Entre marzo y octubre de 2025, el cardenal Robert McElroy se reunió con 400 líderes laicos que habían sido designados por sus párrocos, con el fin de comprender más plenamente la realidad de la vida pastoral en nuestra Iglesia local, a través de los ojos de quienes trabajan y dirigen los ministerios y apostolados que funcionan en la parroquia. Cada encuentro contó con representantes de cinco o seis parroquias. Utilizando un método sinodal de diálogo, las reuniones comenzaron con una lectura de los Hechos de los Apóstoles, seguida de un tiempo de oración reflexiva. Luego, cada representante parroquial presentó una declaración preparada sobre lo que consideraba que el cardenal McElroy debía saber acerca de la vida parroquial y de la Arquidiócesis. Después de estas presentaciones, se realizó una discusión general sobre los puntos planteados y cuáles necesitan mayor atención.
El siguiente resumen representa los principales elementos que surgieron en estos diálogos sinodales:
1. La vida sacramental de la Iglesia
Los participantes expresaron de manera constante que la vida sacramental de la Iglesia era su principal camino de encuentro con Dios. La Eucaristía es el centro de su culto y de la vida comunitaria. La riqueza del sacramento de la Confesión también fue señalada repetidamente como un momento muy valioso de encuentro con el Señor.
Varios líderes laicos comentaron la necesidad de una mayor formación sobre la teología y el significado de la Eucaristía, así como sobre la Presencia Real. Se percibió ampliamente que el nivel de conocimiento de nuestros feligreses acerca de los sacramentos debía incrementarse. También hubo numerosos comentarios sobre el daño que la pandemia del Covid causó en la participación de los católicos en la Eucaristía, y muchos consideraron que la situación debió manejarse de manera diferente en la Iglesia.
Algunos líderes católicos se sintieron afectados por la limitación de la Misa Preconciliar dentro de la Arquidiócesis y buscan su restauración en sus parroquias. Otros opinaron que algunos sacerdotes habían llegado a sus parroquias intentando retroceder en las liturgias de una manera que la comunidad no deseaba.
La Adoración al Santísimo Sacramento fue señalada ampliamente como un gran recurso espiritual para el pueblo de la Arquidiócesis. También se valoraron las procesiones y expresiones de piedad popular, especialmente dentro de las comunidades culturales de nuestra Arquidiócesis.
2. La avalancha de jóvenes que abandonan la Iglesia
La creciente secularización de nuestra sociedad ha influido para que un número abrumador de jóvenes adultos católicos se alejen de la Iglesia. Esto resulta desgarrador para padres y abuelos, y es fuente de angustia para todos los que miran hacia el futuro de la Iglesia en nuestra Arquidiócesis y en el país. El distanciamiento de tantos jóvenes católicos de su fe no se percibe como una ruptura dramática motivada por el enojo, sino más bien como un alejamiento gradual de la participación en la vida de la Iglesia. A esto se suma la realidad de que los momentos históricos de reingreso a la Iglesia —el matrimonio católico y el bautismo de los hijos— también se han desplomado. No hubo ningún tema en los diálogos que generara más comentarios y tristeza que este, ni otro que transmitiera un mayor sentido de urgencia.
Se expresó el deseo de nuevas formas de evangelización para volver a involucrar a los jóvenes. Se mencionaron cuestiones de sexualidad como fuente de alejamiento de la Iglesia. En las zonas rurales, los líderes parroquiales hablaron sobre la fuerte atracción que ejercen las megas iglesias. Muchos pidieron el desarrollo de líderes jóvenes dentro de la vida parroquial. También se recomendaron oportunidades de participación como Teología en la Mesa y los acercamientos culturales hacia los adultos jóvenes. Algunos señalaron el éxito de nuestros campamentos de verano para jóvenes como un punto de conexión con adolescentes y adultos jóvenes. Muchos instaron a encontrar nuevos caminos espirituales que vinculen a nuestros jóvenes con la presencia de Dios en sus vidas y con el amor inmenso de Jesucristo. Se mencionaron proyectos de servicio a los necesitados como ejemplos de estos nuevos caminos que podrían llevar gradualmente a los católicos alejados de regreso a la Iglesia.
3. Se expresó un gran amor por el servicio de los sacerdotes
Este amor no fue simplemente un respeto abstracto por el sacerdocio, sino una expresión cálida y concreta de gratitud hacia los sacerdotes de las parroquias que trabajan con tanto empeño, a menudo en circunstancias difíciles. Los participantes manifestaron su convicción de que el ministerio sacerdotal es intrínsecamente relacional y que cada sacerdote aporta diferentes dimensiones de santidad y servicio.
