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Juan Diego Flórez, el tenor que conecta con todas las generaciones

El prestigioso tenor Juan Diego Flórez posa para la presentación de 'Ciclo IMPACTA', una gira en la que le acompaña el pianista italiano, Vincenzo Scalera. Fotos/Gregor Hohenberg

Hay artistas cuya carrera se mide por la extensión de su repertorio, otros por la lista de teatros en los que han cantado. En el caso de Juan Diego Flórez, la medida es otra: la fidelidad del público. Allá donde anuncia un recital, las entradas vuelan. Y ahora: Zaragoza, Madrid, Barcelona y Sevilla no han sido una excepción.

Efectivamente, el próximo 11 de marzo de 2026, el tenor peruano llegará al Auditorio Nacional madrileño dentro del Ciclo IMPACTA y lo hará con el cartel de “no hay billetes”, como también ha ocurrido en las capitales aragonesa y catalana, Zaragoza y Barcelona. Solo Sevilla conserva aún algunas localidades. Esta anécdota confirma que Flórez se ha convertido en toda una referencia del bel canto contemporáneo.

El artista estará acompañado por el pianista italiano Vincenzo Scalera, su colaborador habitual desde hace años. No se trata de un simple acompañante, sino de un músico con el que ha construido una complicidad artística que se ha escuchado en escenarios como el Carnegie Hall de Nueva York, el Teatro alla Scala de Milán o la Philharmonie de Paris. El recital promete ser, más que una sucesión de arias, un diálogo refinado entre voz y piano.

El programa resume bien el territorio en el que Flórez se mueve con naturalidad. Habrá páginas de Wolfgang Amadeus Mozart y Gioachino Rossini —dos compositores decisivos en su carrera—, junto a incursiones en Giuseppe Verdi y en el repertorio de zarzuela de Ruperto Chapí y Amadeo Vives. Esa convivencia entre la gran tradición operística italiana y el teatro lírico español no es casual. Forma parte de la evolución de un tenor que comenzó siendo un especialista en el virtuosismo rossiniano y que, con los años, ha ampliado su horizonte sin perder ligereza ni elegancia.

Juan Diego Flórez es una de las grandes voces de la lírica actual, reconocido como un artista supremo en su registro vocal gracias a su técnica impecable, expresividad y elegancia.
Juan Diego Flórez es una de las grandes voces de la lírica actual, reconocido como un artista supremo en su registro vocal gracias a su técnica impecable, expresividad y elegancia.

En el recital escucharemos piezas como “Se all’impero, ¡amici Dei!” de La clemenza di Tito o “Quell’alme pupille” de La pietra del paragone, junto a romanzas tan populares como “Por el humo se sabe dónde está el fuego” de Doña Francisquita o “Flores purísimas” de El milagro de la Virgen. No es un programa pensado para el lucimiento fácil, sino para mostrar matices: la agilidad técnica en el repertorio clásico, la línea cantabile del bel canto y el fraseo expresivo que exige la zarzuela.

La primera formación musical de Juan Diego Flórez (Lima, 1973) no estuvo ligada desde a la música clásica ni a la ópera, sino a la música popular y folclórica peruana. Esa raíz primera, agarrada a su tierra natal, explica en parte su naturalidad en escena y su facilidad -y sensibilidad- para comunicar.

A los 17 años ingresó en el Conservatorio Nacional de Música de Lima y poco después obtuvo una beca para continuar sus estudios superiores en el Curtis Institute of Music de Filadelfia, uno de los centros más exigentes de Estados Unidos.

El punto de inflexión llegó en 1996, en el Rossini Opera Festival de Pésaro. Sustituyó con apenas aviso al tenor protagonista en Matilde di Shabran y convirtió una emergencia en un acontecimiento. Aquel debut marcó el inicio de una carrera meteórica que ese mismo año lo llevó a debutar en el Teatro alla Scala bajo la dirección de Riccardo Muti. Desde entonces, su nombre quedó asociado a la recuperación y revitalización del repertorio rossiniano, con un dominio de las agilidades y de los sobreagudos que devolvió brillo a papeles que parecían reservados al pasado.

Durante años ha sido considerado el heredero natural de la gran tradición del bel canto. Sus interpretaciones en óperas de Rossini, Bellini y Donizetti consolidaron esa imagen. Sin embargo, lejos de acomodarse en un repertorio seguro, Flórez fue ampliando su campo de acción hacia la ópera romántica francesa —con títulos como Roméo et Juliette o Werther— y hacia determinados papeles de Verdi y Puccini. Un crecimiento que como el mismo artista puntualiza ha sido gradual, medido, y siempre atento a la evolución natural de la voz.

Su discografía refleja esa trayectoria diversa: grabaciones de óperas completas, recitales monográficos y proyectos audiovisuales que han recibido premios internacionales.

Hace dos años el peruano se atrevió a dar un paso más al fundar su propio sello discográfico, y lo hizo con un álbum dedicado a romanzas de zarzuela junto a la Orquesta y Coro Juvenil de Sinfonía por el Perú. No era solo un proyecto artístico, sino también una declaración de principios: reivindicar un género que forma parte del patrimonio lírico hispano y, al mismo tiempo, apoyar la formación musical en su país de origen.

En esta gira española, esa doble dimensión —internacional y cercana— vuelve a hacerse visible. Flórez no es únicamente el tenor que llena teatros en Europa y Estados Unidos; es también el músico que dialoga con el público a través de un repertorio reconocible y emocionalmente directo.

A su lado, el gran pianista italiano Vincenzo Scalera aporta la experiencia de décadas acompañando a grandes voces. Formado en la Manhattan School of Music y presente en festivales como Salzburgo, Edimburgo o Jerusalén, Scalera ha trabajado con figuras como Carlo Bergonzi, Montserrat Caballé o José Carreras.

Su papel en el recital va más allá del acompañamiento. Scalera es quien sostiene la arquitectura sonora, quien dialoga y respira con el cantante, quien matiza tempos y dinámicas para que la voz pueda desplegar toda su gama expresiva.

El Ciclo IMPACTA, que acoge este recital, completa su programación de marzo con propuestas notables: desde jóvenes talentos de la dirección y el violín hasta la Pasión según San Mateo de Bach. En ese contexto, la presencia de Flórez subraya la vocación del ciclo por combinar excelencia interpretativa y repertorios diversos.

Quizá ahí resida la clave de su magnetismo. En una época donde la espectacularidad visual a menudo domina la escena operística, Juan Diego Flórez sigue apostando por la primacía del canto. No necesita artificios: confía en la línea melódica, en la palabra bien dicha, en la respiración compartida con el auditorio. Cada recital se convierte así en un ejercicio de equilibrio entre precisión técnica y emoción contenida.

Y si algo ha demostrado Flórez a lo largo de tres décadas de carrera es que su canto no se limita a reproducir notas: construye un espacio de escucha donde tradición y presente dialogan con naturalidad.

El 11 de marzo, el Auditorio Nacional será testigo. No habrá decorados ni orquesta, solo una voz y un piano. A veces, basta con eso para recordar por qué la ópera —y la zarzuela— siguen vivas. (Amalia Glez/EFE Reportajes)



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