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Un océano de contaminantes emergentes

Peces y bolsas de plástico comparten espacio en un arrecife de coral en Egipto. EFE/Mike Nelson.

Antibióticos, residuos farmacéuticos, productos de cuidado personal o microplásticos son algunos de los contaminantes emergentes que cada día terminan en los océanos, por lo que conocer «cómo están, si están y de qué forma están» es clave tanto para los ecosistemas como para la salud humana.

En ello están las investigadoras Marinella Farré y Marta Llorca, quienes participan en el proyecto One-Blue. La iniciativa, coordinada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) reúne a más de 100 expertos de 18 instituciones europeas con una misión común: evaluar los efectos de los contaminantes emergentes en los entornos marinos.

Para ello, ya han realizado nueve campañas oceanográficas en las que se han cubierto el Mediterráneo en diferentes áreas, el Atlántico y el Ártico. El resultado: más de 10.000 muestras de antibióticos, fármacos y aditivos de plástico.

«Hay una variedad de sustancias muy amplia, pero muy muy amplia que encontramos ya no solo en concentraciones individuales, que también, sino en mezclas que son como cócteles de sustancias cuyos efectos influyen unos con otros y, por lo tanto, son dinámicas que necesitamos estudiar para poder prevenir», explica Llorca en una conversación con EFE.

Se tratan de compuestos que no están regulados actualmente, de los que se sabe de su amplia utilización y de su capacidad para persistir y afectar negativamente en el medio ambiente. Sin embargo, hay «cierto desconocimiento» sobre cómo se distribuyen en las zonas marinas y qué efectos tiene tanto en la salud del mar como en la de las personas.

«La salud marina es la salud del planeta y, por lo tanto, es nuestra salud, a través de la regulación climática, a través de la calidad del agua y a través de los alimentos que consumimos del mar», resume Farré, para quien lo más sorprendente hasta el momento ha sido detectar la presencia de algunos plastificantes en zonas bastante profundas del océano.

Nuestra salud, en juego

Saber cómo afectan estos contaminantes emergentes a la salud es uno de los objetivos de este proyecto, un ámbito que se estudia desde «diferentes perspectivas», como son el cambio climático o la cadena trófica marina.

«Hay una parte importante de los antibióticos que ahora estamos utilizando que en los siguientes años no tendrán validez para la medicina humana, porque los genes de resistencia están creciendo y, por lo tanto, dejarán de ser efectivos para su utilización en la lucha contra enfermedades», asegura Farré, que es profesora de investigación en el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC).

A ello se suma que se están emitiendo una serie de sustancias orgánicas al mar, lo que afecta a la regulación climática que realizan los microorganismos marinos. A lo que la investigadora añade un tercer efecto: «Si se muere el mar, moriremos todos. Es así».

Por ello, se centran en proporcionar métodos de medición autónomos y accesibles y bases de datos que faciliten la regulación de estas sustancias, porque antes de hacer estas normativas «hace falta saber hasta dónde están llegando estos compuestos», añade Llorca, quien también es científica del IDAEA y cocoordinadora del proyecto.

Invertir en la depuración del agua

Junto con la regulación, las investigadoras consideran necesario mejorar la depuración de aguas en origen para reducir la exposición de los océanos a estos componentes.

«Hay focos de emisión que se sabe que son un problema, por lo que se tendría que trabajar para que, en este origen, se pudiera ya frenar un poco el problema», afirma Llorca, a lo que Farré añade: «Creemos que se tiene que continuar una inversión y una investigación en esta depuración, sobre todo con nuevos métodos que sean más eficientes para este tipo de compuestos».

A ello, las investigadoras añaden la necesidad de concienciar a la población para que no se sobreutilicen determinados productos y ponen como ejemplo la industria del plástico, «un material fantástico que salva vidas todos los días», pero que solo se debería usar cuando es realmente necesario.

El papel del cambio climático

En un mundo en el que el aumento de la temperatura del mar «va a hacer que todo vaya a cambiar» y en el que los organismos «ya están afectados» por su influencia en el medio marino, el exceso de contaminantes emergentes suponen «otro impacto más».

Por ello, One-Blue evalúa cómo este cambio climático afecta a los organismos cuando hay presencia de contaminantes emergentes, en un momento en el que además, eventos extremos como las lluvias torrenciales pueden provocar vertidos masivos que superan la capacidad de las depuradoras, liberando altas concentraciones de sustancias tóxicas al mar.

En marcha hasta 2027, el proyecto espera contar con bases de datos más robustas y conocer aún mejor el océano o, lo que es lo mismo, «lo que nos mantiene vivos» y «mantiene con vida el planeta».




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