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Revivieron odisea de cruzar la frontera

Un adulto y dos jóvenes recran el drama legal y humano que viven los indocumentados en una corte de inmigración. (Foto/AA)

La dura realidad que encaran los centroamericanos al buscar refugio en Estados Unidos, fue plasmada el sábado pasado en un simulacro durante la jornada "Cracovia en la capital", organizada por la Arquidiócesis de Washington.

Con mucha curiosidad y billetes falsos, los jóvenes participantes empezaban la travesía simulada. La inquietud rápidamente se tornó en sorpresa y miedo cuando desconocidos estudiantes de la Universidad Cabrini de Pensilvania, les asaltaron de repente y les robaron el dinero.

Luego del susto, una estudiante les explicó detalles de la odisea que enfrentan los inmigrantes, los peligros en el tren llamado 'La Bestia', los riesgos de encarar pandilleros y traficantes de drogas o de personas y otros problemas en el largo camino -que por lo menos dura 20 días empezando en El Salvador y atravesando las fronteras de Guatemala, Honduras y México.

Los participantes continuaron caminando al aire libre -imitando a los indocumentados en el desierto- y cruzaron la línea fronteriza falsa para luego encarar a un intimidante juez en territorio estadounidense.

El catedrático de justicia social, Jerry Zurek, apareció en un podium vestido de negro con toga, birrete y martillo para regañarles, poner en duda sus testimonios y obligarles a responder en inglés. En la supuesta corte no tenían ni abogado ni traductor, tuvieron que dar su nombre y edad al enérgico y poco amistoso magistrado, responder varias preguntas sobre su nivel educativo y sus intenciones al ingresar al nuevo país. Después de recibir un veredicto, los chicos eran guiados hasta un centro de detenciones del gobierno estadounidense, otros iban directo al encuentro de algún familiar.

Se les asignó una cobija que marcaría el espacio donde han de dormir por unos días, meses o hasta un año. Les dieron agua y el papel aluminio con el cual han de cobijarse para no pasar frío. "Aquí hay ratones y cucarachas. ¡Cuidado porque pueden contagiarse con los piojos, la sarna, la varicela y la tuberculosis!", les decía un estudiante fungiendo como empleado del departamento federal de servicios humanos.

Una joven que imitaba a una madre o una tía, mostraba su preocupación por la arriesgada aventura vivida y su sorpresa ante un familiar que era casi un desconocido. Les recibía con alegría y un fuerte abrazo para luego sentarse cara a cara a fin de poner las condiciones a los adolescentes recién llegados: "En mi casa no hay espacio, así que tendrás que compartir un cuarto, y tendrás que trabajar. Como yo tengo que trabajar, tú tienes que limpiar la casa, cuidar los niños y preparar cada día la cena. Son las reglas y, si no las cumples, no podrás vivir aquí".

Seguidamente, los participantes recibieron información sobre las leyes de inmigración y los programas de apoyo a refugiados en Estados Unidos.

"Catholic Relief Services (CRS) trabaja con nuestros hermanos y hermanas vulnerables en el mundo, en áreas de sostenibilidad y desarrollo a largo plazo por medio de proyectos agrícolas, entrenamiento vocacional, educación, ahorros y fortaleciendo a las comunidades", expresó Katie Kernich, gerente de relaciones de CRS, la agencia católica de ayuda internacional que auspicia este simulacro. Infórmese en crsespanol.org.

Reviviendo la odisea

Los intensos diez minutos del simulacro fueron impactantes para el joven salvadoreño Eugenio Rivera (17) de la parroquia San Camilo de Silver Spring, Maryland. Quedó impresionado al revivir su propia experiencia y darse cuenta de algunos peligros de los que se salvó cuando cruzó con su madre y sus cuatro hermanas la frontera en marzo del 2014.

Guiados por 'un coyote', la odisea fue de 12 días de autobús en autobús e incluyó una caminata de cinco horas en la frontera. Su objetivo era reencontrarse con su padre, a quien no veía desde hacía 12 años.

No les fue tan mal en una frontera que le arranca la vida a cientos de emigrantes cada año. Se entregaron a las autoridades, estuvieron detenidos por tres días y luego se transladaron a Maryland. Para él, la peor parte era no encontrar baño y pasar una semana sin bañarse.

"Lo vivido valió la pena porque fue hermoso reencontrarnos con mi papá. Él hace todo para que estemos felices. No tenemos papeles, pero estamos todos juntos", dijo este joven miembro del grupo juvenil parroquial Cristo Joven.

Eugenio fue uno de los 1300 jóvenes que participaron en "Cracovia en la capital" en los predios de la Universidad Católica de América. Fue una oportunidad para compartir y celebrar su fe unidos a la distancia con los miles y miles de peregrinos presentes en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Polonia.

Recibió catequesis sobre la familia y las vocaciones al sacerdocio con el obispo auxiliar de Washington, monseñor Mario Dorsonville, y el padre Mario Majano.

"Creo que los jóvenes son claves en el fortalecimiento de la Iglesia Católica, ya que son quienes van a jugar un papel de liderazgo muy pronto", afirmó luego de varias horas de actividades dinámicas, que hicieron crecer en él su fe y un profundo deseo de participar en la próxima JMJ que será en Panamá en el año 2019.

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