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Aspira a ser un fraile del pueblo ‘con olor a oveja’

Inspirado por el papa Francisco y el padre Juan Turcios (der.), Edwin Méndez (izq.) comienza su proceso de formación para ser fraile franciscano. Foto/archivo/cortesía EM

Luego de casi dos décadas de servir en la Arquidiócesis de Washington e involucrado toda su vida en la Iglesia Católica en el servicio de voluntariado, el salvadoreño Edwin Méndez (42) ha decidido convertirse en fraile franciscano.

“Mi vida ha sido servir a la Iglesia y no encuentro otra felicidad. Absolutamente, mi vida es la Iglesia”, dijo Mendez al compartir el llamado de Dios y la ruta de formación que está empezando.

“Mi meta a largo plazo es ser un fraile del pueblo, ‘con olor a oveja’ que ayude a los necesitados y excluidos”, dijo el ex administrador del Centro Católico de Langley Park. Está convencido de que la Iglesia es una casa para todos, para sentirse en familia y para acompañar a los olvidados y marginados.

“La gente me dice que soy un fraile sin hábito, así que ahora me voy a formar para tener ese hábito franciscano”, exclamó.

El llamado

Edwin nació en un hogar profundamente católico, en el cual su mamá le llevaba a misa tres veces por semana. Recuerda que algunas veces iban a las 6 de la mañana y los domingos iban a la catedral de San Miguel. “Me gustaba la Iglesia. Mi madre me inculcó la fe y la devoción por la Virgen María en la advocación de la Reina de la Paz”, contó.

El llamado del Señor a servirle surgió hace muchos años en un encuentro personal con Dios, por medio de la renovación carismática católica en El Salvador cuando el adolescente Edwin tenía 13 años y estaba participando en un retiro de iniciación a la vida en el espíritu, guiado por los franciscanos.

“Fue una experiencia de conocer a Dios como un amigo que camina contigo, que está cercano a ti y te ayuda. Me sentí amado, que el Señor me llamaba a entregarme a Él y empecé a sentir sed de Dios, de su palabra, de servir”, dijo.

Para saciar esa sed, al llegar a Estados Unidos, con 16 años, el joven buscó un grupo del movimiento de la renovación a nivel local y empezó a trabajar como asistente administrativo en la parroquia San Miguel de Silver Spring. Trabajó por 12 años y llegó a ser gerente de la parroquia.

Luego trabajó en la oficina arquidiocesana de catequesis por cuatro años y más adelante en San Camilo por tres años.

Inicialmente, el padre Brian Jordan (entonces párroco) le ofreció un puesto como ministro juvenil y sirvió por un año. Pero, había más en los planes de Dios.

“Durante el pontificado del papa Francisco tuve una segunda conversión, al ver la realidad de la gente, la pobreza, a los excluidos, marginados, descartados, a los que nadie mira. Fue tan profundo que sentí un llamado tan grande de querer servir a los inmigrantes”, dijo Edwin, y así lo hizo.

Justamente en San Camilo, una de las prioridades es servir a los pobres y migrantes. La entrega a los necesitados, refugiados y recién llegados es palpable. Tienen una despensa de alimentos y es la única parroquia que tiene su propio centro católico de servicios sociales, que fue fundado en 1994 por el padre Brian.

Entonces, el actual párroco Jorge Hernández, le ofreció el puesto de administrador del centro católico de Langley Park, impulsando un proyecto de apoyo integral al recién llegado.

“Estas últimas experiencias me hicieron ver que este es mi camino”, confesó Edwin.

En ese contexto, Edwin participó en un retiro de discernimiento vocacional con los frailes franciscanos en Nuevo México. Igualmente, pudo compartir con el padre Juan de la Cruz Turcios (vicario parroquial) y ver cómo lleva el Evangelio a la acción.

“El ejemplo y la influencia del padre fue decisiva. Él caminó conmigo desde el principio y tuvo gran impacto en el aspecto vocacional. Es un sacerdote del pueblo, es mi inspiración, impulsó en mí el deseo de querer ser un franciscano y me transformó”, dijo el nuevo postulante franciscano.

Ruta vocacional

Edwin comienza así ocho años de formación franciscana. El 16 de agosto inició el programa de formación como postulante con los frailes franciscanos de la provincia de Nuestra Señora de Guadalupe. La casa de formación “Holy Name” está precisamente en los predios de San Camilo, en Silver Spring, Maryland. Siete personas de diferentes partes del país van a instalarse en esa residencia durante un año para conocer la vida franciscana y aprender a vivir en comunidad.

Luego se instalarán en Santa Bárbara, California, para hacer el noviciado, una etapa para reflexionar, reforzar la vocación y mantener una vida de intensa oración. En ese segundo año, Edwin recibirá el hábito franciscano y los primeros votos simples: castidad, pobreza y obediencia.

El tercer año es dedicado a servir en misión en escuelas o parroquias en Jamaica (otra sede de los frailes) o en sitios donde sirven a los más vulnerables en EEUU.

Desde el cuarto al octavo año es la formación en la escuela de teología de los Oblatos en San Antonio, Texas.

El candidato ha de decidir, en conjunto con los directores, si va a ser hermano o sacerdote y dependiendo de eso se selecciona el enfoque de la maestría.

Los frailes, hermano o sacerdote, son formados para un ministerio específico y/u ocupaciones profesionales. Si decide ser padre, recibirá el Sacramento del Orden y así estará ordenado para el sacerdocio ministerial.

Todos los frailes franciscanos son hermanos y se consideran hermanos entre sí, independientemente de si son o no ordenados para el sacerdocio. No son "ni laicos ni clérigos". Usan el mismo hábito franciscano de la penitencia, pertenecen a la vida religiosa consagrada.



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