Esta misma conexión fue la fuente de preguntas sobre la asignación de sacerdotes. Varias parroquias señalaron una alta rotación de párrocos, con efectos perjudiciales. Otros cuestionaron los criterios para distribuir sacerdotes dentro de la Arquidiócesis. Algunos consideraron que las parroquias más grandes tienen proporcionalmente menos sacerdotes, lo que obliga a estos a trabajar más. En muchas parroquias pequeñas existía el temor de que pudieran cerrarse por falta de curas. El cardenal McElroy afirmó en muchas sesiones que no cerrará iglesias ni parroquias, pero que no todas las parroquias e iglesias tendrán garantizado su propio sacerdote en los próximos años. Algunos participantes sugirieron que los diáconos podrían aliviar esta escasez en ciertos casos.
4. Cuestiones multiculturales en la vida parroquial
Existe una inmensa diversidad cultural, racial y étnica dentro de la Arquidiócesis Católica Romana de Washington; esto aporta una gran riqueza a nuestra Iglesia local. Pero también plantea el desafío de que diferentes comunidades culturales convivan y celebren dentro de la misma comunidad. Los participantes creen que se ha avanzado mucho en este tema, pero que queda mucho por hacer. Las diferencias lingüísticas agravan estos retos, especialmente cuando se busca un sentido de unidad en la parroquia y el desarrollo de estructuras integrales de liderazgo parroquial y comunidades. Muchos líderes en nuestras parroquias afroamericanas expresaron sentir que estaban siendo desplazados, a pesar del servicio heroico de varios sacerdotes dedicados y líderes comunitarios de edad avanzada. Muchos participantes en el diálogo manifestaron la esperanza de que la Arquidiócesis pudiera fomentar un mayor sentido de inclusión en las comunidades multiculturales y proveer recursos para aportar enfoques creativos a estos temas. En todas estas conversaciones, se percibió claramente que las comunidades comprenden que es como hijos del único Dios que encontramos nuestra identidad más verdadera en esta tierra.
5. Cómo enfocar la enseñanza y práctica de la Iglesia en este momento
Muchos participantes consideraron que el imperativo principal para la Iglesia en este momento es enseñar la fe con claridad doctrinal. Otros opinaron que el punto de partida para la enseñanza y la acción debe ser enfatizar el amor pastoral de Jesucristo al acercarse a todos. Esta división es profunda y se siente intensamente en toda la Arquidiócesis. Representa un desafío importante para la acción pastoral tanto a nivel parroquial como arquidiocesano en nuestra Iglesia local. Al mismo tiempo, las sesiones de diálogo dejaron claro que hombres y mujeres están dispuestos y son capaces de trabajar a través de esta división para fortalecer la vida de sus comunidades parroquiales. Un gran número de participantes dejó claro que no ven estas cuestiones como alternativas excluyentes, sino como elementos complementarios para predicar y vivir el Evangelio.
6. Matrimonio y vida familiar
Numerosos asistentes hablaron sobre las tensiones en el matrimonio y la vida familiar hoy en día. La sociedad parece ofrecer poco apoyo. Hombres y mujeres eligen cada vez menos el matrimonio, a pesar de la enseñanza moral católica y de la abrumadora evidencia empírica que muestra que los niños criados con su familia inmediata tienen muchas más posibilidades de encontrar plenitud en la vida. Las múltiples maneras en que nuestras parroquias y la Arquidiócesis celebran y apoyan el matrimonio y la vida familiar son verdaderamente esenciales. Sin embargo, estas deben reforzarse con mejores formas de preparación matrimonial y apoyo a la crianza, especialmente para aquellas familias bajo estrés. Muchos participantes consideraron que debería haber un mayor énfasis en la verdad de la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad como fundamento para la vida matrimonial y la educación de los hijos. También se subrayó la necesidad de sanación dentro de las familias y de atender las heridas que las desgarran. Un tema común fue el papel de los padres en la educación en la fe de sus hijos y las diferentes capacidades que tienen hoy las parejas para asumir ese rol. Los programas parroquiales de educación religiosa ayudan a responder a esta necesidad, pero el alcance y el apoyo de la Iglesia deben ir más allá. Muchos también hablaron sobre la necesidad de acompañar espiritualmente a los católicos separados y divorciados.
7. Comunicar la fe
Los participantes en el diálogo expresaron con gran firmeza que la formación en la fe debe estar presente en todas las etapas de la vida del discípulo. Hubo un gran reconocimiento por los sacrificios heroicos que hacen los catequistas en nuestros programas de formación religiosa dentro de la vida parroquial. También se reconocieron claramente las limitaciones que enfrentan estos programas en cuanto a tiempo y recursos.
