibles estados de vida, a saber: el soltero, casado y consagrado. Sin embargo, el pueblo en general considera que la soltería no es necesariamente, un estado libremente escogido por la persona. Peor todavía, juzgan a la persona soltera como alguien desafortunada. Para el hombre, la situación no se considera tan trágica como para la mujer. “Se quedó para vestir santos”, se suele comentar de ella. Se le llama por distintos nombres despectivos. En México, se le llaman ‘cotorras’; en Puerto Rico, ‘jamonas’, y no hay duda, que, en otros países, habrá algún otra calificativo.

Si es cierto que en general, hay mujeres solteras quienes no se han casado por decisión propia, también las hay, aquellas que no se casaron por su dedicación y sacrificio de acompañar y cuidar a unos padres envejecientes. Esto no es raro en nuestra cultura. Se da con mayor frecuencia en países pobres. Lo interesante en estos casos, es que muchas veces no es por ‘designio’, sino por tradición. En una familia numerosa, usualmente, es la hermana mayor que asume tal responsabilidad. Ésta es muy querida y valorada por el resto de la familia que reconoce su sacrificio y dedicación. No se ignora por supuesto, aquella otra mujer soltera que simplemente, no consiguió un marido. El peligro en este caso es emitir un juicio negativo sobre ella, sin conocer el porqué de su situación. Eso es un riesgo de faltar a la caridad, no aceptable.

El pueblo hispano se distingue por su gran empeño de compartir su vida con los demás. Más todavía, si son familia. La mujer soltera, usualmente nunca está sola. Continúa viviendo con su papá y mamá. Cuando estos faltan, vive entonces con algún familiar cercano. Ella está consciente de su soltería, y trata de no mostrar ninguna actitud negativa que dé la impresión de su posible inconformidad. Claro, las hay que se gozan de su libertad y viven lo más independientemente posible. En el círculo familiar no se habla de esa situación, pero es común, que la mamá sufra calladamente la ‘soledad’ de su hija. ¡Interesante la expectativa de la cultura! Por ejemplo, una joven que comparte con su mamá su deseo de entrar a la vida religiosa, en general, no recibe ninguna objeción, excepto el comentario, ... “¿y no me vas a traer nietos?” Muestra, por supuesto, el valor de la familia extendida. Esto es algo muy arraigado en la cultura hispana.

Se tendría que mencionar aquí también, la gran influencia del estilo cultural de EEUU. En ese caso, la mujer soltera se independiza de tal manera, que resuelve su vida ‘a su gusto y gana’. Se establece muy segura de sí misma, con su propio trabajo, apartamento, su auto y su cuenta bancaria. Usualmente, se une a otras mujeres solteras y forman buenas amistades. (El pueblo las mira con incertidumbre, y las clasifica como, ‘¡las chicas alegres!’). Y es así, porque su comportamiento es contracultural. En general, se pudiese señalar que la influencia norteamericana, es cada vez más pronunciado en este aspecto de la familia. ¡Y así es en este momento de nuestra historia!



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