No, no es tema nuevo! Desde hace muchos años, se viene hablando de la necesidad de construir algún tipo de barrera, entre México y EEUU, para contener el flujo de los indocumentados que siguen llegando a la nación. Son múltiples las razones y los motivos que se aluden para mostrar esa necesidad. Se afirma aquí, el derecho de cada nación de regular su población, buscando siempre el bien común de todos los habitantes. Lo peculiar de la situación de EEUU, es que históricamente, gran parte del suroeste pertenecía a México. Fue después de la guerra hispano-americana, que se firmó el tratado Guadalupe Hidalgo en el 1848. Es un terrible simplismo, el meramente señalar lo del tratado, sin entrar de lleno en todo lo complejo y doloroso de ese conflicto bélico, que tuvo repercusiones históricas.
Lo que es innegable, es que la influencia hispana prevalece en toda esa área, incluyendo los nombres de las grandes ciudades y territorios en esa geografía. Las tensiones culturales que prevalecen entre los dos países son dolorosas y penosas. Se han agravado en el presente, con todo el empuje y mentalidad política, de MAGA (Make America Great Again). Se interpreta que para que América sea grandiosa, hay que hacer un esfuerzo agresivo de exclusión y rechazo continuo. Aquí no se hace un juicio, solo se señala que esta es la situación política-social en este momento de la nación. Se da la impresión de que las restricciones en toda la situación de inmigración, es un modo de evitar algún problema económico por el que se esté viviendo en la nación. Sin embargo, lo contrario es la actual realidad. Son los inmigrantes quienes han venido a resolver situaciones críticas, como la falta de mano de obra en la agricultura y la construcción.
No se descarta que la fobia actual contra los extranjeros se fundamenta en la falsa premisa de que éstos son la causa en el aumento de la violencia y la ansiedad que vive la ciudadanía en general. No es cierto tampoco, la impresión de que los inmigrantes le están quitando los empleos a la ciudadanía, especialmente, en las grandes metrópolis. Se ha señalado que la actual población está envejeciendo, las familias se han reducido, limitando la procreación y la juventud muestra una continua movilidad, creando grandes vacíos en algunos renglones de la fuerza laboral. Los indocumentados, se piensa hoy, son ‘criminales’ y gente no deseable, que no debe tener derecho a residir en la gran nación norteamericana. La tragedia actual, por supuesto, es que son los ‘poderes establecidos’ los que insisten en propagar una imagen negativa de los inmigrantes.
Ante esta realidad, el ambiente que prevalece es uno de amenaza, temor y gran inseguridad. En algunos lugares, se ha desatado una ‘persecución’ tipo redada, en vecindarios y zonas de trabajo. A modo inconsiderado, se han deportado a padres de familia, que han tenido que abandonar a sus hijos, que fueron nacidos aquí. Todo esto es legal, por supuesto, pero ante los ojos de Dios, inmoral y no aceptable. Hace del lema de la nación, una mentira. En inglés, ‘One nation under God…’, o sea, una nación bajo la providencia de Dios. Y a modo sarcástico, se podría preguntar, “¿cuál Dios?”, porque en la actualidad, la crueldad y falta de consideración, son contrarias a toda la doctrina cristiana.
Es un fenómeno sociológico, que, según alguna minoría va aumentando y extendiéndose, se estabiliza y adquiere estatus y poder. Ocurre entonces el fenómeno de que, ‘¡el oprimido se convierte pues, en opresor!’. Se recuerda aquí de nuevo, el síndrome del pecado de Caín y Abel. Éste siempre ha marcado la Historia de Salvación. Y éste también ha sido el patrón de la experiencia con las minorías que llegaron y siguen llegando al país. La ironía es que los EEUU siempre ha sido una nación de inmigrantes. Los únicos que no lo son, hoy están en áreas específicamente designadas para ellos, conocidas como ‘reservas’. Los americanos originarios, pertenecen a una variedad de grupos, cada cual de ellos identificados por rasgos, lenguas y tradiciones distintas.
A modo sutil, y como un cáncer silente, el prejuicio y la discriminación racial están, socavando toda la grandeza de la nación norteamericana. No pasa un día, que los medios de comunicación no presentan algún incidente en que la policía arresta a algún extranjero, como indocumentado e ilegal. El temor paraliza a nuestro pueblo hispano, aun impidiendo su asistencia a la Misa y participación en actividades de la parroquia. Se presume que ‘América será grandiosa de nuevo’, cuando los pobres y abandonados no merodeen los predios de los adinerados y acomodados. Y entonces, ¿Quién va a recoger las grandes cosechas de California? ¿Quién va a servir como empleados domésticos? ¿Quién va a recoger la basura, limpiar las calles, y trabajar en horarios insufribles? En la actualidad, la mayoría de los obreros que hacen estos trabajos, son hispanos.
¿Qué se construya la muralla? ¿Qué se continue la persecución de los indocumentados? Claro, cada uno tiene su propia opinión y las razones que la justifican. Esto es lo que nuestros obispos católicos declararon el 13 noviembre, 2025, en su reunión anual en Baltimore: “Nos preocupa ver entre nuestra gente un clima de miedo y ansiedad en torno a cuestiones de perfilamiento racial y aplicación de las leyes migratorias. Nos entristece el estado actual del debate público y la difamación de los inmigrantes. Nos preocupan las condiciones en los centros de detención”.
