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Vida de hispanos cambió drásticamente: ‘temen estar en el momento o lugar equivocado’

(De izq. a der.) Los panelistas Paula Fitzgerald, Roxana Rueda Moreno, Christian Soenen y Rosa Reyes participan en el diálogo “Haciendo la vida insoportable: El impacto de las medidas de control migratorio en familias y comunidades” realizado en la Universidad Georgetown, el 4 de diciembre de 2025. Foto/cortesía GU

Desde que el gobierno intensificó las deportaciones masivas, el día a día cambió de un modo drástico para los hispanos y para todos, pero en especial para los indocumentados y los que tienen estatus temporal, órdenes de deportación, antecedentes penales o sus documentos de migración aún en trámite.

“Nuestras comunidades, nuestras familias, viven en un estado constante de miedo y ansiedad. Y es un miedo que te sacude, y no por ‘estar haciendo algo mal’. Es el miedo a estar en el lugar equivocado en el momento equivocado”, argumentó Roxana Rueda Moreno, líder comunitaria de la organización Iskali, en un foro organizado por la Universidad Georgetown, el 4 de diciembre de 2025.

“Vemos a padres que dudan en llevar a sus hijos al colegio, familias que deciden quedarse en casa y no ir a trabajar, actividades cotidianas que se interrumpen porque ya no son seguras. Cosas que son normales como ir al supermercado, lavar la ropa, incluso asistir a misa, simplemente la idea de estar en público, son ahora un riesgo para nuestra gente. Estamos viviendo en un entorno controlado por el miedo”, dijo la joven durante el diálogo “Haciendo la vida insoportable: El impacto de las medidas de control migratorio en familias y comunidades”.

Su organización forma a jóvenes latinos en la fe católica para que sean líderes transformadores y su comunidad en Chicago se ha visto gravemente afectada por las medidas de control de la inmigración.

En las redes sociales -dice- se ven cientos de grabaciones de los encuentros con agentes de ICE. “Hemos visto redadas con helicópteros, complejos de apartamentos registrados mientras las familias dormían y bebés atados (con esposas de plástico). Cientos de detenciones sin orden judicial”.

Contó que un día vio que su parroquia estaba rodeada por agentes federales durante la misa y que el 9 de octubre detuvieron a su tío.

Otro lugar que ha sentido el embate de las movilizaciones de ICE es la ciudad de Los Ángeles. “No ha sido solo un cambio de políticas de inmigración, sino que ha sido una violencia sistemática que ha herido a nuestra comunidad desde dentro. Cuando se altera la vida cotidiana de una familia o de una comunidad, algo se rompe. Esta administración desencadenó no solo esta violencia, sino un racismo que destruye la confianza básica que sostiene a cualquier comunidad”, dijo Yolanda Chávez, quien participó virtualmente desde Jalisco, México, después de ser deportada del sur de California.

Asegura que, en su caso, fue despojada de trabajo, de historia, de hogar, de comunidad, de pertenencia. Esta situación, dice, “obliga a replantearse en qué se basa realmente la dignidad de los seres humanos”.

La directora de “Dream Partnership” y asesora de éxito estudiantil en la Trinity Washington University, Rosa Reyes confesó que su “vida ha cambiado de muchas maneras… y todos nos hemos visto afectados”.

Asegura que no le gusta lo que está presenciando ni las conversaciones al respecto. Contó que hasta los conciertos de artistas hispanos se cancelan por redadas de ICE y para proteger a la comunidad, lo cual afecta al público en general del área metropolitana.

“Independientemente del estatus migratorio, todo el mundo se ha visto afectado de una forma u otra -incluso los ciudadanos, quienes tienen que portar el pasaporte o la copia de la partida de nacimiento”, dijo Rosa.

Líderes denuncian que muchos centros de detención de indocumentados están cerrados a defensores, abogados y trabajadores pastorales, no cuentan con servicio de agua y comida adecuado, los detenidos están hacinados y son trasladados arbitrariamente a otros centros alejados de su red de apoyo. Foto/cortesía Universidad Georgetown
Líderes denuncian que muchos centros de detención de indocumentados están cerrados a defensores, abogados y trabajadores pastorales, no cuentan con servicio de agua y comida adecuado, los detenidos están hacinados y son trasladados arbitrariamente a otros centros alejados de su red de apoyo. Foto/cortesía Universidad Georgetown

Paula Fitzgerald, directora ejecutiva de Ayuda, percibe el miedo de la gente al trasladarse a diario a sus actividades. Asegura que iglesias y escuelas del área le llaman para preguntarle: ¿qué podemos hacer para proteger nuestros espacios para que nuestra comunidad pueda seguir viniendo y estar segura?

Su organización trabaja para aumentar la disponibilidad de servicios legales, sociales y lingüísticos directos para más de 3.000 inmigrantes de bajos ingresos al año.

“La ansiedad de nuestros clientes está por las nubes y es muy difícil aconsejar a la gente”, dijo refiriéndose a las víctimas de delitos a quienes se les hace difícil tomar la decisión de hacer la denuncia con la policía porque corren riesgos. “Hemos trabajado con las fuerzas del orden durante años para crear protecciones para nuestra comunidad y estas se han desvanecido muy rápidamente”, dijo Paula.

Las detenciones del ICE en el Distrito de Columbia pasaron de 2 al mes en 2023/2024 a 459 por mes desde agosto de 2025. Entonces, la gente teme llevar a sus hijos a la escuela o buscar atención médica.

Quienes son víctimas de trata de personas o explotación laboral no lo denuncian, dijo Paula convencida de que ahora nuestra sociedad es menos segura.

Iglesia alza la voz

“Los videos sobre la fuerza y el espectáculo del terror, han provocado que muchas personas de nuestras comunidades vivan con miedo a participar en muchos aspectos esenciales de la vida y han suscitado una inusual reprimenda unánime por parte de la Iglesia católica, tanto en Estados Unidos como a nivel mundial”, dijo Kim Daniels, directora de la iniciativa.

Comentó que los obispos católicos de EEUU emitieron hace pocas semanas una declaración casi unánime en apoyo a la dignidad de las personas indocumentadas y criticando las tácticas utilizadas por la administración para hacer cumplir las leyes de inmigración. Igualmente, el papa León XIV animó a los obispos en este esfuerzo y les ofreció su apoyo en su decisión de defender a quienes son objeto de deportación.

“Los líderes laicos y otros miembros de la Iglesia de EEUU han organizado testimonios públicos, presionando para que se preste atención pastoral a los inmigrantes detenidos, y han encontrado formas innovadoras de apoyarse mutuamente en estos momentos de miedo”, dijo Daniels.

El moderador Christian Soenen, director de proyectos de la Iniciativa sobre Pensamiento Social Católico y Vida Pública -que auspició el evento-, hizo eco de las palabras del arzobispo de Washington, Robert McElroy, sobre las redadas de ICE: Están “diseñadas por el gobierno para generar miedo y terror entre millones de hombres y mujeres que, con su presencia en nuestra nación, han estado fomentando precisamente los lazos religiosos, culturales, comunitarios y familiares que están más debilitados y son más valiosos en este momento de la historia de nuestra nación”.

Repitió las palabras del cardenal McElroy emitidas en septiembre durante una misa/procesión por el día mundial del migrante y refugiado, donde calificó las tácticas del gobierno como “un ataque que busca hacer la vida insoportable a los inmigrantes indocumentados”.



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