A los más de 600 jóvenes hispanos, de 16 parroquias, reunidos para celebrar la pascua juvenil arquidiocesana, el 11 de abril, en la parroquia San Bernardo, el arzobispo de Washington, Robert McElroy, les instó a buscar la paz que el Señor ofrece, reafirmándoles que no caminan solos.
“Todos vivimos en manos de un Dios que nos ha amado desde nuestros primeros instantes y que nos amará hasta el fin de los tiempos. Por eso, la paz de Cristo debe ser algo que atesoremos, guardemos y reconozcamos. Espero y rezo para que hayan experimentado esa paz en este lugar. Llévenla con ustedes, porque es la mejor brújula que tenemos en la vida, para mantenernos en marcha y hacernos saber que nunca estamos solos, nunca abatidos porque Dios está siempre a nuestro lado”, expresó el cardenal.
En su homilía expresó lo mucho que le alegra compartir con los jóvenes y ver la fe que hay en sus corazones y almas: “Esa fe les ha traído en procesión hasta este lugar para encontrar a un Cristo verdaderamente resucitado. Cuando nos encontramos con Él, lo hacemos como individuos -en un nivel más profundo-, lo hacemos como miembros de la Iglesia y nos reunimos para experimentar un amor y una esperanza abrumadores”.
El cardenal compartió con los jóvenes una angustiante experiencia ocurrida cuando tenía 24 años al aceptar viajar a Alaska en un avión pequeño como acompañante en una clase de entrenamiento de vuelo. Todo era precioso, dijo, hasta que encararon una tormenta de nieve y la situación se volvió muy tensa. No veían nada, corrían el riesgo de chocar con las montañas y tenían poco combustible.
El responsable de la torre de control les preguntó los nombres de sus familiares más cercanos y -en ese momento-, el ambiente en la cabina se volvió muy tenso. Así que empezamos a rezar, recordó el prelado.
Lograron salir de entre las nubes y visualizaron un helicóptero de la Guardia Costera que les había estado siguiendo hasta que finalmente aterrizaron. “Sabíamos que podríamos haber muerto allí ese día, sin embargo, no sentí ansiedad ni ira. Me sentí en paz. En ese momento, supe con absoluta claridad y certeza que esa es la realidad de toda nuestra vida. En ese momento estaba en manos de un Dios que me había amado desde el primer instante en que mi madre me concibió y que me amaría hasta el fin de los tiempos. Eso me trajo paz y por eso no estaba ansioso”, dijo a los jóvenes.
La Pascua Juvenil es una celebración que tradicionalmente tiene lugar el primer sábado después de la Pascua. Representa la culminación de un proceso formativo que muchos grupos de jóvenes hispanos emprenden durante la Cuaresma. Esta celebración invita a los participantes a reflexionar sobre la pasión, muerte y resurrección de Cristo y aplicarlo a las realidades que enfrentan en su vida cotidiana.
De cara a los retos
La parroquia de San Bernardo de Claraval, de Riverdale Park, Maryland, abrió sus puertas a adolescentes y jóvenes-adultos provenientes de iglesias de Maryland (como San Camilo, San Ambrosio, San Martín, Cristo Rey, San Gabriel) y del Distrito de Columbia como Sagrado Corazón, entre otras.
“En esta Pascua, los jóvenes hemos experimentado el amor de Jesús a través de su resurrección y esperamos que la Iglesia vea que estamos presentes, que queremos llenarnos de Dios”, expresó la joven salvadoreña Judith Alvarenga, de la parroquia Santa María de Landover Hill, MD.
“En esta generación y como inmigrantes, enfrentamos muchos desafíos y esperamos mantener la fe, la esperanza y el amor, aún en medio de las dificultades. Aunque existan problemas e incertidumbre, cada vida tiene un propósito y podemos ser la luz en nuestra comunidad, mostrando fortaleza, respeto y confianza en Dios”, según Alejandra Lainez (24).
