Unos cuantos años atrás, unos seminaristas estaban compartiendo su experiencia vocacional al sacerdocio. Los recuentos fueron variados e interesantísimos. Uno de ellos, a manera muy sincera, mencionó que su papi y mami no objetaron su decisión de entrar al seminario. Lo que sí, se le quedó grabado en su corazón, fue una expresión espontánea y tierna de su mamá, que, a modo de queja, le dijo, ¿Ahhh…, y no me vas a traer nietos? Valga la candidez de la expresión, que refleja un aspecto de la cultura hispanoamericana, no siempre tomada en cuenta. Ya se ha mencionado en otra ocasión, que, en el contexto de esa cultura, la expectativa callada en el corazón de unos esposos jovencitos, es que su primer bebé sea un varoncito. Sea por las razones que sean, usualmente no se habla de esa expectativa. “Que sea lo que Dios quiera”, es la expresión más común y prudente. Se valora ‘la perpetuidad’ del apellido de la familia, que por supuesto, según la tradición, es a través del varón.
En esa cultural también, en general, el celibato, como regalo preciado del Espíritu Santo en la vocación sacerdotal, no siempre se entiende con claridad, ni se valora. En algunos casos, la gente mira al sacerdocio con cierta pena, … “¡el pobre que no tiene una mujer que lo cuide!” Ésta, entre otras varias razones, es porque las vocaciones al sacerdocio y la vida religiosa escasean tanto. Tener hijos, tener una familia propia es el ideal cultural. Es triste admitir que el pueblo, usualmente, no olvida la historia del ‘cura’ que no fue fiel a su celibato. Por eso, esa disciplina como tal, ha caído en descrédito entre los hispanos. La mentalidad común, es que un hombre (¡si de verdad es hombre!), no puede vivir sin una mujer.
Se casa una parejita, y la familia entera está a la expectativa de un embarazo. Cuando se retrasan en procrear, el ‘cuchicheo’ abunda en especulaciones. ¡Y es que así es en la cultura! Esos hijos casados, siguen siendo ‘de nosotros’, de la familia. No es raro, que la novia quede embarazada, y el hijo la lleve a vivir con él a casa de sus padres. Interesante el fenómeno de las reacciones pueblerinas. Para la familia de la niña, es una vergüenza. En contraste, para la familia del nene, existe un ‘orgullo’ callado, … (¡para eso es hombre!). Aunque pudiera darse un ‘coraje’ de parte de los papás del varón, no es algo que llegue al rechazo y abandono del ‘pobre muchacho’. Claro, existen las excepciones, cuando esos jóvenes que se ‘juntaron’, son rechazados por ambas familias y tienen que refugiarse con algún otro familiar o amistad, que los acepte. Penosa y dura esa situación, pero ocurre.
En el devenir del tiempo y una vez que nace el inicialmente rechazado bebé, se da la experiencia que los ‘contrariados abuelitos’, tranzan, se les ablanda el corazón, y aceptan con gran amor a la ‘apenada parejita’. El desafortunado bebito, se convierte entonces, en la adoración de los inicialmente recalcitrantes abuelos. ¡No, esto no es raro en la realidad de nuestro pueblo hispano! Recuérdese que culturalmente y en general, el hispano piensa con el corazón y no con el cerebro. (En una despedida entre amistades, se dice, “Te re-cor-daré”, o sea, ‘te daré a mi corazón repetidas veces).
No es raro, que una abuelita, viva con la familia. Ésta, usualmente es la más que mima y chiquea los nietos. No solo cuida de ellos, pero también, muchas veces, es la que evita que éstos sean reprendidos o castigados con severidad. Si ella es la mamá del esposo, no siempre se lleva bien con la esposa de su hijo, especialmente en situaciones cuando interfiere en su disciplina. Claro, son incidentes comunes y familiares que en general, no causan mayor problema. Por supuesto, que todo depende de cómo ha sido la relación entre la esposa y la suegra. En la familia hispana, hay de todo. Se ha dicho, “dónde come uno, comen dos y comen tres”. Y es que también es cultural, cocinar comida en abundancia, (sin un libro de recetas). ¡Se prepara comida para los que están y los que pudiesen venir!
Pero regresando al tema de los nietos, se advierte que ellos también, se aventajan de aquellos abuelitos que tienden a servir como ‘refugio y defensores’. Aquí, recuérdese que esos nietos, cuando llegan a su adolescencia, no siempre andan con la verdad. Lo que buscan es su propio interés, a como de lugar. Es por eso que la abuelita juega un papel importante en esa situación. Ella es mediadora y refugio del nieto que ha sido imprudente y ha causado la ira de su papi y mami. Los nietos son importantes en la familia, ya que constituyen la garantía de perpetuidad del apellido.
Se cuenta la historia de un incidente en New York, que unos hispanos estaban celebrando una fiesta en su apartamento, y los vecinos anglos llamaron a la policía, por el alboroto que habían formado. Llegó el oficial y preguntó, ¿Cuántos viven aquí?” Las ocho personas presentes, todas alzaron la mano. Y es que así es el hispano, hacen cupo para el nieto, el sobrino, el primo, …el que, de inmediato, necesite ayuda. En contraste, otras culturas exigen que los familiares, quienes sean, se desplacen tan pronto alcanzan su mayoría de edad. ¿Qué cuál cultura es la más apropiada? Esa es la pregunta errónea. Todas las culturas son diferentes. No existe una cultura mejor que otra.
