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Orar por la unidad de los cristianos, un vínculo que brota del corazón

El mes de enero está repleto de temas y programas que anualmente observamos aquí en Estados Unidos. Concluidas las celebraciones navideñas, cada año se nos insta a considerar y defender la sagrada dignidad propia de toda vida humana, lo mucho que el Dr. Martin Luther King Jr. hizo por la libertad y la justicia humanas, la importancia de nuestras escuelas católicas y muchas otras causas. 

Luego, concluimos este primer mes del año con un insistente llamado a la unidad de los cristianos. Los días finales de enero nos invitan a todos a rezar y trabajar por la unidad entre las iglesias cristianas, algo que Cristo mismo desea vivamente. En 1908, esta Semana de oración por la unidad de los cristianos comenzó a celebrarse anualmente, como un verdadero esfuerzo ecuménico mundial.

En el mundo tan polarizado de hoy, la búsqueda orante de la unidad de las iglesias cristianas viene a ser un esfuerzo muy bien recibido como señal de que incluso nuestras diferencias teológicas, organizativas y litúrgicas no son barreras insuperables para la conversación, el diálogo y el respeto mutuo. ¡Qué maravilloso testimonio podrían dar las iglesias cristianas del mundo si esta semana en particular sirviera de impulso para acrecentar la armonía social!

No cabe duda de que las iglesias cristianas tienen importantes diferencias doctrinales, pero también hay historias de conflicto, persecución, difamación y desprecio que entorpecen el camino de la verdadera unidad. Así pues, debemos comenzar esta semana de rodillas pidiendo al Espíritu Santo que tienda puentes sobre los abismos que nos siguen separando. Por eso, el nombre formal de esta semana es ‘Semana de oración por la unidad de los cristianos’. En realidad, esta celebración es más que una habitual semana de siete días, es una semana de octava, vale decir, ocho días que representan el anhelo de plenitud que indican las octavas. Una octava litúrgica es una representación de la perfección del tiempo.

Durante esta anual conmemoración, hay diversas ocasiones en que los responsables de las iglesias cristianas pueden celebrar encuentros con gestos y expresiones de amistad y respeto mutuo. Con este fin, dejamos de lado por el momento los asuntos aún no resueltos que separan a las iglesias y durante unos días nos concentramos en aquellas cosas que tenemos en común, especialmente nuestra dignidad humana como hijos de Dios.

¡Qué bueno sería que estos encuentros sirvieran de modelo para abordar también otras diferencias sociales, sin negar su importancia, pero dando más atención a las áreas en las que podemos resaltar nuestros valores comunes! Algunos podrían sugerir que debemos resolver todas y cada una de esas diferencias eclesiales antes de tender una mano de amistad, y hay incluso otros que ponen en tela de juicio el valor del diálogo ecuménico. Vemos actitudes de vacilación como éstas igualmente entre quienes ponen de relieve las barreras que separan las posiciones políticas, las diferencias culturales y los conflictos nacionales que permean nuestra sociedad.

Aquellos que trabajan en pro de alguna forma de reconciliación jamás podrían siquiera iniciar el proceso en tal sentido si hay corazones tan endurecidos que no pueden admitir ningún hilo común que pueda unir a las personas, a pesar de las diferencias reales que aún nos caracterizan. El tema bíblico de la Semana de oración por la unidad de los cristianos de este año es “Amarás al Señor tu Dios... y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10, 27). Este es un vínculo de sabiduría que debería conmover el corazón de todo cristiano.

 

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