Catholic Standard El Pregonero
Clasificados

Proyecto Raquel ayuda a mujeres afectadas por el aborto

Un participante en IV Marcha por la Vida de Virginia en Richmond, Virginia, el 27 de abril de 2022, lleva un cartel provida en español que dice "Reza por el fin del aborto". OSV/Michael Mickle, The Catholic Virginian

El aborto lastima a la mujer de por vida y los testimonios de mujeres que han abortado muestran ese dolor.

“Constantemente recordaba lo que había hecho y el dolor me consumía. No lo contaba a nadie… Cometí un acto imperdonable. La enormidad de lo que había hecho hacía que mis pasos fueran más pesados. Lloraba a solas todos los días”, según declaraciones de una mujer católica que iba a misa cada domingo y un día abortó.

“Me sentía completamente sola e hice un buen trabajo castigándome durante años. Había decidido que no merecía experimentar el amor y el perdón de Dios. Siempre lamentaré mi decisión y seguiré llevando conmigo mi secreto silencioso. Se ha convertido en parte de quien soy”, expresó.

Otra mujer que fue violada en su baile de graduación, no le dijo a nadie y abortó en junio de 1987, cuando tenía 18 años. “Fui cayendo cada vez más en la depresión, la ansiedad y, finalmente, en el alcoholismo. Sentía miedo y enojo”, según dice.

Se graduó de la universidad, se casó y al quedar embarazada nuevamente pensaba: “Yo maté a mi bebé, no merecía tener otro”. Tuvo tres hijos y no pudo olvidar lo ocurrido. “Siempre tuve ese sentimiento de que perdí a alguien. Tenía un hoyo en mi alma que solo podía llenarlo con Dios”.

Aunque recibió terapia psicológica y la absolución del pecado, seguía sufriendo y bebiendo, pensando constantemente en que había cometido un pecado mortal.

Ambas detallaron su experiencia bajo total anonimato al Proyecto Raquel, un ministerio de sanación post aborto, donde encontraron testimonios similares, pero también aceptación, comprensión, paz, perdón, salud mental y alivio.

Impacto

“La Iglesia está presente en esta necesidad que tienen hombres y mujeres que han procurado un aborto voluntario”, dice María Tirado, directora del Proyecto Raquel en la Arquidiócesis Católica Romana de Washington.

Ha podido escuchar a mujeres que han cargado con ese pecado por 20 ó 30 años. “Se sientan en las bancas de atrás de la iglesia, se sienten culpables y se aíslan. Algunas mujeres que llegan al programa confiesan que incluso han pensado en quitarse la vida. Se sienten muertas en vida, que están pasando por la vida sin encontrarle sentido, que no les importa nada y no tienen motivación para alegrar su vida, para avanzar”, dijo detallándolo muy bien.

Abortaron cuando eran jovencitas, han cargado por décadas con ese dolor del aborto. Cuando llegan a sus 60 ó 70 años tocan fondo, no pueden más con el remordimiento, la culpa y la vergüenza. Están paralizadas, lo han ocultado tanto que no reconocen lo que les ha ocasionado en su vida. Entonces, llegan al Proyecto Raquel buscando alivio.

Argumenta que el impacto del aborto va más allá de la mujer, afectando al padre del bebé, la familia y la sociedad. Perdura en ellos el sentimiento de que “alguien falta. Es un asunto muy difícil de perdonarse tanto para mujeres como hombres, más aún si van avanzando en edad y no han encontrado pareja”.

Los hombres que han presionado a alguna mujer o a varias a abortar, suelen caer en vicios como alcohol y drogas, sienten que su vida no tiene sentido. “Cuando tocan fondo, se dan cuenta lo que han provocado en la mujer, en su propia vida marcada por la promiscuidad y en un ser indefenso cuya vida han debido defender”.

María agrega que es un shock terrible para la masculinidad del hombre. “El hombre ha sido creado por Dios como protector, ha sido criado para proteger y mantener a su familia y todo eso se derrumba”.