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Trabajadores construyen una sección secundaria del muro fronterizo de color negro en la frontera entre Estados Unidos y México, vista desde Ciudad Juárez, México, el 10 de marzo de 2026. Foto/OSV/José Luis Gonzáles, Reuters
No, no es tema nuevo! Desde hace muchos años, se viene hablando de la necesidad de construir algún tipo de barrera, entre México y EEUU, para contener el flujo de los indocumentados que siguen llegando a la nación. Son múltiples las razones y los motivos que se aluden para mostrar esa necesidad. Se afirma aquí, el derecho de cada nación de regular su población, buscando siempre el bien común de todos los habitantes. Lo peculiar de la situación de EEUU, es que históricamente, gran parte del suroeste pertenecía a México. Fue después de la guerra hispano-americana, que se firmó el tratado Guadalupe Hidalgo en el 1848. Es un terrible simplismo, el meramente señalar lo del tratado, sin entrar de lleno en todo lo complejo y doloroso de ese conflicto bélico, que tuvo repercusiones históricas.
Lo que es innegable, es que la influencia hispana prevalece en toda esa área, incluyendo los nombres de las grandes ciudades y territorios en esa geografía. Las tensiones culturales que prevalecen entre los dos países son dolorosas y penosas. Se han agravado en el presente, con todo el empuje y mentalidad política, de MAGA (Make America Great Again). Se interpreta que para que América sea grandiosa, hay que hacer un esfuerzo agresivo de exclusión y rechazo continuo. Aquí no se hace un juicio, solo se señala que esta es la situación política-social en este momento de la nación. Se da la impresión de que las restricciones en toda la situación de inmigración, es un modo de evitar algún problema económico por el que se esté viviendo en la nación. Sin embargo, lo contrario es la actual realidad. Son los inmigrantes quienes han venido a resolver situaciones críticas, como la falta de mano de obra en la agricultura y la construcción.
No se descarta que la fobia actual contra los extranjeros se fundamenta en la falsa premisa de que éstos son la causa en el aumento de la violencia y la ansiedad que vive la ciudadanía en general. No es cierto tampoco, la impresión de que los inmigrantes le están quitando los empleos a la ciudadanía, especialmente, en las grandes metrópolis. Se ha señalado que la actual población está envejeciendo, las familias se han reducido, limitando la procreación y la juventud muestra una continua movilidad, creando grandes vacíos en algunos renglones de la fuerza laboral. Los indocumentados, se piensa hoy, son ‘criminales’ y gente no deseable, que no debe tener derecho a residir en la gran nación norteamericana. La tragedia actual, por supuesto, es que son los ‘poderes establecidos’ los que insisten en propagar una imagen negativa de los inmigrantes.
Ante esta realidad, el ambiente que prevalece es uno de amenaza, temor y gran inseguridad. En algunos lugares, se ha desatado una ‘persecución’ tipo redada, en vecindarios y zonas de trabajo. A modo inconsiderado, se han deportado a padres de familia, que han tenido que abandonar a sus hijos, que fueron nacidos aquí. Todo esto es legal, por supuesto, pero ante los ojos de Dios, inmoral y no aceptable. Hace del lema de la nación, una mentira. En inglés, ‘One nation under God…’, o sea, una nación bajo la providencia de Dios. Y a modo sarcástico, se podría preguntar, “¿cuál Dios?”, porque en la actualidad, la crueldad y falta de consideración, son contrarias a toda la doctrina cristiana.
Es un fenómeno sociológico, que, según alguna minoría va aumentando y extendiéndose, se estabiliza y adquiere estatus y poder. Ocurre entonces el fenómeno de que, ‘¡el oprimido se convierte pues, en opresor!’. Se recuerda aquí de nuevo, el síndrome del pecado de Caín y Abel. Éste siempre ha marcado la Historia de Salvación. Y éste también ha sido el patrón de la experiencia con las minorías que llegaron y siguen llegando al país. La ironía es que los EEUU siempre ha sido una nación de inmigrantes. Los únicos que no lo son, hoy están en áreas específicamente designadas para ellos, conocidas como ‘reservas’. Los americanos originarios, pertenecen a una variedad de grupos, cada cual de ellos identificados por rasgos, lenguas y tradiciones distintas.
A modo sutil, y como un cáncer silente, el prejuicio y la discriminación racial están, socavando toda la grandeza de la nación norteamericana. No pasa un día, que los medios de comunicación no presentan algún incidente en que la policía arresta a algún extranjero, como indocumentado e ilegal. El temor paraliza a nuestro pueblo hispano, aun impidiendo su asistencia a la Misa y participación en actividades de la parroquia. Se presume que ‘América será grandiosa de nuevo’, cuando los pobres y abandonados no merodeen los predios de los adinerados y acomodados. Y entonces, ¿Quién va a recoger las grandes cosechas de California? ¿Quién va a servir como empleados domésticos? ¿Quién va a recoger la basura, limpiar las calles, y trabajar en horarios insufribles? En la actualidad, la mayoría de los obreros que hacen estos trabajos, son hispanos.
¿Qué se construya la muralla? ¿Qué se continue la persecución de los indocumentados? Claro, cada uno tiene su propia opinión y las razones que la justifican. Esto es lo que nuestros obispos católicos declararon el 13 noviembre, 2025, en su reunión anual en Baltimore: “Nos preocupa ver entre nuestra gente un clima de miedo y ansiedad en torno a cuestiones de perfilamiento racial y aplicación de las leyes migratorias. Nos entristece el estado actual del debate público y la difamación de los inmigrantes. Nos preocupan las condiciones en los centros de detención”.