Se percibió ampliamente la creencia de que los programas de formación religiosa están siendo llamados a asumir cargas adicionales debido a que muchos padres no se sienten capaces ni cómodos formando a sus hijos en la fe católica, y esto debe afrontarse.
Muchos participantes señalaron la necesidad de una mayor labor de comunicación por parte de la Arquidiócesis, especialmente a través de las redes sociales. A medida que el mundo digital consume cada vez más el tiempo y la atención de las personas, especialmente de los jóvenes y adultos jóvenes, se propuso que la Iglesia necesita una presencia más amplia en ese ámbito digital.
8. La gracia y los desafíos de las escuelas católicas
Decenas de participantes en los diálogos destacaron el poder de las escuelas católicas para promover la fe, formar discípulos y construir comunidad. Existe un inmenso respeto por los maestros y el personal que trabajan en nuestras escuelas, así como por los sacrificios que hacen los padres al enviar a sus hijos a nuestras escuelas parroquiales. Muchos señalaron la importancia de mantener la vigilancia para asegurar que la educación en nuestras escuelas esté verdaderamente centrada en el Evangelio de Jesucristo y en las enseñanzas de la Iglesia. Varios líderes hablaron de la dificultad para encontrar nuevos maestros con una fe sólida. Pero fue en el área financiera donde los participantes identificaron el mayor desafío para la salud y supervivencia de nuestras escuelas. En el fondo, este desafío radica en la capacidad de atraer suficientes estudiantes para que nuestras escuelas sean financieramente viables. Este reto se caracterizó de manera diferente según el tipo de escuela en la Arquidiócesis. En nuestras escuelas del centro urbano que forman parte del Consorcio Católico, existe una presión constante para retener suficientes estudiantes y así reunir la combinación de matrícula, ingresos gubernamentales y filantrópicos necesarios para sostener esas instituciones en un entorno competitivo. En las escuelas de zonas de clase media, el desafío es encontrar padres que deseen una educación católica para sus hijos, pero que consideran el costo intimidante. Y en zonas de mayores recursos, los participantes hablaron de las presiones provenientes de escuelas no católicas de alto nivel que ofrecen programas costosos y compiten con las escuelas parroquiales. En todos los sectores de la Arquidiócesis, padres y líderes parroquiales hablaron de esta constante presión financiera que no muestra señales de terminar.
9. La renovación de la vida organizativa en las parroquias
Los participantes coincidieron en que la pandemia de Covid fue un golpe profundo para las organizaciones y movimientos que nutren la vida parroquial de manera esencial. Caballeros de Colón, Damas de la Caridad, Sociedades de San Vicente de Paúl; grupos pequeños de estudio bíblico y de compartir la fe, Cursillos, Movimiento Familiar Cristiano, Caballeros y Damas de San Pedro Claver, Renovación Carismática: todas estas fuentes de fortaleza en la vida de nuestras parroquias se debilitaron durante el trauma del Covid y su impacto en la vida de la Iglesia. Los participantes creen que es necesario un proceso sólido de revitalización de estas y otras organizaciones y movimientos dentro de nuestras parroquias, y que debe emprenderse de manera integral.
10. Cuidado y defensa de los vulnerables
Los participantes hablaron con fuerza sobre los programas de alcance para los pobres y marginados, los no nacidos, quienes sufren adicciones y quienes carecen de techo. Existía un sentimiento generalizado de que la Iglesia realiza una labor heroica en estas áreas, pero es necesario enfatizar mucho más la responsabilidad de todos los feligreses en cuanto a la compasión y la solidaridad con los vulnerables.
Los asistentes subrayaron que los esfuerzos para transmitir y promover la doctrina social de la Iglesia deben enfocarse más en las parroquias si se quiere lograr éxito en la Arquidiócesis. Algunos cuestionaron por qué se descontinuaron los antiguos eventos arquidiocesanos orientados a los jóvenes para la Marcha por la Vida. Otros consideraron que debería haber una mayor concentración en la defensa de los pobres dentro de nuestras parroquias.
Quienes intervinieron en el diálogo mostraron una profunda compasión por los hombres, mujeres, niños y familias indocumentadas que están sufriendo en este momento. Tanto en las parroquias con grandes poblaciones de inmigrantes como aquellas con pocos inmigrantes, los participantes hablaron de la comunión en Cristo que compartimos con nuestros hermanos y hermanas indocumentados, y de nuestra obligación de estar visiblemente junto a ellos en este momento. Hubo gran preocupación porque muchos católicos en la Arquidiócesis sienten miedo de asistir a Misa, y se señaló que la acción pastoral debe asumir nuevas formas en estos días.