¿Por qué?

Algunas de las participantes dicen que abortaron convencidas de que ése no era el momento para tener un bebé, otras fueron presionadas por su pareja o sus padres, otras no tenían dinero para mantener un hijo.

“Algunas mujeres abortan por razones migratorias. Piensan cómo voy a traer al mundo un niño con todo esto que está pasando en el país, con las redadas. Tienen miedo y sienten el riesgo de ser deportadas”, explicó.

Algunos hombres o mujeres han sido infieles con su pareja y se han visto obligados a abortar ante la situación.

Algunas han abortado usando pastillas, para evitar el embarazo o para provocar el aborto. La Iglesia considera ambos casos como aborto y, en todo caso, hay esperanza -dice la directora del Proyecto Raquel.

Hay un camino

El ministerio arquidiocesano está sirviendo actualmente a unas 200 personas, más de 80 son hispanos. Llegaron porque una amiga preocupada les dio la idea, el sacerdote les dio una tarjetita en el confesionario, vieron un volante en la parroquia o una calcomanía en algún lugar.

La primera llamada a Proyecto Raquel no es fácil. “El miedo paraliza a muchos, pero hay mujeres que tienen un coraje muy grande para levantar el teléfono y decir ‘necesito ayuda’. Son unas guerreras y para mí es un privilegio poder servirlas. Queremos demostrarles que sí hay esperanza”, dijo María Tirado.

El programa les refiere a un terapista católico o cristiano y les conecta con sacerdotes o diáconos que hablan español, vinculados con el ministerio. Ellos tienen sensibilidad ante estos casos, son un vehículo de la misericordia del Señor, les hablan de aceptación y perdón -a sí mismos, a la pareja o a los padres que presionaron.

Proyecto Raquel ofrece retiros mensuales en español y en inglés para mujeres, en grupo, en un ambiente de misericordia y confidencialidad. No se les presiona a hablar, pueden solo escuchar a otros con experiencias similares.

El ministerio incluye adoración al Santísimo, reflexiones, sacramento de la reconciliación y misas. Las personas se sienten libres de hablar con su sacerdote durante las confesiones.

Los que participan logran aceptar lo ocurrido, perdonar a otros y a sí mismos, reconciliarse con sus hijos perdidos. “Le ponen un nombre al bebé, le escriben una carta, establecen una relación con sus hijos perdidos y con Dios. Es fuerte”, dijo.

Los afectados pueden sentir mejoría física, más paz y alegría, menos ansiedad, y vivir una vida mejor.

“El programa es como un abrir de ojos para hombres y mujeres. He visto muchachas que no se han hundido, han salido adelante, han formado su familia, han tenido hijos y son felices”, subrayó María.

Pronto se llevará a cabo una movilización provida y puede ser impactante para las personas que han abortado. Por eso, esta experta recomienda a los que no pueden participar que hagan una hora santa ese día, rezar el rosario, ir a misa el día antes de la marcha en la basílica.

Proyecto Raquel es una iniciativa nacional que es promovida por los obispos (USCCB). Si usted o alguien que usted conoce está sufriendo debido a un aborto, pueden acudir al sacerdote, llamar a las líneas de ayuda o dejar mensaje en inglés o español.

La sanación es un proceso largo. Algunos aceptan lo que han hecho más pronto, otros regresan al programa en el futuro cuando recaen.

El Papa Francisco decía que “la Iglesia es un hospital” y eso es precisamente lo que es Proyecto Raquel -según María.


Proyecto Raquel:

https://adw.org/es/ayuda-despues-del-aborto y (301)982-2008

https://esperanzaposaborto.org y (888)456-4673

Centro Tepeyac:

(301)587-9516

Gabriel Network:

https://gabrielnetwork.org

1-800-264-3565 y (301) 637-3223 (texto)



Cuotas:
Print


Secciones
Buscar