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De Filipinas a Washington: Una fe transmitida de generación en generación

En foto de archivo se aprecia a miembros de la Comunidad Católica Filipina de DC llevan en procesión la imagen de San Pedro Calungsod celebrada en la parroquia St. Miguel Arcángel de Silver Spring (Maryland) en el 2025. Foto/Mihoko Owada

Durante generaciones, los católicos filipinos han llevado su fe consigo dondequiera que la vida los ha llevado. En octubre, la región de Washington celebrará esta herencia viva con un encuentro especial en honor a la Santísima Virgen María y a dos queridos santos filipinos: San Lorenzo Ruiz y San Pedro Calungsod.

El próximo 17 de octubre, los católicos filipinos de la Arquidiócesis de Washington se reunirán en la parroquia St. Mary’s de Rockville para una celebración especial que incluirá una procesión, el rezo del rosario, la misa y un momento de convivencia fraterna. Esta celebración une dos tradiciones profundamente arraigadas en la vida católica filipina: la devoción a María y la veneración por el valiente testimonio de nuestros santos.

La devoción mariana ha ocupado siempre un lugar especial en la vida de los católicos filipinos. Desde el rezo del Rosario en familia hasta celebraciones como el Flores de Mayo y el Simbang Gabi, así como las queridas devociones a María bajo diversos títulos, generaciones de filipinos han acudido a la Santísima Virgen en momentos de alegría, incertidumbre, gratitud y necesidad. Estas tradiciones hacen mucho más que preservar los recuerdos del hogar; son transmitidas de padres y abuelos a hijos y nietos, ayudando a mantener viva la fe a través de las generaciones.

Esta rica herencia también se refleja en las vidas de San Lorenzo Ruiz y San Pedro Calungsod. Lorenzo, esposo, padre de familia y laico originario de Manila, entregó su vida por Cristo en el Japón del siglo XVII. Obligado a abandonar Filipinas, llegó a Japón durante un período de intensa persecución contra los cristianos. Frente a la tortura y la muerte, se negó a renunciar a su fe católica. Fue martirizado y posteriormente canonizado, convirtiéndose en el primer santo filipino.

San Pedro Calungsod fue un joven catequista laico que sirvió en una misión del siglo XVII en Guam. Ayudó a enseñar la fe y a apoyar la labor misionera entre las comunidades locales. Fue martirizado a una edad temprana y más tarde canonizado. Su testimonio sigue siendo especialmente significativo para los jóvenes católicos, pues demuestra que una vida de servicio, valentía y santidad no está limitada por la edad.

Para los católicos filipinos de la Arquidiócesis de Washington, la celebración en Rockville representa una oportunidad para honrar tanto la fe como la herencia cultural. Reconoce los sacrificios realizados por los inmigrantes que construyeron una nueva vida en Estados Unidos mientras conservaban las oraciones y tradiciones que los sostuvieron. Asimismo, anima a las nuevas generaciones a abrazar estas tradiciones no simplemente como costumbres del pasado, sino como una fe viva capaz de guiarlas en el presente.

La procesión, el rosario, la misa y la convivencia darán un testimonio visible de la diversidad y vitalidad de la Iglesia local. También reafirmarán una verdad fundamental compartida por los católicos de todas las culturas: la Iglesia se fortalece cuando las comunidades aportan sus dones, historias y expresiones de fe a la vida parroquial.

De Filipinas a Washington, aunque el entorno haya cambiado, la fe permanece. Arraigada en el amor a Cristo, alimentada por la devoción a su Santísima Madre y fortalecida por el testimonio de los santos filipinos, esta fe continúa siendo transmitida con esperanza a las futuras generaciones.

* Rosemarie A. Ong es la gerente de Recursos Humanos de Catholic Charities de la Arquidiócesis de Washington



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