11. Infraestructura y costos de mantenimiento diferido en las parroquias
Muchos de los participantes en los diálogos forman parte de los consejos financieros parroquiales y fueron particularmente enfáticos al señalar los desafíos financieros que enfrentan las parroquias para mantener sus instalaciones y sistemas operativos. Estas presiones son especialmente agudas en parroquias que originalmente fueron construidas para congregaciones más grandes que ya no existen. También se mencionaron necesidades en parroquias de toda la Arquidiócesis, como techos nuevos, sistemas HVAC y reparaciones o renovaciones estructurales. A menudo es difícil abordar estos costos de manera coherente y a largo plazo, por lo que el liderazgo parroquial debe enfrentarlos conforme surgen, generalmente mediante campañas específicas a corto plazo.
12. La relación de las parroquias con la Arquidiócesis
Muchos participantes elogiaron oficinas específicas dentro de la Arquidiócesis por su servicio atento, competente y solidario a las parroquias cuando surgen problemas. Pero también se identificaron tensiones entre la Arquidiócesis y las parroquias. Una de ellas se refiere a los temas financieros arquidiocesanos y al recálculo del proceso de evaluación parroquial que tuvo lugar el año pasado. Otra tensión surgió por la percepción en muchas parroquias del sur de Maryland de que reciben menos atención en general por parte de todos los sectores de la Administración Pastoral Central. Los participantes plantearon preguntas sobre el nivel de supervisión en las iniciativas financieras parroquiales, que a menudo se percibe como restrictivo. Finalmente, varios participantes hablaron del proceso muy doloroso de cierre de escuelas y consideraron que el apoyo arquidiocesano debería haber sido más eficaz.
13. La seguridad de los jóvenes y el tema del abuso sexual
Existe una ira generalizada hacia los obispos por no haber protegido a los jóvenes del abuso sexual en el siglo pasado. El ex cardenal McCarrick se erige como símbolo y fuente de esa ira y decepción. Aquellos que asistieron a los diálogos expresaron su entendimiento de que en los últimos 20 años se han producido cambios significativos que han mejorado de manera notable la protección de niños y adolescentes, y apoyan estos esfuerzos. Muchos participantes hablaron sobre el desafío que representan para la Arquidiócesis las demandas por abusos sexuales ocurridos en el pasado y quisieron saber cómo se afrontarán económicamente en los próximos años. Hubo una gran muestra de solidaridad hacia todas las personas que han sido víctimas de abuso por parte de clérigos y laicos dentro de la Iglesia, así como hacia las heridas que cargan.
14. Una cultura de vocaciones
Numerosos participantes manifestaron su deseo de apoyar las vocaciones al sacerdocio, al diaconado y a la vida religiosa. Aprecian los esfuerzos por hacer que los seminaristas estén presentes en sus parroquias y por mostrar a los jóvenes la belleza y la fuerza del llamado de Dios a una vida de servicio en la Iglesia. Reconocen que, en la misma sed que tienen de contar con más sacerdotes que sirvan en nuestras parroquias, existe la obligación de respaldar el desarrollo vocacional de manera más profunda.
15. Cooperación entre parroquias
Debido a que estos diálogos reunieron a líderes parroquiales por regiones, la conversación llevó a los participantes a percibir que la colaboración entre sus parroquias podría generar grandes frutos para la misión de la Iglesia. Muchos participantes, en sus presentaciones iniciales, hablaron de programas particularmente sólidos en sus parroquias. En la fase de discusión general, señalaron que los programas destacados en cada parroquia podrían beneficiar mucho más allá de su propio ámbito, por lo que debería promoverse una forma de cooperación entre parroquias. Inicialmente, esto podría consistir simplemente en dar a conocer a otras parroquias los programas más fuertes. Pero, en mayor profundidad, podría conducir a un nivel más amplio de colaboración que beneficiaría a todas las parroquias de la región. Varios participantes también sugirieron reexaminar la capacidad de las estructuras de decanato para fomentar esta cooperación.
Conclusión:
Las voces del liderazgo laical que participó en los diálogos sinodales transmitieron la realidad de más de 130 comunidades parroquiales dentro de nuestra Arquidiócesis, cada una con historias, logros, gracias y desafíos propios. No se puede enfatizar lo suficiente cuánto hablaron los diálogos sobre la individualidad de cada comunidad parroquial y su peregrinación de fe. Al hacerlo, los diálogos también señalaron temas y necesidades comunes que se extienden por toda la Arquidiócesis al mirar hacia las necesidades pastorales de los próximos cinco años. Su eminencia expresó un profundo agradecimiento a todos los que participaron en estas reuniones y al Espíritu Santo por guiarnos a lo largo de ellas.