Esta inmigrante hondureña y parroquiana de San Bernardo agregó: “Los jóvenes no solo somos el futuro, somos el presente, y necesitamos que la Iglesia confíe en nosotros, nos dé la oportunidad de servir a Dios, nos guíe en el camino correcto y nos apoye”.
En la actividad arquidiocesana, denominada “Remando contra la Corriente”, los participantes proclamaron con alegría la resurrección de Cristo, reflexionando sobre el misterio pascual, ahondando en sus retos y estableciendo prioridades.
“Los jóvenes hispanos estamos pasando por momentos difíciles por los operativos de inmigración del gobierno, por retos de salud mental (estrés, ansiedad, depresión y soledad) y tratando de hallar nuestra identidad entre dos mundos”, dijo Alejandra.
Navegando en esos mundos paralelos, anglosajón e hispano, “en medio de una generación que nos presenta cosas ‘no’ tan bonitas, se hace difícil encontrar tu propósito. Pero este lema nos recuerda que los jóvenes podemos remar contra todo lo negativo que el mundo traiga, mientras estemos de la mano del Señor”.
El libro de la Pascua, escrito por los mismos jóvenes, les ayudó a vivir profundamente el tiempo pascual, a tener un encuentro profundo con Cristo y a tener una celebración alegre -dijeron.
Durante una de las charlas, una joven llamada Neyla compartió su experiencia personal ante el grupo de jóvenes adultos. “En un punto, llegué a tener lo que anhelaba, la carrera que quería y un buen salario, pero me sentía deprimida y vacía. Recibí una propuesta de matrimonio, así que en mis oraciones le pedí ayuda a Dios y Él me respondió. Empecé a sentir paz conmigo misma y supe que esa no era la persona para mí. Entonces, me acerqué más a Dios y al servicio, y ahora mi vida está mejor y me siento feliz”, confesó durante una dinámica liderada por el padre Jesús Zurita.
“Muchas veces tenemos que remar contra la corriente. No es que seamos tontos, sino que buscamos lo que nos haga más feliz”, dijo el sacerdote aconsejando a los chicos a “hacer siempre lo que diga tu corazón”.
El padre dice que en el mundo actual la juventud encuentra pornografía, consumismo, promiscuidad, tendencia a quitarse la vida. “No se dejen engañar. Los valientes somos los que seguimos a Cristo. Fórmense, porque cuando estudias descubres la verdad y será más fácil descubrir el camino al que Dios te ha llamado. No hay que cansarse nunca de estar empezando siempre”.
Los jóvenes se reunieron con el corazón lleno de alegría para reflexionar, compartir y vivir juntos su fe. Algunos con don de liderazgo fueron más activos en la organización. Algunas jóvenes madres acudieron solas o en pareja con sus bebés. Otros con talento musical, contribuyeron en la selección de temas o llevaron sus instrumentos para amenizar la procesión en las inmediaciones de la iglesia.
El obispo auxiliar de Washington, Evelio Menjívar, acompañó a los jóvenes en procesión y luego oró con ellos: “Señor vencedor de la muerte: En un mundo herido y confundido por las guerras, fortalece nuestra fe y haznos instrumentos de tu paz. Donde haya desesperanza, que llevemos luz”.
La jornada incluyó también alabanza, reflexión guiada, análisis de las Escrituras, oraciones y canciones para reforzar la perseverancia en la fe y adoración eucarística.
Esta actividad gratuita fue organizada por la Oficina de Diversidad Cultural y Enlace Comunitario de la Arquidiócesis Católica Romana de Washington. La Oficina de la Pastoral Juvenil (CYO) brindó liderazgo y apoyó a los jóvenes en la elaboración del libro de acompañamiento para la Cuaresma. El obispo Menjívar también ofreció su colaboración en la celebración pascual, caminó con los participantes brindándoles cercanía, orientación y guía en la fe.
