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¡Demasiado calor para ignorarlo!

Los registros de altas temperaturas no se ignorar. Foto/EFE/archivo

Podría ser el título de una novela de verano o de un anuncio de aires acondicionados, pero Demasiado calor para ignorarlo: Calor extremo en las cadenas de suministro de prendas es el título de un estudio que recientemente ha publicado el Centro Stern para los Negocios y los Derechos Humanos de la Universidad de Nueva York y que pone cifras a una realidad que muchas empresas de moda llevan años experimentando: las altas temperaturas y la humedad ya están comprometiendo la productividad, la calidad de las prendas y los plazos de entrega en las principales regiones manufactureras de Asia y el Sudeste Asiático.

Y es que, en realidad, ese es el verdadero sentido de la sostenibilidad, y las empresas que sigan mirando hacia otro lado verán deteriorarse su capacidad para producir, abastecerse y responder a un mercado cada vez más exigente.

En el negocio de la moda, de hecho, las empresas líderes hace tiempo que entendieron esta realidad. Lo vemos en iniciativas como el Regenerative Fund for Nature, impulsado por Kering junto a Conservation International y al que posteriormente se sumó Inditex y Bestseller para acelerar la transición hacia una agricultura regenerativa en las materias primas estratégicas para el sector o en la alianza Future Supplier Initiative, promovida por The Fashion Pact y el Apparel Impact Institute, en la que compañías como H&M Group, Mango, Bestseller y Gap han decidido compartir la financiación necesaria para ayudar a sus proveedores a descarbonizar sus fábricas.

Que empresas competidoras colaboren para regenerar los ecosistemas de los que dependen sus materias primas o financiar la descarbonización de su cadena de suministro demuestra hasta qué punto la sostenibilidad ha dejado de ser una cuestión reputacional para convertirse en un reto compartido de competitividad y resiliencia.

No se trata únicamente de reducir emisiones o proteger la naturaleza, se trata de garantizar el acceso futuro a materias primas, fortalecer las cadenas de suministro, reducir la exposición a riesgos climáticos y regulatorios y asegurar la capacidad de seguir creando valor en un entorno cada vez más incierto.

Sostenibilidad, variable estratégica del negocio

Lo mismo ocurre con los inversores, que hoy más que nunca quieren entender cómo una empresa está gestionando los riesgos que determinarán su capacidad para seguir generando valor dentro de diez o quince años. ¿Cómo afectará el estrés hídrico a su producción? ¿Cómo responderá a una regulación más exigente? ¿Cómo garantizará el suministro de materias primas? ¿Será capaz de atraer y retener el talento que necesita?

La sostenibilidad ya no es un apartado del informe anual. Es una variable estratégica del negocio. De hecho, otro estudio reciente, en este caso elaborado por la agencia Revolt, concluye que las empresas con un desempeño ambiental superior a la media registran un crecimiento del Ebitda un 6% mayor que el de sus competidores. No porque la sostenibilidad, por sí sola, aumente los beneficios, sino porque las organizaciones que mejor gestionan sus impactos suelen ser también las que mejor gestionan sus riesgos, innovan con mayor rapidez y construyen modelos de negocio más resilientes.

Quizá por eso ha llegado el momento de dejar de analizar a las empresas de moda en dos únicos bandos: las sostenibles y las que no lo son. Cuando el cambio climático compromete la productividad de las fábricas, la degradación de los ecosistemas pone en riesgo el acceso a materias primas, la regulación redefine las reglas del mercado y los inversores evalúan la capacidad de una empresa para generar valor dentro de diez o quince años, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión de valores, posicionamiento o imagen para convertirse, sobre todo, en una cuestión de estrategia.

Eso no significa que se deba dejar de exigir más a las empresas, ni de cuestionar sus decisiones o denunciar las incoherencias cuando existan. Tampoco significa que todas actúen con la misma ambición o que todas lo estén haciendo bien.

Significa, simplemente, que por primera vez los incentivos económicos empiezan a alinearse con muchos de los objetivos ambientales y sociales que la sostenibilidad lleva décadas defendiendo, y que las empresas que no sean capaces de integrar esa realidad en su estrategia difícilmente podrán seguir siendo competitivas.

Las grandes transformaciones rara vez ocurren sólo por convicción, sino cuando hacer las cosas de otra manera es la decisión más sensata. Y claramente, hace demasiado calor para ignorarlo.

*Sònia Flotats, directora de Move! Moda en Movimiento, escribió este artículo para EFE



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