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Síndrome de Hikikomori: Adolescentes encerrados en sus cuartos, jugando de noche, durmiendo de día

Un joven observa la pantalla de su dispositivo electrónico encerrado en su habitación. EFE/ Miguel Gutiérrez

“Un aislamiento social severo y extremo que suele darse en adolescentes o en adultos jóvenes”. Así define el síndrome de Hikikomori la profesora del Máster en Intervención Psicológica en Niños y Adolescentes de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Miriam Rodríguez Menchón, en conversación con EFE.

¿Trastorno o malestar? El dilema no está resuelto aún, y es importante detenerse en el debate como primer paso. Recuerda la experta que el Manual Diagnóstico y Estadísticos de los Trastornos Mentales, la guía de la Asociación Americana de Psiquiatría, no lo contempla como trastorno a pesar de que varios especialistas abogan por que así sea.

Para que se entienda: “No es un trastorno depresivo o un trastorno obsesivo compulsivo”, puntualiza Rodríguez.

Sin embargo, el Manual sí lo considera “una forma de expresar malestar psicológico” caracterizado, indica la especialista, porque el adolescente o el adulto joven decide “aislarse en casa de manera totalmente voluntaria” y romper “el contacto con el mundo exterior”, abandonando incluso los estudios o dejando de ir a trabajar.

¿Y dónde comienza este trastorno o este malestar? ¿En experiencias traumáticas o en una incomodidad interior que se va agravando?

Según señala Rodríguez Menchón, hay autores que sitúan el origen en “malas experiencias” derivadas de “no haberse integrado bien en su grupo social o en su grupo de clase”, o bien de malas experiencias con “un profesor” o en el ámbito laboral.

Y también hay investigadores/as que defienden que el síndrome proviene de otro trastorno psicológico, “como puede ser una ansiedad social muy severa, por ejemplo, o una depresión”.

Ahora bien, sea lo que sea el síndrome de Hikikomori, sea cual sea su origen, la realidad, cada vez más extendida, por cierto, es que dicho síndrome cala en adolescentes y adultos jóvenes, varones en términos generales, con “ciertas vulnerabilidades personales que parecen comunes en todas las culturas”.

Son “jóvenes –recalca la profesora de la UNIR– que tienen baja tolerancia a acontecimientos estresantes, que no tienen habilidades de resolución de conflictos, con baja autoestima y con predisposición a desarrollar síntomas que en psicología llamamos internalizantes”.

Pandemia, móviles y juegos online

Según informa la UNIR, este síndrome fue acuñado en 1998 por el psiquiatra japonés Tamaki Sato en un libro titulado “Aislamiento social: una interminable adolescencia”. Se refería a jóvenes que se encerraban varias horas al día en sus cuartos.

Por entonces, los teléfonos móviles no habían instaurado su imperio. Empezaban a hacerlo, pero no lo habían instaurado.

Tal y como explica Rodríguez Menchón, dos acontecimientos han contribuido y contribuyen a que el síndrome de Hikikomori esté hoy cada vez más expandido.

Por un lado, la pandemia, ya que, de algún modo, provocó que “el confinamiento se normalizara”. Una prueba la da el número de artículos y disertaciones sobre este síndrome que se han ido publicando en Web of Science desde 2020.

“De 20-30 artículos al año, de repente estamos viendo 50, 60, 70, 80. Y además de muchos países. Empezó Japón porque de este fenómeno se empezó a hablar en Japón y luego Estados Unidos, Italia… En España hay unas 23 publicaciones”, profundiza.

Por otro lado, prosigue, las nuevas tecnologías, aunque con un matiz: el acompañamiento constante del móvil “no es la causa principal de que se dé este aislamiento, pero sí sabemos que hace que se mantenga”. Además, antes que en los móviles, la experta pone el acento en los juegos en línea.

“Parece que se suplen carencias emocionales y de vínculo con esta interacción virtual con otras personas que están jugando en línea. Digamos que se obtiene así la gratificación que otras personas obtenemos de la interacción social real”, argumenta.

Obviamente, el trabajo profesional ha de contemplar “una posible adicción a videojuegos o a tecnologías” como los móviles, sentencia.

El riesgo es notable porque el confinamiento puede durar años, en especial si son adultos. La profesional cita casos de quienes llegaron a perder oportunidades laborales.

Acción familiar contra el síndrome de Hikikomori

Cabe recordar el marco psicológico de la adolescencia. En palabras de Rodríguez Menchón, se trata de la etapa “más vulnerable de todo el ciclo vital”: los y las adolescentes, ahonda, “están desarrollando su personalidad, su identidad; el grupo de iguales toma una gran relevancia, el chico o la chica se aleja más de la familia y empiezan a influir más los intereses de los amigos”.

Pero si padres y madres empiezan a observar que su hijo o hija adolescente comienza a quedarse en su cuarto los fines de semana o a notar que hay problemas de integración en su grupo, o a comprobar que no va a clase, ojo, porque el aislamiento del síndrome de Hikikomori es “algo progresivo”, no se da de un día para otro. “Poco a poco podemos ir viendo señales”, subraya.

Uno de los patrones más significativos del síndrome de Hikikomori es la alteración de los ritmos circadianos. El adolescente “cada vez se acuesta más tarde”, es habitual que pase las noches jugando. Asimismo, por las mañanas, “no hay quien le hable porque está durmiendo y le molesta el ruido”.

Consejos de la experta a padres y madres. “Se recomienda que no sobreprotejan, es decir, que no alimenten ese aislamiento del hijo, pero tampoco presionar a que retomen su vida de la noche a la mañana: el joven se puede bloquear”.

Es así, según sus explicaciones, porque si los chicos “presentaban un déficit de habilidades sociales y una baja autoestima” y se aíslan por ello, la reanudación del contacto con el exterior les provocará inseguridad.

“De manera muy progresiva hay que ir, primero, acompañando a hacer alguna actividad, alguna tarea, y que así vayan saliendo un poco más de casa, que poco a poco vayan ganando confianza en sí mismos”, apunta. Y luego, plantear “acompañamiento de un profesional de la salud mental”.

Ante todo, procurar cortar cuanto antes el aislamiento en la habitación, dado que cuanto más prolongado sea, más complicado resultará salir de él.

Bases y objetivo de la ayuda profesional

Ni mucho menos se puede minusvalorar la asistencia profesional, por tanto. Entre los rasgos comunes de las personas con síndrome Hikikomori sobresale “una considerable disminución de la autoestima” y la incapacidad de interactuar con otros. Pueden ir brotando “problemas más graves como depresión o ansiedad social”.

El trabajo profesional, como remarca Rodríguez Menchón, se basaría en la psicoeducación a padres y madres, para evitar que “se puedan sentir culpables”, y al propio joven. El proceso consiste en “explicarles que poco a poco” irán las partes llegando a “un equilibrio entre la sobreprotección y la presión” sin dejar de respetar los ritmos del afectado.

Para ello, conviene abordar primero “un trabajo más individual con el chico” con el objetivo de “reforzar su autoestima” mediante la práctica de habilidades sociales. La participación en “talleres grupales” es aconsejable, ya que así se va a ir sintiendo “un poco más integrado”.

Después, “pactar algunas tareas y actividades que pueda ir realizando poco a poco en el mundo exterior”. Todo ello sin obviar “la higiene del sueño”, con el fin de reforzar el estado de ánimo. “Es sobre todo un trabajo de reintroducción al mundo exterior”.




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