El perdón de los pecados, la reconciliación con Dios y la oportunidad de comenzar una nueva vida, son algunas de las bendiciones que los católicos de la Arquidiócesis de Washington Marcos González y Mary Cardoza afirman haber recibido desde que se incorporaron al Camino Neocatecumenal. Aunque sus historias son diferentes, ambos coinciden en que encontraron en la Iglesia una respuesta a momentos de sufrimiento, vacío espiritual y dificultades personales que parecían no tener salida.
Para ellos, el Camino Neocatecumenal se convirtió en mucho más que un espacio de formación religiosa. A través de la vida en comunidad, el anuncio de la Palabra de Dios y la celebración de la fe, descubrieron una experiencia de encuentro con Cristo que transformó profundamente sus vidas y les permitió mirar su pasado con esperanza y gratitud.
Para Mary Cardoza, cubana e hija de un padre alcohólico, el Camino representó la posibilidad de reconstruir una relación con Dios que había quedado profundamente herida.
"Hace 28 años tuve un hijo y, cuando apenas tenía tres meses de nacido, mi esposo me abandonó. Yo ya estaba enfadada con Dios, pero aquel abandono fue lo que finalmente me hizo decepcionarme completamente de la Iglesia", recordó.
Cardoza afirma que ese resentimiento la mantuvo alejada de la fe.
"Llevaba a mi mamá a misa en la parroquia San Rafael, la dejaba allí y me iba. No quería saber nada de Dios", dijo la feligresa de Nuestra Señora de los Dolores durante el concierto de los sacerdotes de la arquidiócesis que recaudaron fondos para jóvenes peregrinos.
La historia de Cardoza cambió en 2001, cuando se reencontró con Aldo Cardoza, quien hoy es su esposo. Él trabajaba en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores y la invitó a participar en unas catequesis del Camino Neocatecumenal.
"Aldo y yo estudiamos en Blair High School y en 2001 nos volvimos a encontrar junto con otros amigos. Él me invitó a unas charlas que me ayudaron mucho a entender. Fue entonces cuando conocí el Camino Neocatecumenal. Lo demás ya es historia, a los pocos meses nos casamos y tuvimos seis hijos", contó.
Afirmó que la experiencia le ha enseñado a vivir la fe en medio de las exigencias de la vida familiar.
"En el Camino aprendemos a ser humildes, a tomar las cosas con paciencia porque con siete hijos nunca hay tiempo para relajarse. Ha sido muy linda la experiencia de estar en el Camino porque siempre que tenemos dificultades está Dios ahí para consultarlo y orientarnos".
Un nuevo comienzo
Marcos González, de 29 años, comenzó su recorrido en el Camino Neocatecumenal cuando tenía 13 años, después de que sus padres lo invitaran a participar en unas catequesis en la parroquia Santa Catalina Labouré en Wheaton.
"Logré tener una experiencia con Cristo por medio del perdón de mis pecados. Pasé por una experiencia muy dura porque no entendía cuál era el propósito de mi vida. Caí muchas veces en las tentaciones que me ofrecía el mundo y durante mis años de escuela estuve muy perdido en el alcohol y otras situaciones. Hasta que, por medio del Camino Neocatecumenal, encontré a Dios, su misericordia y el amor de Cristo, quien me amaba aun como yo era", expresó.
Hoy, Marcos participa activamente en diversas iniciativas parroquiales y afirma que su compromiso nace de la gratitud.
"La Iglesia siempre me da; nunca pierdo nada. Todo lo que hago no es por prestar un servicio, sino por gratitud y por toda la misericordia que he recibido. Es lo poco que puedo dar para darle gracias a Dios", afirmó.
A los jóvenes que enfrentan dificultades similares a las que él vivió, González les deja un mensaje de esperanza: "Hay alguien que te ama inmensamente, y ese es Cristo. No importa cuáles sean tus pecados o la gravedad de tu situación; Dios siempre quiere darte una nueva oportunidad, una nueva vida, un nuevo comienzo. Y si Dios me lo ha podido dar a mí, se lo puede dar a cualquiera".
Gratitud a la Iglesia
Ese sentimiento de agradecimiento quedó reflejado el pasado 7 de julio, cuando miembros del Camino Neocatecumenal participaron en la ordenación de los nuevos obispos auxiliares de la Arquidiócesis de Washington en el Santuario Nacional de la Basílica de la Inmaculada Concepción en DC.
"Gratitud", dijo Emanuele Contini, responsable regional del Camino Neocatecumenal, al explicar el significado de la celebración.
"Venimos cada vez que hay una instalación o una ordenación, con nuestras banderas, nuestros hijos, nuestra música y nuestros jóvenes. Muchos de estos niños nunca habrían nacido sin la Iglesia. El obispo hace presente a toda la Iglesia entre nosotros. Por eso venimos cantando y mostrando vida".
Contini recordó que el Camino llegó a Washington hace más de cuatro décadas y que de sus comunidades han surgido numerosas vocaciones sacerdotales y religiosas, incluida la creación del Seminario Misionero Redemptoris Mater, de Hyattsville.
Entre los asistentes se encontraba también Everett Jacobs, responsable de una comunidad neocatecumenal en Washington desde hace casi dos décadas.
"Somos un grupo de entre 30 y 40 hermanos que nos reunimos cada semana. Compartimos nuestras vidas, celebramos juntos la Palabra de Dios y la Eucaristía, y compartimos cómo Dios actúa en nuestras vidas", explicó.
Sobre la llegada de los nuevos obispos auxiliares, Jacobs destacó: "Estamos agradecidos porque el Señor nos da obispos para servirnos y caminar con nosotros. Lo más importante es que se trata de la Iglesia. Ellos representan a Jesucristo y a su Iglesia. Eso es lo que realmente importa".
Para Contini, la experiencia que muchos viven en el Camino puede resumirse en una sencilla convicción: "Hemos descubierto que la Iglesia es una madre. Esta madre no solamente nos ayuda a convertirnos en hijos de Dios, sino también a descubrir que Dios es nuestro Padre".
